"El pasado es lo ¨²nico que tienes"
Francisco Gonz¨¢lez Ledesma (Barcelona, 1927) tiene una larga experiencia como novelista represaliado por el franquismo (a los 21 a?os gan¨® con Sombras viejas el Premio Internacional de Novela instituido por el editor Josep Jan¨¦s, pero no pudo ver publicados sus libros hasta 1977). Tambi¨¦n tiene una sobrevida como Silver Kane, seud¨®nimo que utiliz¨® para escribir 400 novelas de quiosco, casi todas del Oeste. Abogado desenga?ado y periodista vocacional (sobrino y padre de periodistas), se consagr¨® con el Premio Planeta en 1984 por Cr¨®nica sentimental en rojo. Desde entonces publica con regularidad novelas de un realismo entre policiaco y social, traducidas a varios idiomas. La ¨²ltima, Tiempo de venganza (Planeta), narra los planes de venganza de dos viejos amigos con ideales parecidos a los de su autor, hijo del republicanismo m¨¢s pobre, en una Barcelona que Gonz¨¢lez Ledesma ha convertido en referencia constante de su obra.
"Como abogado, me toc¨® defender a gente que no merec¨ªa estar fuera de la c¨¢rcel. El escritor, en cambio, puede aplicar un tipo de justicia m¨¢s perfecta"
PREGUNTA. ?Tiempo de venganza tiene m¨¢s de novela moral que de argumento policiaco?
RESPUESTA. En lugar de ce?irme a una trama policial, como otras veces, los personajes descubren que nada de lo que parec¨ªa ser cierto es verdad. Nuestra vida es un poco as¨ª: acabamos creyendo que hemos hecho algo y puede que no sea as¨ª. Al final somos un poco m¨¢s sabios pero ya es demasiado tarde para interpretar lo que no supimos ver.
P. ?Por qu¨¦ ha elegido dos idealistas viejos como protagonistas?
R. Est¨¢n inspirados en mi vida de juventud, cuando los estudiantes pobres todav¨ªa cre¨ªamos en la posibilidad de que existiera un pa¨ªs mejor. Los ideales eran nuestro ¨²nico capital. De alg¨²n modo, eso nos ha justificado ante nosotros mismos. En el caso de los dos protagonistas, descubren que se han preocupado de ser unos abogados respetados y de alcanzar una buena posici¨®n. Pero tambi¨¦n que lo que de verdad deber¨ªan haber hecho es aquello que traman. Al intentar llevar a cabo su plan de ajuste de cuentas, comprueban que sus certezas eran mentira, pura ceniza.
P. ?El idealismo tambi¨¦n es una forma de mentira?
R. Siempre pensamos que aquello en lo que creemos es bueno y que no hay enga?o en lo que defendemos. Luego comprobamos que las ideas quiz¨¢ no se aplicaron como es debido, o que se corrompieron los que dec¨ªan defenderlas, o que la gente no estaba dispuesta a hacer un sacrificio para conseguir llevarlas a cabo. Por eso me considero un idealista cargado de dudas.
P. ?Dudas fundadas en la decepci¨®n?
R. No te voy a negar que los casos de corrupci¨®n de la era socialista supusieron una enorme decepci¨®n. La transici¨®n la acab¨¦ considerando un mal menor pero result¨® doloroso constatar que la izquierda, que tanto hab¨ªamos anhelado, pod¨ªa corromperse. Aunque no renunci¨¦ a mis ideales. Pero es cierto que los ideales no suelen resistir el contacto con la realidad. Si no existieran, sin embargo, la realidad ser¨ªa absolutamente asquerosa. As¨ª que, por lo menos, hay que intentar dulcificarla un poco con el idealismo. Y luego, como le ocurre a los personajes de la novela, que intentan reparar una injusticia, tenemos que justificarnos a nosotros mismos y pensar que somos capaces de algo mejor.
P. Sus protagonistas urden un plan de venganza. Usted ha sido abogado y conoce los l¨ªmites de la ley. ?La literatura permite otro tipo de justicia?
R. Como abogado he comprobado los fallos del c¨®digo penal; me toc¨® defender a gente que no merec¨ªa estar fuera de la c¨¢rcel. El escritor, en cambio, como int¨¦rprete de la vida, puede aplicar un tipo de justicia digamos que m¨¢s perfecta. Quiz¨¢ sea una cosa m¨ªa pero existen determinados delitos que no perdonar¨ªa nunca. La violaci¨®n, o peor a¨²n: la violaci¨®n seguida de asesinato. En casos as¨ª la justicia deber¨ªa ser m¨¢s severa de lo que es. De eso trata la novela: de c¨®mo admitir algo tan terrible. Me pongo en la piel de mis personajes y pienso que, en su lugar, probablemente habr¨ªa actuado igual que ellos.
P. Hay un contraste muy original entre el idealismo justiciero de los personajes m¨¢s viejos y el materialismo implacable del personaje m¨¢s joven. Habitualmente, se suele plantear la oposici¨®n entre conservadurismo en la vejez y transgresi¨®n revolucionaria en la juventud. Usted invierte los t¨¦rminos.
