Eduardo Zaplana, vuelo sin motor
Dijo Lucky Luciano que en cualquier negocio lo m¨¢s importante es no ser el muerto. Eduardo Zaplana ha seguido este consejo con suma aplicaci¨®n. Hay que ser muy escurridizo para salir ileso, sin un solo rasgu?o judicial, de doce querellas, que fueron todas archivadas. Un d¨ªa su voz qued¨® grabada mientras urd¨ªa con el concejal de Valencia, el popular Palop, una presunta extorsi¨®n econ¨®mica a un constructor de Cullera. Tramaban cambiar los votos de una recalificaci¨®n urban¨ªstica por un dinero crudo bajo mano, con el que nuestro h¨¦roe so?aba comprarse un coche Vectra de 16 v¨¢lvulas, seg¨²n consta en el sumario del caso Naseiro, proceso que fue anulado por el Tribunal Supremo s¨®lo por quebrantamiento de forma y no por la sustancia que conten¨ªa el caldo de aquel cocido. Todos los pol¨ªticos del Partido Popular metidos en aquel negocio, Palop, Sanchiz, el propio Naseiro y alguno m¨¢s, han desaparecido del mapa; s¨®lo Zaplana logr¨® escabullirse de ese fregado, y lo hizo con tal maestr¨ªa que ni siquiera tuvo que sacudirse el polvo de los mocasines.
Su ideolog¨ªa qued¨® fijada con los pies en el suelo al casarse con la hija de un importante hotelero y constructor de Benidorm, un pez gordo que corta su propio bacalao
Lo ver¨¢s a menudo frotarse las manos. Ese gesto aflora del inconsciente una doble intenci¨®n: o bien se las est¨¢ lavando para no dejar huella o tiene a la vista un negocio o un acuerdo pol¨ªtico
Todos los pol¨ªticos del PP metidos en aquel negocio, Palop, Sanchiz, el propio Naseiro y alguno m¨¢s, han desaparecido del mapa; s¨®lo Zaplana logr¨® escabullirse de ese fregado
Su acento cartagenero volvi¨® a aparecer en otra grabada en la que, departiendo con el presidente del PP en Valencia, Vicente Sanz, ¨¦ste le confesaba que estaba en la pol¨ªtica s¨®lo para forrarse. La direcci¨®n del partido oblig¨® a este goloso a presentar la dimisi¨®n, pero Zaplana sigui¨® escalando puestos en su carrera pol¨ªtica, como si cada esc¨¢ndalo le transmitiera una mayor velocidad, al tiempo que lubrificaba su piel para hacerla m¨¢s escurridiza. Eso significa que no estamos ante un tipo corriente, sino frente a un ser que ganar¨ªa con mucha facilidad varias medallas de oro en una olimpiada de anguilas.
Maniqu¨ª
Eduardo Zaplana viste siempre muy planchado y da la sensaci¨®n de que asoma la cabeza por el cuello alto y acartonado de la camisa como si la hubiera puesto sobre una de esas figuras de los barracones de feria donde te sacan un retrato con tu rostro y el cuerpo de un torero, de un vaquero o de un caballista, s¨®lo que en este caso el cuerpo pertenece al propio Zaplana, que tiene algo de maniqu¨ª recortado por la l¨ªnea de puntos, luciendo cerillera alta sobre el bolsillo de la chaqueta entallada, donde uno puede meter los dedos ¨ªndice y pulgar formando pinza. Su sastre Antonio Puebla tiene expuestas en su establecimiento de Valencia dos fotograf¨ªas de Zaplana, que son un antes y un despu¨¦s. Antes, cuando era todav¨ªa un aspirante, nuestro h¨¦roe aparece vestido de pr¨ºt-¨¤-porter, aunque ya apuntaba maneras; despu¨¦s, alcanzada la cumbre de la Generalitat, se le ve ya acicalado con un terno exclusivo de alta sastrer¨ªa.
Hay que imaginarse cu¨¢l ser¨ªa el papel de Zaplana en el reparto de una pel¨ªcula. Tal vez estar¨ªa muy bien como intendente de Edward G. Robinson en una serie negra, o de actor secundario al que finalmente Richard Gere le levanta la novia. Tambi¨¦n har¨ªa una buena interpretaci¨®n como relaciones p¨²blicas de un gran hotel, de una multinacional o de un crucero tur¨ªstico, ya que en ese trabajo hay que dar siempre la raz¨®n a todo el mundo sin ruborizarse, y eso Zaplana lo ha elevado a la categor¨ªa de arte; pero yo le veo sublime en el papel de ma?tre de un restaurante de cinco tenedores que explica a la mesa con todo detalle los ingredientes de un plato muy elaborado para excitar los jugos g¨¢stricos de los comensales. Realmente es lo que Zaplana ha hecho hasta ahora en pol¨ªtica: despertar el sano apetito de los empresarios, inversionistas y otros tiburones.
