La joya
Empez¨® la competici¨®n de tenis de mesa, pero suena m¨¢s simp¨¢tico ping-pong, el nombre comercial patentado desde 1901. Ojal¨¢ todos los deportes utilizaran una denominaci¨®n onomatop¨¦yica para bautizarse. La nataci¨®n podr¨ªa llamarse chof-chof; la h¨ªpica, potoclop?potoclop, y la halterofilia, ayayay. La m¨¢xima esperanza de la delegaci¨®n espa?ola de tenis de mesa era He Zhiwen, un chino residente en Granada, lo cual confirma que lo importante en unos Juegos no es ser extraordinariamente patriota, sino competente en tu trabajo. Por la misma regla de tres, no descarten que, si en alguna ocasi¨®n se organiza un campeonato mundial de fandangos, el representante chino sea oriundo de Jerez de la Frontera. Pero a lo que ¨ªbamos: el ping?pong.
En la ceremonia de inauguraci¨®n, aplaudida como una manifestaci¨®n de buen gusto con un sabor local y, al mismo tiempo, universal, ech¨¦ de menos a Moustaki. Sus barbas y camisas blancas habr¨ªan quedado perfectas bajo el pac¨ªfico olivo que cobij¨® a los autocomplacientes discursos oficiales. Nacido en Alejandria, pero hijo de griego, el cantante representa el vivo ejemplo de buscavidas errante que, a trav¨¦s de la m¨²sica y de la labia, consigue convertirse en algo tan intangible como embajador sin credenciales del Mediterr¨¢neo.
Pero es que, adem¨¢s, Moustaki es un excelente jugador de ping-pong. Lo cuenta el novelista Jerome Charyn en su fant¨¢stico ensayo sobre este deporte. Cuando no canta, Moustaki se pega unas partidas sensacionales con unos amigos en Par¨ªs. Charyn habla de los tiempos en los que jugaban en el US Metro de la rue Pascal, con un grupo de exiliados, y c¨®mo luego se iban a comer a un restaurante chipiotra, Les Delices de Afrodita, esa diosa capaz de representar, con salero, condiciones tan aparentemente incompatibles como la belleza, el amor y el matrimonio. En esas memorables partidas y sus posteriores comidas, Charyn descubri¨® que otro gran jugador de ping-pong hab¨ªa sido el novelista Henry Miller, que hab¨ªa mantenido disputados peloteos con Ana?s Nin, Lawrence Durrell, Brassa? o Man Ray. La imagen de uno de esos mitos con una raqueta de ping-pong en la mano me resulta mucho m¨¢s simp¨¢tica que algunas de las obras por las que han pasado a la historia.
M¨¢s cosas sobre el ping-pong. Los japoneses, los chinos y los coreanos suelen usar una sola cara de la raqueta para jugar, aunque no consta qu¨¦ ocurre en caso de que el chino sea, adem¨¢s de chino, espa?ol. Y una ¨²ltima historia, que tambi¨¦n cuenta Charyn. Alex Ehrich era un judio polaco campe¨®n de ping-pong. Fue detenido por los nazis y llevado a Auschwitz. All¨ª, un oficial le reconoci¨® y, aunque le hicieron toda clase de perrer¨ªas, le perdon¨® la c¨¢mara de gas. O sea: le salv¨® el ping-pong, uno de los deportes m¨¢s pac¨ªficos.
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