R. Creo que los j¨®venes de hoy son mejores que los de mi ¨¦poca. Tienen menos doble fondo, son m¨¢s espont¨¢neos, han tenido una vida m¨¢s limpia. Nosotros s¨®lo vimos muerte y sufrimiento. Ahora bien, al estar m¨¢s acostumbrados a sufrir, hemos dado m¨¢s importancia a esas ideas a las que no hemos renunciado. A eso hay que sumarle el hedonismo de la sociedad actual, que contribuye a que el personaje joven de la novela sea un desenga?ado, c¨ªnico, atado al mundo de las falsedades y trampas, en el que todo, incluso el afecto, se compra y se vende.
P. La novela transmite cierta nostalgia por tiempos que fueron terribles. ?Es posible sentir nostalgia de algo as¨ª?
R. Soy un nost¨¢lgico. Para m¨ª, el pasado tiene mucha importancia porque lo he vivido, mientras que el presente es huidizo y el futuro una inc¨®gnita. O sea que el pasado es lo ¨²nico que tienes. En mi caso, es una nostalgia del Poble Sec y del Paralelo, los barrios de mi infancia, con gente muy humilde pero idealista. Comprendo que el ideal de vivir mejor no sea gran cosa pero aquella gente estaba dispuesta a hacer sacrificios para lograrlo. Y no se iban a cortar una carretera sino que si ten¨ªan que hacer una barricada, la hac¨ªan. Entonces el boxeador ten¨ªa la cara marcada de verdad, el t¨ªo que cargaba cajas en el mercado cargaba treinta cajas de golpe, era una vida tan dura como aut¨¦ntica.
P. ?Siente nostalgia de la Barcelona franquista?
R. Era una Barcelona muy sufrida y, en consecuencia, muy literaria. Era una ciudad amargada, en la que hab¨ªa personas que sufrieron mucho por defender sus ideas. Ahora ya no existe, quiz¨¢ porque ya no so?amos o porque no somos tan valientes o tenemos m¨¢s que perder, pero todo aquel mundo se merece un respeto.
P. En esa ciudad donde escribi¨® una primera novela, con tan s¨®lo 21 a?os, y no pudo publicarla.
R. Era l¨®gico. En aquel libro se notaba que yo proven¨ªa de un barrio pobre y de una cultura republicana. La censura me tach¨® de "rojo indeseable". Y a?adieron que era un porn¨®grafo porque el protagonista le tocaba el muslo a una chica. Para simplificar, dir¨ªa que mi libro era como Los cipreses creen en Dios pero dos a?os antes y en lugar de ofrecer el punto de vista de la derecha, planteaba el punto de vista de la izquierda. Total: la m¨ªa la prohibieron y la de Gironella no.
P. Debi¨® resultar muy frustrante para un escritor tan joven y premiado no poder ver publicados sus libros.
R. Imag¨ªnate. Que te premien, que te inviten a cenar con Somerset Maugham, que te digan que tienes un brillante porvenir y, al mismo tiempo, ver que no puedes publicar porque est¨¢s en la lista negra y que el ¨²nico trabajo que te ofrecen consiste en escribir novelas del Oeste. Pero, analizado con la perspectiva del tiempo, pienso que todo lo malo tiene su lado bueno. Si entonces hubiera publicado y triunfado, quiz¨¢ me habr¨ªa vuelto un engre¨ªdo.
P. ?Qu¨¦ tal la cena con Somerset Maugham?
R. Recuerdo que com¨ªa como un animal y que estaba ausente de todo. Me dijo que le gustaba mucho mi novela y que hab¨ªa captado muy bien el ambiente de la ciudad. Pero aunque no me hubiera dicho nada, cenar con Maugham ya era definitivo. Luego vino la tremenda decepci¨®n de ver que no pod¨ªa publicar y que no podr¨ªa hacerlo hasta que Franco muriera, como as¨ª fue.
P. Hemos padecido la memoria de los vencedores. Luego, durante la transici¨®n, se repar¨® parte de la falsedad pero parece que hemos entrado en una nueva fase que mezcla la amnesia de los vencedores con la amnesia de los vencidos.
R. Es posible, aunque no puedo dec¨ªrtelo de un modo categ¨®rico. Tengo la ventaja de haber vivido la ¨¦poca y tener un criterio propio sobre el que poco pueden influir los dem¨¢s. Ahora bien: hay cosas evidentes. La serie Cu¨¦ntame c¨®mo pas¨®, por ejemplo, est¨¢ pasada por agua y le han a?adido az¨²car. Los que crean que Espa?a fue la que muestra la serie est¨¢n apa?ados. Lo mismo ocurre con novelas y pel¨ªculas que no tienen en cuenta elementos importantes de la ¨¦poca. En la medida de mis posibilidades, intento ser fiel a lo que viv¨ª. Si el d¨ªa que los fascistas entraron en Barcelona yo estaba con mi madre en el paseo de Col¨®n y pasamos entre los caballos de la Guardia Mora, yo puedo revivir c¨®mo los caballos saltaban para no atropellarnos (siento simpat¨ªa por los caballos s¨®lo por eso).
