En la segunda vuelta
Hay que respirar tranquilos. El Partido Popular (PP) se incorporar¨¢, plenamente, al proceso de reforma del Estatuto de Andaluc¨ªa en la llamada segunda vuelta, esto es, en la nueva lectura que se haga de los textos discutidos en la ponencia parlamentaria que comenzar¨¢ en este mismo mes de enero. Llegado ese momento, realizar¨¢n aportaciones importantes, seg¨²n anuncian. Es leg¨ªtimo preguntarse porqu¨¦ no lo hicieron antes. El cambio de actitud con respecto a la posici¨®n que ven¨ªan manteniendo hasta ahora no se produce por generaci¨®n espont¨¢nea. Antes ha tenido que registrase el gesto del PP de presentar, por fin, enmiendas al Estatuto de Catalu?a entrando as¨ª de lleno en este asunto que antes rechazaban frontalmente. O sea, los andaluces hemos tenido que esperar a ver qu¨¦ hac¨ªa el PP en Catalu?a para conocer los pasos que iban a seguir a aqu¨ª. Se podr¨¢ criticar esta decisi¨®n que denota el triste papel subsidiario que mantienen los populares andaluces con respecto a las decisiones de sus mayores en Madrid. Pero lo que no se podr¨¢ decir es que no era coherente dicha posici¨®n con la trayectoria que se hab¨ªa fijado este partido en Andaluc¨ªa condicionando cualquier avance en la reforma del Estatuto andaluz a lo que pasase en Catalu?a, Pa¨ªs Vasco y dem¨¢s excusas.
Lo que pasa es que esa coherencia no puede, sin embargo, evitar que el resto de fuerzas pol¨ªticas decidiera no quedarse de brazos cruzados poni¨¦ndose, a rengl¨®n seguido, a trabajar para buscar un consenso m¨ªnimo con el objetivo de dotar en esta legislatura a los andaluces de una nueva norma estatutaria, actualizada y con mayores cotas de autogobierno. Y, tampoco, esa actitud, cuanto menos, dilatoria del PP, no puede impedir que proyecte de s¨ª mismo ante los andaluces un perfil de escaso compromiso con respecto al futuro de una comunidad que sigue teniendo bien presente el papel que jug¨® la derecha andaluza en un su proceso auton¨®mico. Pero a esto hay que a?adir los avisos que lanzan sus contrincantes cuando reparan en el hecho de que ser¨¢ ya muy dif¨ªcil dar cabida al PP teniendo el cuenta el grado de acuerdo alcanzado y, sobre todo, el escaso trap¨ªo de las propuestas que hasta ahora han planteado.
Aun as¨ª, lo que sorprende, cuando nos situamos en la fase m¨¢s delicada, es comprobar c¨®mo en Madrid caen en la cuenta de la importancia que tiene en toda esta historia Manuel Chaves. Dicen en Ferraz, sede federal del PSOE, que no habr¨¢ acuerdo con el tripartito catal¨¢n sin el visto bueno previo del presidente andaluz quien ha dejado claro su criterio con respecto a los principales aspectos de proyecto salido del Parlamento catal¨¢n, fundamentalmente, en materia de financiaci¨®n, competencias y con el concepto de naci¨®n. Este papel, poco menos que trascendental, que se le da a la figura del presidente de la Junta supone, por un lado, el reconocimiento a la funci¨®n hist¨®rica que ha jugado Andaluc¨ªa en la conformaci¨®n del actual Estado de las Autonom¨ªas, pero, al mismo tiempo, no deja de ser un problema. El rol que adquiere Chaves constituye todo un desaf¨ªo. As¨ª las cosas, sabe que no puede defraudar a los suyos y, por ello, se ha de mantener firme en lo explicitado, de nuevo, en su discurso navide?o de no consentir que unas comunidades consoliden privilegios sobre otras, sin que decir esto suponga actuar con complejos con respecto a Catalu?a.
De modo que, en efecto, el PP tiene un serio problema en Andaluc¨ªa pero, tal vez, peor lo tenga Chaves quien tiene que salvaguardar los intereses de nuestra comunidad impidiendo desequilibrios a la vez que ha de propiciar la elaboraci¨®n de un Estatuto andaluz que aspire a las m¨¢ximas cotas de autogobierno. Es por eso que conviene se?alar que con la segunda vuelta que se inicia, esta semana, nos adentramos en el per¨ªodo m¨¢s complicado que ha de concluir, seg¨²n los planes previstos por San Telmo, en 2007 con el refer¨¦ndum sobre el Estatuto andaluz ya reformado y actualizado. Lo dem¨¢s, Catalu?a, es cosa de estar atentos a lo que suceda para que no nos metan un gol por toda la escuadra pero, tampoco, sin ensimismarse.
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