'N¨¢ufrago' y las islas
Las islas gozan de un prestigio basado en la creencia de que cuanto m¨¢s aislado est¨¦s, mejor. Esto ha creado una espiral competitiva entre islas y archipi¨¦lagos ansiosos por ofrecer una calma que, al ser descubierta por los turistas, deja de serlo. No discuto la belleza de estos parajes. La mayor¨ªa son muy hermosos y llevan con dignidad el adjetivo de paradis¨ªacos. Pero cuidado con exagerar: puedes acabar como el protagonista de N¨¢ufrago. La pel¨ªcula narra la historia de un empleado de Federal Express que, tras sufrir un accidente de avi¨®n, acaba pasando cuatro a?os en una isla olvidada del Pac¨ªfico y hablando con una pelota de voley. Las razones por las que los n¨¢ufragos siempre van a dar a una isla se me escapan. Ya es mala suerte que el oleaje no les lleve nunca a, pongamos, el puerto de Marbella. Tambi¨¦n es mala suerte que siempre haya una escena en la que un lejano barco pasa de largo y no atiende las desesperadas llamadas de auxilio. Ya sea Robinson Crusoe o los protagonistas de Perdidos, todos sienten esta llamada de lo insular. En este caso, el solitario es Tom Hanks, un actor estupendo pero que los cin¨¦filos fundamentalistas nunca admitir¨¢n que les gusta. Tiene un defecto: sus pel¨ªculas son comerciales y no lleva una vida exc¨¦ntrica o autodestructiva. Incluso cuando ejerce de n¨¢ufrago parece un tipo sensato, dispuesto a superar todas las etapas a las que obliga la super-vivencia. A saber: escribir Help en la arena de la playa por si pasa un avi¨®n, aprender a hacer fuego y a pescar, buscar un refugio y dejarse crecer el pelo al mismo tiempo que se adelgaza siguiendo la radical dieta del n¨¢ufrago. Adem¨¢s, Hanks tiene el detalle de acordarse de sus predecesores: "La leche de coco es un laxante, eso es lo que Robinson nunca cont¨®".
Siempre hay un lejano barco que pasa de largo y no atiende las desesperadas llamadas de auxilio
Para rodar la pel¨ªcula, el director Robert Zemeckis busc¨® una isla por todo el mundo y eligi¨® Monu-riki, al noroeste de las Fiyi. Luego result¨® que, adem¨¢s de las escenas rodadas all¨ª, algunas im¨¢genes cien por cien insulares se hab¨ªan recreado por ordenador, de lo cual se deduce que la isla perfecta es virtual. Aunque trata de un tema bastante sobado, N¨¢ufrago proporciona 175 minutos de entretenimiento decente y subraya los aspectos m¨¢s filos¨®fico-new age de la experiencia del naufragio. Harto de esperar a que le rescaten, Hanks decide construir una balsa e ir al encuentro de su salvaci¨®n, un prop¨®sito que lleva al extremo el discurso de la autoayuda. Pero de todas las islas del mundo, la m¨¢s cinematogr¨¢fica sigue siendo Tetiaroa, que fue propiedad de Marlon Brando. En su libro Las canciones que mi madre me ense?¨®, escribe: "Mi vida en Tetiaroa es muy sencilla: caminar, nadar, pescar, jugar con los ni?os, re¨ªr, hablar. All¨ª experimento una enorme sensaci¨®n de libertad. Por la noche no hay mucho que hacer aparte de contemplar las estrellas, cosa que me encanta, y muchas veces no me levanto hasta las once de la ma?ana, cuando oigo el batir de las alas por encima de mi choza y los p¨¢jaros caen en picado hasta chapotear un poco en la laguna y con la gracia de las bailarinas cogen pescado para el desayuno". Uno no puede dejar de sospechar que lo que le gustaba a Brando no eran las islas, sino no dar golpe. Antonio Ozores, en cambio, no es de la misma opini¨®n. Rod¨® La chica de Tahit¨ª y escribi¨®: "Tahit¨ª es un lugar en el que la naturaleza se porta confusamente. La flores son del tama?o de las coliflores, los tiburones de tama?o terciado, los amaneceres fe¨ªsimos y el agu?ta de dentro de los cocos es bastante mala". En cuanto a lo lejos que las islas est¨¢n de todo, Ozores es as¨ª de preciso: "Tahit¨ª, se?ores, est¨¢ en la quinta pu?eta".
Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
?Tienes una suscripci¨®n de empresa? Accede aqu¨ª para contratar m¨¢s cuentas.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.