Nada ser¨¢ igual
La cultura del espect¨¢culo necesita a Donald Trump en plena forma

Como casi todo est¨¢ dicho sobre Donald Trump y los documentales de televisi¨®n nos han servido en bandeja su retrechera catadura, s¨®lo nos queda desear que no se venga abajo si pierde las elecciones del martes porque la cultura del espect¨¢culo lo necesita en plena forma. Su tir¨®n seguir¨¢ inc¨®lume el d¨ªa despu¨¦s, pero ya nada ser¨¢ igual si no alcanza la Casa Blanca: no es lo mismo pasmar con disparates sobre los concursos de belleza y la fiebre del s¨¢bado noche en Manhattan que reventar los ¨ªndices de audiencias soltando barbaridades sobre M¨¦xico y la guerra en Siria.
Su eventual derrota y bajonazo en la intensidad de sus peroratas, pueden causar en el circo medi¨¢tico un rev¨¦s parecido al que sufrir¨ªa Telecinco si pierde a Bel¨¦n Esteban, capaz de retroalimentarse ad infinitum con sus desdichas. Salvando lo salvable, su capacidad de fascinar entre el personal refractario a G¨®ngora y Joyce empareja a los dos personajes con una de las reflexiones de Benjam¨ªn Franklin: ¡°la admiraci¨®n es hija de la ignorancia¡±.
Al igual que cientos de miles de espa?oles necesitan de los gritos y alcahueter¨ªas de la ¡®princesa del pueblo¡¯ para sobrellevar el ricino existencial, millones de estadounidenses aguardan con palomitas y coca colas la aparici¨®n del desvergonzado embobando al bobo. Consumen cinco horas al d¨ªa de televisi¨®n y solo algunos canales minoritarios, como la cadena p¨²blica PBS, emiten programas culturales, documentales y espacios sobre la naturaleza.
Pero el p¨²blico de esas selectivas pantallas tambi¨¦n echar¨¢ de menos al intruso que se entrometi¨® en sus vidas depredando, por elevaci¨®n, como el tiro curvo de un mortero: Si de fauna se trata, abord¨® a las mujeres con la delicadeza del cocodrilo devorando ?us en el r¨ªo Mara, y si queremos cultura, la sirvi¨® a la contra derrochando banalidad y codicia. Nadie como ¨¦l alimenta las calderas del show. Nos lo merecemos por nuestro irrestricto alistamiento en la idiotizada civilizaci¨®n del entretenimiento.
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