Probablemente Eduardo Zaplana no cree que exista un problema en este mundo que no pueda arreglarse con dinero. Tiene un instinto b¨¢sico para detectar ese bot¨®n que cada persona esconde en un lugar secreto del cuerpo y que, si lo aprietas bien, se le colocan en la frente parejos los tres limones, como en una m¨¢quina tragaperras, y te suelta por la bragueta todas las monedas que lleva en la barriga. Lo ver¨¢s a menudo frotarse las manos. Ese gesto aflora del inconsciente una doble intenci¨®n: o bien se las est¨¢ lavando para no dejar ninguna huella o bien tiene a la vista un negocio o un acuerdo pol¨ªtico y se dispone a atacarlo con el mismo optimismo con que uno se come una breva. Zaplana es un pol¨ªtico audaz, especializado en inflar globos, alguno de ellos muy m¨ªtico, con una espl¨¦ndida labia sin fronteras, que ser¨ªa impagable en boca de un telepredicador del profundo sur norteamericano. ?Todo se arregla con dinero? Sin ir m¨¢s lejos, el envenenado problema de la lengua valenciana lo ha solucionando Zaplana repartiendo dinero a mansalva entre enemigos irreconciliables hasta lograr que lleguen a un pacto y se abracen con los bolsillos llenos. Lo mismo ha intentado hacer con los sindicatos.
Naci¨® en Cartagena, en 1956, v¨¢stago de un oficial o pr¨¢ctico del puerto, y de joven quiso ser piloto de aviaci¨®n, un sue?o de altos vuelos que se vio frustrado al no conseguir el ingreso en la academia de San Javier, en Alcantarilla, de modo que qued¨® en tierra y se hizo abogado para volar con otro tipo de aparato. Su ideolog¨ªa de juventud basculaba entonces entre el Partido Comunista y la UCD, pero ¨¦sta qued¨® fijada con los pies en el suelo al casarse con Rosa Barcel¨®, hija de un importante hotelero y constructor de Benidorm, uno de esos peces gordos que corta su propio bacalao, de estirpe falangista, reciclado luego en Alianza Popular, quien fue el primero en darse cuenta de lo superdotado que estaba su yerno para la pol¨ªtica. De hecho, no desmay¨® hasta conseguir colocarlo de presidente del PP de Alicante, donde Zaplana comenz¨® a desarrollar su genio, que consiste en atar y desatar nudos; en crear, concitar, neutralizar intereses contrarios, de forma que se conviertan en un solo caudal muy f¨¢cil de desarrollar con su mediaci¨®n, una actividad econ¨®mica que es la esencia misma de su pol¨ªtica. Fracasaron sus sue?os de piloto de aviaci¨®n, pero qued¨® intacta su habilidad para aprovechar las corrientes t¨¦rmicas y ganar altura en su vuelo sin motor, al mismo tiempo que en su tierra iba construyendo el aparato del partido sobre el eje de este idealismo.
Buen olfato
Con todo esto, el primer gran bocado de cemento estaba a su alcance. En 1991, Eduardo Zaplana consigui¨® la alcald¨ªa de Benidorm, mediante la tr¨¢nsfuga socialista Maruja S¨¢nchez, que le dio su voto decisivo. El cantante Julio Iglesias lanz¨® un d¨ªa su veredicto: "Eduardo Zaplana corre muy r¨¢pido y es un campe¨®n". Desde entonces este pol¨ªtico no ha dejado de volar alegremente con un talento que usa a medias para enamorar y escabullirse, para creer en todo y en nada, para dar cualquier salto en el vac¨ªo con una osad¨ªa compulsiva y contagiosa, considerando que al final siempre habr¨¢ un apa?o, porque lo que no pueda arreglar el presupuesto, lo solucionar¨¢ la saliva. Zaplana tiene un olfato desarrollado para detectar d¨®nde est¨¢ el centro del poder y qu¨¦ persona realmente lo detenta; la atracci¨®n que experimenta hacia ese punto magn¨¦tico deja en nada a la ley de la gravedad.
Ning¨²n pol¨ªtico de la derecha abraza con la gracia con que lo hace Zaplana. ?A qui¨¦n habr¨¢ dejado sin saludar, sea amigo o enemigo? ?Hay alguien que presida con aire m¨¢s gallardo una procesi¨®n c¨ªvica o religiosa con vara de mando entre clavarios, mirando de reojo los balcones? Lleg¨® desde Benidorm a la Generalitat exactamente con tres saltos de p¨¦rtiga. Comp¨¢ralo con Rita Barber¨¢. Esta alcaldesa ser¨¢ imbatible mientras lleve el bolso con ese aire de ir a comprar verduras al mercado central. Sabe muy bien que Valencia s¨®lo se posee si primero se ha ganado el alma de los tenderos. En cambio, Zaplana se mueve mejor en los vest¨ªbulos de los grandes hoteles entre las encorbatadas fuerzas econ¨®micas y en las repantigadas sobremesas donde los grandes milagros se producen a partir del tercer licor de pera.
Un d¨ªa iba Eduardo Zaplana hacia el aeropuerto de Manises para tomar el avi¨®n a Bruselas. En el trayecto son¨® el m¨®vil y la voz de Aznar le dijo que lo acababa de nombrar ministro de Trabajo. El President de la Generalitat Valenciana mand¨® al mec¨¢nico que diera media vuelta. Ni siquiera se molest¨® en firmar los papeles que ten¨ªa pendientes sobre la mesa del despacho. Nuestro h¨¦roe cogi¨® de nuevo la p¨¦rtiga y, apoy¨¢ndola a la altura de Motilla del Palancar, de un solo tranco dej¨® que Valencia pasara por debajo de sus huevos de oro, elaborados al estilo Benidorm, y vol¨® hacia Madrid para darle a la caza alcance. Pocos pol¨ªticos son m¨¢s simp¨¢ticos y embaucadores. Por supuesto, ninguno de su partido transmite con m¨¢s naturalidad la idea de que cualquier problema tiene soluci¨®n, bien con un poco de arrojo, bien ech¨¢ndole mucha cara.
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