Siempre quedar¨¢ 'T¨®mbola'
Dolors P¨¦rez ha denunciado las maniobras del PP respecto a la RTVV: no se trata de descuartizar el ente, m¨¢s o menos p¨²blico, y venderlo a piezas: unos kilos de franjas horarias a este menda amigo de tal o unos chuletones de informativos a aquel otro, sino de subastarlo o de adjudicarlo en canal, a quien m¨¢s pasta suelte, y dejar los despojos a los trabajadores, que est¨¢n en trance de expediente de regulacion, ni¨¦guelo Villaescusa o sus porqueros, y a los ciudadanos que han apoquinado de su n¨®mina el monumento al bodrio. Para los del PP, privatizar es beneficiarse y beneficiar a los queridos compa?eros de pupitre. La diputada de EU ha recordado tambi¨¦n c¨®mo RTVV se cre¨®, y as¨ª se recoge en la correspondiente ley, de 4 de julio de 1984, para potenciar nuestra lengua y cultura, adem¨¢s de otras cosas, pero no como objeto de chalaneo, y aun menos para vilipendiar el pluralismo pol¨ªtico y cantarle ma?anitas y loores al muy ubicuo Eduardo Zaplana.
Una vez m¨¢s, la mayor¨ªa absoluta se chotea de las minor¨ªas, y se pasa por los forros los m¨¢s elementales principios democr¨¢ticos. Dolors L¨®pez denuncia el atropello que significa ignorar a quienes han sido elegidos miembros del Consejo de Administraci¨®n de RTVV, por las propias Cortes: salvo los que est¨¢n en el ajo del negocio, los otros, es decir, los de la oposici¨®n, apenas se enteran de c¨®mo anda el proceso de privatizaci¨®n, y que los zurzan. Parece que la mayor¨ªa absoluta, en la medida que se va poniendo de los nervios, recupera la memoria; y con la memoria, su origen; y con su origen, su m¨¢s que aireado desprecio al mandato constitucional y a los comportamientos democr¨¢ticos. No es ¨¦ste -ni lo ha sido ninguno- tiempo de andarse con filigranas ni con eufemismos parlamentarios. Joaquin Puig lo ha dicho meridianamente: 'Que un gobierno sea leg¨ªtimo no significa que todas sus decisiones sean leg¨ªtimas', y basta con una mirada a la historia. Adem¨¢s, el portavoz socialista en las Cortes asegur¨® que no iban a aceptar tr¨¢galas, y agreg¨®, en unas calenturas de optimismo, que cuando su partido gobernara, no respetar¨ªa las chapuzas privatizadoras del PP, que se encuentra situado al final de su ciclo pol¨ªtico. As¨ª es que EU y el PSPV no transigen con un comercio denigrante y que afecta al conjunto de la sociedad valenciana. Ni tampoco el Bloc que se ha puesto muy cr¨ªtico y en su lugar. Y no s¨®lo las fuerzas pol¨ªticas, sean de mayor o menor calado, sino la Uni¨® de Periodistes y Acci¨® Cultural del Pa¨ªs Valenci¨¤, que rechazan con toda contundencia tan vidriosa privatizaci¨®n.
El descr¨¦dito del PP crece. Y, por si fuera poco, se embarca en una peripecia desafortunada, como si pretendiera acelerar su desastre. Los presagios para la vieja derecha no son nada alentadores: pulverizada la mano de barniz, se ha revelado en todo su oscuro pasado. Zaplana, naturalmente, ha descartado la posibilidad de perder la mayor¨ªa absoluta, en las pr¨®ximas elecciones auton¨®micas y municipales. Pero el desconcierto y la duda, no pueden disimularse. Y hasta resulta sintom¨¢tico que Zaplana se re¨²na con su comit¨¦ electoral regional, el d¨ªa de difuntos. Tal vez, Zaplana, en alg¨²n instante de nostalgia, le d¨¦ unas palmaditas a Francisco Camps, y le susurre: Siempre nos quedar¨¢ T¨®mbola.
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