P. ?Cree que el esfuerzo por imponer la amnesia ha triunfado?
R. Est¨¢ triunfando. Se est¨¢ construyendo, tanto en televisi¨®n, cine, como en literatura, una Espa?a de conveniencia, una historia de....
P. ?Consenso?
R. Exacto. Quiz¨¢ por eso mi novela trata de la venganza. Recordemos que aqu¨ª no hubo ley de punto final. Dentro de sus posibilidades, los personajes de Tiempo de venganza intentan hacer lo que la justicia no hizo.
P. ?C¨®mo lleg¨® al periodismo?
R. Mi t¨ªo me llevaba a ver las rotativas de La Vanguardia y ¨¦se es mi primer recuerdo de mi pasi¨®n por el periodismo. Yo trabajaba por la ma?ana como abogado, aunque lo fui dejando porque lo que en realidad quer¨ªa era ser periodista. Me resultaba cada vez m¨¢s dif¨ªcil tener que mentir para ganarme la vida.
P. ?Y la literatura no es una forma de mentira?
R. No, la novela me permite ser yo mismo, y eso no ocurr¨ªa con la abogac¨ªa. Pero no quise ejercer hasta la Ley Fraga porque antes te obligaban a jurar los principios del Movimiento y me negu¨¦. Con la Ley Fraga, me encontr¨¦ con que muchos periodistas eran de los llamados rojos. Fundamos el Grupo Democr¨¢tico de Periodistas, una agrupaci¨®n clandestina. Por la ma?ana todav¨ªa hac¨ªa alguna cosa como abogado, por la tarde iba al peri¨®dico y cuando regresaba a casa me pon¨ªa a escribir novelas del Oeste o proyectos m¨¢s literarios.
P. O sea que dorm¨ªa poco.
R. Muy poco. Pero me gustaba mi trabajo y tuve la suerte de tener directores como Andreu Rossell¨® o Horacio S¨¢enz Guerrero, que me permiti¨® escribir sobre casi todo. Yo le dije que no me ve¨ªa capaz de escribir un editorial sobre la visita de Franco porque eso iba contra mis principios y ¨¦l lo permiti¨®.
P. ?Podr¨ªa poner una condici¨®n as¨ª en un peri¨®dico de hoy?
R. Sospecho que no. Aunque si trabajara en seg¨²n qu¨¦ peri¨®dicos, tambi¨¦n tendr¨ªa problemas de conciencia. Probablemente no lo podr¨ªa hacer porque ahora hay menos trabajo y no creo que tuviera los directores que tuve entonces. Yo fui un privilegiado: hab¨ªa sido el primero de mi promoci¨®n y tuve ciertas ventajas.
P. ?Qu¨¦ le ha dado el periodismo?
R. El periodismo me ha dado vida y, en consecuencia, experiencia y material para mis novelas. El periodista tiene la ventaja de vivir dos veces: vives tu vida de trabajador y, adem¨¢s, vives la vida de las personas interesant¨ªsimas que conoces gracias a tu trabajo. La sociedad entra en tu casa y ¨¦se es un privilegio que te permite acceder a un material valios¨ªsimo para las novelas. En cuanto a la t¨¦cnica, s¨®lo me ha dado la exigencia de ser claro y recordar que lo que no se entiende a la primera est¨¢ mal escrito.
P. ?Ha cambiado mucho el periodismo desde sus tiempos?
R. Entonces los periodistas ten¨ªamos la idea de que hab¨ªa que hacer algo y que romp¨ªamos un largo silencio. Ese idealismo de los que tienen un camino por delante cre¨® una escuela. Todo eso ha cambiado. Si bien han desaparecido las presiones pol¨ªticas, han crecido las empresariales. Y a veces las presiones de empresa son a¨²n m¨¢s crueles que las pol¨ªticas. Y los periodistas actuales no tienen la suerte de poder descubrir un pa¨ªs porque ya est¨¢ m¨¢s que descubierto. Y el miedo a perder el trabajo es una amenaza m¨¢s potente que entonces. Si entonces perd¨ªas el trabajo, pod¨ªa ser porque el gobernador civil de turno hab¨ªa pedido tu cabeza y eso, por extra?o que pueda parecer, te dignificaba.
P. En todos sus libros est¨¢ presente el tema de la dignidad. ?Es el nexo com¨²n de sus obras?
R. Me parece que s¨ª. Cuando analizo lo que ha sido mi vida, me doy cuenta de que la gente que me ha gustado conocer ten¨ªa un sentido de la dignidad, que puede dar sentido a una vida. Luego me habr¨¦ equivocado muchas veces y no habr¨¦ sido lo bastante digno. Pero eso me ha hecho creer en la importancia de la idea de la dignidad y que perder ese objetivo resultar¨ªa fatal. Algo parecido le ocurre a mis personajes, como el polic¨ªa M¨¦ndez, que es la suma de cuatro polic¨ªas reales que conoc¨ª. La vida te obliga constantemente a ser indigno y de lo que se trata es de intentar ser lo menos indigno posible. Adem¨¢s: durante muchos a?os lo ¨²nico que tuvimos los estudiantes pobres fue la dignidad.

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