Triste bosque de Arden
Uno. Como gust¨¦is (As You Like It) es la comedia m¨¢s feliz y desconcertante de toda la obra de Shakespeare. Su motivo central es alegremente inveros¨ªmil (Rosalina se disfraza de muchacho y ni su amado ni su mism¨ªsimo padre la reconocen), y a los diez minutos nos olvidamos de la amenaza de muerte que pesa sobre ella, expulsada de la Corte por el duque usurpador. En compa?¨ªa de Celia, su mejor amiga, y del ¨¢cido buf¨®n Piedradetoque, parte al bosque de Arden, presuntamente en busca de su pap¨¢, el duque despose¨ªdo, aunque su motivo fundamental sea el de casi todas las mujeres shakespeareanas "de comedia": jugar e inventar juegos, como una forma de sondear y educar a Orlando, el amante que ha elegido. Rosalina es una dama libre, decidida y l¨²cida: corteja sin dejar que la hojarasca del amor rom¨¢ntico, que aqueja a su hombre hasta extremos idiotizantes, emborrone una justa apreciaci¨®n de sus virtudes y defectos. En el bosque de Arden, como en el de El sue?o, Shakespeare tambi¨¦n va a jugar a mostrarnos unas cuantas variantes posibles del amor. El pastor Silvio ama obsesivamente a Febe, que le rechaza y pierde el seso por Ganimedes, quien no es otro que Rosalina travestida. No tardar¨¢n en sumarse a la danza Celia y Piedradetoque: la primera se enamora de Olivier, el hermano mayor de Orlando, que pasa de villano a bell¨ªsima persona en una noche; el c¨ªnico buf¨®n, por su parte, opta por pedir en matrimonio a la pastora Audrey, tonta, fea y ¨¢spera, para as¨ª estar a salvo de las ilusiones del amor. Rebosante de juegos de palabras y reflejos par¨®dicos que ponen en solfa los arquetipos de la comedia pastoril, demor¨¢ndose en paradas y estocadas verbales, el di¨¢logo de Como gust¨¦is acaba sustituyendo a la acci¨®n dram¨¢tica. Si la danza de El sue?o era una zarabanda enfebrecida, los personajes de esta pieza bailar¨¢n una pavana que se muerde la cola y cuyos compases parecen anticipar los que Mozart prest¨® a Cos¨¬ fan tutte, otra isla de juego y artificio donde se combinan magistralmente la alegr¨ªa del gozo presente y la leve melancol¨ªa de su intuida caducidad.
A prop¨®sito de Como gust¨¦is, dirigida por Xicu Mas¨®, en el teatro Grec de Barcelona
Dos. La temporada teatral barcelonesa comenz¨® con una soberbia puesta, El fant¨¢stico Francis Hardy (Faith Healer), de Brian Friel, en el Romea, a cargo de Xicu Mas¨®, y ha concluido, casualidades de la vida, con otro montaje que lleva su firma, el Como gust¨¦is que, en impecable versi¨®n catalana de Salvador Oliva Al vostre gust- inaugur¨® el Grec. En los ¨²ltimos a?os, Xicu Mas¨® nos ha regalado maravillas como La historia del se?or Sommer, de Patrick Suskind, el Rev¨¦s de Tabucchi, que se vio en la Abad¨ªa, y, joya rotunda, una adaptaci¨®n de El Maestro y Margarita de Bulgakov en el Lliure, que no deben perderse bajo ning¨²n concepto cuando visite el Espa?ol, en septiembre. Con Al vostre gust, qu¨¦ se le va a hacer, no hemos tenido tanta suerte. Cabe esperar que el espect¨¢culo llegue rodado y remontado al Romea la pr¨®xima temporada, y que las abundantes perlas de su reparto brillen como debieran, aunque me temo que algunos problemas "de concepto" -?ah, el maldito concepto!- tengan complicada soluci¨®n. Para empezar, Mas¨® ha revestido de acentos sombr¨ªos la comedia m¨¢s alegre de Shakespeare. No es un montaje triste sino trist¨®n, que tiene m¨¢s delito. El bosque de Arden, reimaginado por Lluc Castells, parece aqu¨ª el mism¨ªsimo monte Calvario, con los tablones del entarimado convertidos en unos ¨¢rboles ¨¢vidos de crucifixi¨®n. Tampoco le veo yo demasiado sentido a ambientar la pieza en la posguerra espa?ola. Qu¨¦ ganas de hacer inventos que no pegan ni con cola, como esa partida de milicianos encabezada por el duque despose¨ªdo que s¨®lo podr¨ªa entenderse, pongamos, en clave carlista. Pep Tosar, grand¨ªsimo cuando quiere, hace aqu¨ª los dos duques, el malvado y el exilado, con similar e incomprensible desgana: interpreta al primero como si fuera un g¨¢ngster de tebeo y al segundo como si estuviera de paso.
Tres. Con todo, el problema central de la funci¨®n es la escasa qu¨ªmica entre los amantes "centrales". Carles Mart¨ªnez es un actor superdotado, pero mucho me temo que Orlando pide lo que antes se llamaba un gal¨¢n, alguien que nos convenza cuando hace decir a Rosalina "se?or, no s¨®lo al adversario hab¨¦is rendido". Rosalina es Mia Esteve, otra int¨¦rprete de campanillas pero especializada (o encasillada) en roles de mujer hosca/agreste/intangible, t¨¢chese lo que no interese, desde la Hilde de Solness hasta la Gila de La serrana de la Vera. Hay en Mia Esteve una sensualidad secreta que no se atreve a salir, porque no puede o porque no la dejan; justo al rev¨¦s que ?urea M¨¢rquez, una Celia que sabe ser sensual con una mirada o moviendo el dedo me?ique: quiz¨¢ debieran haber intercambiado sus papeles. Rosalina es sensualidad pura, verbal y f¨ªsica; ha de seducir y seducirnos como mujer y como hombre, de un modo transgen¨¦rico, como hizo Adrian Lester en el montaje de Cheek by Jowl, y si Mia Esteve a ratos lo consigue como Rosalina, su Ganimedes, atrapado en unos pantalonazos que no se pondr¨ªa ni el Pichi, lo tiene francamente dif¨ªcil: es un puro clich¨¦, como esos campesinos -Febe (Miriam Alamany), Silvio (Xavier Pujolr¨¢s), Audrey (Teresa Puig)- sobrecargados de brochazo r¨²stico, facci¨®n Marianico el Corto, y de los que logra escapar, conjuntando gracejo y humanidad, el Cori de Albert Ribalta, tambi¨¦n con la boina atornillada pero estupendo en su di¨¢logo filos¨®fico con Piedradetoque. Llegamos aqu¨ª a lo mejor de la comedia: los dos bufones. Jordi Mart¨ªnez, un actor que crece a cada nuevo papel, sirve un Piedradetoque maligno y lleno de peligro, segur¨ªsimo, imbatible. Victor Pi, por su parte, convierte a Jacques el Melanc¨®lico en un loco chejoviano, absolutamente conmovedor en su mon¨®logo sobre las edades del hombre, uno de los grandes momentos del espect¨¢culo, que recit¨® entre el p¨²blico, en las gradas del Grec. Esperaremos a su reposici¨®n en el Romea.
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