Lo peor que se puede hacer con 120 minutos
Hay partidos que obligan a revisar las creencias m¨¢s firmes. Un servidor estaba seguro, segur¨ªsimo, de que en su vida volver¨ªa a ver un partido tan gris y embarullado como un Espanyol-Castell¨®n cometido hace ya casi 40 a?os. Despu¨¦s del Juventus-Real Madrid, o al menos despu¨¦s de la primera parte, uno est¨¢ menos convencido. Se podr¨ªa argumentar que lo de ayer en Tur¨ªn fue una gran eliminatoria europea, que decenas de miles de personas ten¨ªan un nudo en la garganta y que hab¨ªa una millonada en juego. Vale. Pero ese argumento valdr¨ªa lo mismo si el pase a cuartos se lo hubieran jugado Ronaldo y Emerson al billar. La emoci¨®n habr¨ªa sido la misma y el espect¨¢culo, sin ninguna duda, bastante mejor. El Real Madrid hizo lo peor que pod¨ªa hacer con los 120 minutos de partido y pr¨®rroga.
Un colega italiano, con el paladar acostumbrado a los condumios ins¨ªpidos y correosos que el calcio ofrece con frecuencia, comentaba en el descanso que todo era cuesti¨®n de "tempismo". Qu¨¦ palabra m¨¢s bonita. Los italianos son capaces de sacar poes¨ªa de cualquier parte. A un pase, por ejemplo, lo llaman "sugerencia". Al referirse al tempismo, el colega indicaba que Fabio Capello (con la complicidad culpable de Wanderley Luxemburgo) se hab¨ªa propuesto suprimir toda la primera parte. "El Juventus no quer¨ªa sorpresas, y para no tenerlas lo mejor es organizar las cosas de tal forma que no ocurra nada", dijo el sabio. "Luego, en la segunda parte, pasar¨¢ lo que tenga que pasar".
No s¨¦ si eso es f¨²tbol cient¨ªfico. Muy de Capello, en cualquier caso. El t¨¦cnico juventino, maestro de las artes menos vistosas del f¨²tbol, hab¨ªa prometido aburrimiento, pesadez y c¨¢lculo infinitesimal para llevar la eliminatoria hacia donde a ¨¦l le interesaba: a la pr¨®rroga, a los penaltis, a la moneda o a donde hiciera falta para lograr que el Real Madrid hirviera poco a poco en su propia tensi¨®n nerviosa y se dejara clavar la estocada. Lo curioso del caso es que Luxemburgo y el Madrid le siguieron la corriente. Si hubo una sorpresa, algo que comentar (antes del piadoso olvido) sobre el encuentro de anoche, fue precisamente ¨¦sa. Que Luxemburgo y los suyos se apuntaran tambi¨¦n al tempismo, que no les favorec¨ªa nada.
Luxemburgo no tiene nada de turin¨¦s, pero su planteamiento era muy capellista (primero que no pase nada, y luego ya veremos) y recordaba al de un turin¨¦s ilustre, el rey Vittorio Emanuele II de Saboya, cuando declar¨® la guerra a Austria en (si no recuerdo mal) 1866. Vittorio Emanuele quiso atar el resultado y dej¨® que fuera primero la potente Prusia la que atacara a los austriacos. Cuesti¨®n de prudencia y de evitar sorpresas. Tras matar el primer tiempo del conflicto, cuando Austria desplazaba sus tropas en Italia hacia el centro de Europa, declar¨® la guerra y orden¨® un avance cauteloso, sin plan de campa?a ni nada. Desde su punto de vista, le val¨ªa con aguantar un poco para obtener una victoria moral en un enfrentamiento que de todas formas Austria ten¨ªa perdido. Se esforz¨® tanto en preparar el d¨ªa despu¨¦s de la victoria que colaps¨® el servicio telegr¨¢fico con felicitaciones, promesas de condecoraci¨®n y arengas gloriosas. Nadie pudo avisar a los generales italianos, dada la saturaci¨®n de las comunicaciones, de que ten¨ªan justo delante lo poco que quedaba de la fuerza imperial. La tropa de Vittorio Emanuele top¨® con el enemigo, se llev¨® la sorpresa que quer¨ªa evitar, perdi¨® la batalla y la guerra en una ma?ana y orden¨® retirada. Fue una derrota pat¨¦tica, hecha de c¨¢lculo, pasividad, incapacidad para el combate y tempismo.
Como lo de anoche. A Vittorio Emanuele se le debi¨® quedar la cara de Luxemburgo. Pero ¨¦l era rey. Luxemburgo, no.
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