El futuro seg¨²n Houellebecq
El escritor se centra en la clonaci¨®n humana en su nueva novela, 'La possibilit¨¦ d'une ?le', que domina la 'rentr¨¦e' literaria francesa y que se publicar¨¢ en Espa?a en noviembre
Este mes de septiembre, los estantes de las librer¨ªas francesas se llenar¨¢n con m¨¢s de 650 nuevas novelas, todas ellas dispuestas a competir por los distintos premios literarios -Goncourt, Renaudot, Femina, Interalli¨¦, etc¨¦tera- y por un hipot¨¦tico ¨¦xito de ventas. Sus esfuerzos ser¨¢n vanos, probablemente ninguna de ellas llegue a igualar a La possibilit¨¦ d'une ?le, la ¨²ltima obra de Michel Houellebecq, que aparece simult¨¢neamente ma?ana en franc¨¦s, ingl¨¦s, alem¨¢n, italiano y holand¨¦s antes de hacerlo en otros treinta idiomas. En Espa?a la publicar¨¢ Alfaguara en noviembre con el t¨ªtulo de La posibilidad de una isla. El despliegue informativo que acompa?a a la novela es tan enorme que casi parece dif¨ªcil que no acabe por resultar contraproducente.
"La filosof¨ªa tiene que ver con la literatura y no es la literatura la que dice la verdad. S¨®lo la ciencia dice la verdad. Y la verdad se impone"
Houellebecq viene a ocupar en la mitolog¨ªa europea el lugar del novelista "de ideas", es decir, la sucesi¨®n de Malraux, Sartre o Camus. Tras interesarse por el intercambio desigual en materia econ¨®mica y sexual en Ampliaci¨®n del campo de batalla, por las consecuencias nefandas del relativismo hijo de mayo del 68 en Las part¨ªculas elementales y por el car¨¢cter irreconciliable del islam y la libertad sexual en Plataforma, ahora se interesa por la clonaci¨®n humana y nos propone un relato doble, el de un humorista c¨ªnico que triunfa a inicios del siglo XXI y el de su clon, muchos a?os m¨¢s tarde. "Todo lo que la ciencia permite ser¨¢ realizado, incluso si modifica profundamente aquello que hoy estimamos humano o deseable. Me ha costado admitirlo, pero la filosof¨ªa tiene que ver con la literatura, y no es la literatura la que dice la verdad. S¨®lo la ciencia dice la verdad. Y la verdad se impone", sentencia el novelista desdoblado en profeta.
Si en Las part¨ªculas elementales la sombra de Auguste Comte estaba muy presente, en La possibilit¨¦ d'une ?le la reflexi¨®n del texto se pone bajo la advocaci¨®n de Schopenhauer. "Me hubiese gustado poder incluir en el texto esa cita de ¨¦l: la posibilidad de la felicidad deber¨ªa subsistir, a t¨ªtulo de cebo". Obviamente. S¨®lo como cebo o espejismo, pues Houellebecq es, seg¨²n Nancy Huston, uno de esos "profesores de desesperaci¨®n" que pululan en la cultura europea. Para ¨¦l no hay amor posible. "Para m¨ª, la noci¨®n de amor libre es un ox¨ªmoron, pues el amor, de una manera u otra, siempre comporta alienaci¨®n de s¨ª mismo y del otro. Para m¨ª, amor y libertad son t¨¦rminos radicalmente antin¨®micos".
El futuro que pinta Houellebecq est¨¢ vagamente inspirado en los discursos de las sectas -"siempre he considerado exacta esa frase banal que asegura que una religi¨®n es una secta que ha triunfado"- y, m¨¢s concretamente, en el movimiento raelita, que ¨¦l ha rebautizado como elohimita. "El adjetivo raelita remite al profeta, a Ra?l, mientras que elohimita pone el ¨¦nfasis en el Dios que esperan", aunque Houellebecq, que asisti¨® a uno de esos encuentros entre raelitas para documentarse, constata que "los raelitas hablan cada vez menos de Elohim y cada vez m¨¢s de sus proyectos cient¨ªficos", es decir, de la clonaci¨®n, de la eterna juventud, de la inmortalidad.
Antes de salir a la venta, el libro ya ha provocado violentas pol¨¦micas e incluso se han publicado dos vol¨²menes, uno sobre el autor, el otro sobre su obra, muy cr¨ªticos. La promoci¨®n de La possibilit¨¦ d'une ?le ha sido definida como "un marketing de la abyecci¨®n" del pensamiento de un autor que "ha hecho del odio a su ¨¦poca el combustible de sus ficciones". Houellebecq ha dicho de su ¨²ltimo h¨¦roe de ficci¨®n que "es una especie de Zaratustra para clase media", una clase a la que reprocha sin cesar, de un libro a otro, el que haya renunciado a su moral estricta y a sus sue?os de revoluci¨®n, a la fidelidad conyugal y a la sumisi¨®n a Stalin.
El m¨¦rito de las "novelas de tesis" de Houellebecq radica en que consiguen abordar los temas que obsesionan a la ¨¦poca y que sabe hacerlo con la ambig¨¹edad ideol¨®gica suficiente para que unos le crean un c¨ªnico, otros le traten de "fan¨¢tico comunista", mientras unos terceros le presentan como el cl¨¢sico "anarquista de derechas", cuando no lo ven como un "ultraderechista obseso", tal y como le defini¨® su madre, la madre de Michel Tomas, que as¨ª se llama en realidad Michel Houellebecq.
Los protagonistas de sus historias son siempre antih¨¦roes, personajes sombr¨ªos dotados de una gran vis c¨®mica. "Cuanto m¨¢s sombr¨ªo, m¨¢s c¨®mico", dice ¨¦l. Otros escriben "cuanto m¨¢s antip¨¢tico, fal¨®crata y desencantado", m¨¢s confuso resulta saber si "el protagonista piensa como Houellebecq o es Houellebecq que piensa como sus personajes".
En cualquier caso, sin necesidad de c¨¢mpings nudistas ni de clubes de intercambios de parejas, pero s¨ª de consideraciones malignas sobre la izquierda de principios del siglo XXI -"el ¨²nico contenido residual de izquierdas de esos a?os era el antirracismo o, m¨¢s exactamente, el racismo antiblanco"- o sobre Francia y la can¨ªcula del verano de 2003 -"revel¨® que Francia se hab¨ªa convertido en un pa¨ªs moderno, pues s¨®lo un pa¨ªs aut¨¦nticamente moderno es capaz de tratar a sus ancianos como puro residuo, pues tal menosprecio hacia los ancestros ser¨ªa inimaginable en ?frica o en un pa¨ªs de la Asia tradicional"-, Michel Houellebecq es el fen¨®meno de la rentr¨¦e literaria sin que sepamos a¨²n si ha cobrado por La possibilit¨¦ d'une ?le 1,3, 1,5, 2 o 3 millones de euros, ni si, por fin, ser¨¢ ¨¦l mismo quien la lleve a la gran pantalla. "Los directores de cine no son gente de un gran nivel. Basta con que les proporciones una idea, un di¨¢logo o una situaci¨®n para que se maravillen".

Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
?Tienes una suscripci¨®n de empresa? Accede aqu¨ª para contratar m¨¢s cuentas.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.