?Tregua?
Apenas pasado el susto de las cartas petitorias, dos graves atentados contra bienes vienen a arrojar serias dudas sobre la naturaleza del mal llamado "proceso de paz" inaugurado con la declaraci¨®n unilateral de "alto el fuego" por parte de ETA. La cuesti¨®n es saber si nos encontramos ante simples coletazos del terrorismo de baja intensidad o si, por el contrario, lo sucedido es el principio de una renovaci¨®n del doble juego que la constelaci¨®n etarra desarroll¨® en el curso de la tregua de 1998.
Ni la experiencia de entonces debe ser olvidada, ni es razonable reproducir sin m¨¢s el diagn¨®stico de la "tregua-trampa". Todo el mundo sabe hoy que la renuncia transitoria a los asesinatos por parte de ETA, tras su espectacular victoria en Lizarra, tuvo conscientemente como contrapartida una intensificaci¨®n del citado terrorismo de baja intensidad, que fue algo m¨¢s que la kale borroka, as¨ª como una labor intensa de reposici¨®n de comandos e infraestructura, con lo cual fue posible la ofensiva criminal del a?o 2000. Por no hablar de la voluntad de acabar con la famosa tregua "indefinida" apenas lo estimaran conveniente. Existe en la actualidad un acuerdo mayoritario sobre la imposibilidad de que ETA repita la jugada. La debilidad de la banda ha sido evidente, y no menos indiscutible result¨® la derrota de su entramado pol¨ªtico por obra y gracia de la acci¨®n judicial y de esa Ley de Partidos tan denostada por los l¨ªderes de opini¨®n m¨¢s escuchados. As¨ª que si bien no es acertado hablar hoy de tregua-trampa, tampoco cabe excluir la puesta en pr¨¢ctica de un doble juego amortiguado, mediante el cual la sociedad vasca siguiera recordando de tiempo en tiempo, con la reiteraci¨®n de atentados punitivos contra bienes e instituciones, que el aut¨¦ntico monopolio de la violencia permanece en manos del sistema ETA.
?ste es el principal riesgo de la situaci¨®n actual, sobre todo por el conocimiento que tiene ETA de la absoluta necesidad que tiene el Gobierno de que su operaci¨®n de "paz" triunfe. El apoyo social mayoritario a la perspectiva de una negociaci¨®n depende de que efectivamente el "alto el fuego", logrado por Zapatero, representa el pr¨®logo inevitable al citado desenlace. Si hay concesiones, en el vocabulario, al hablar de "paz" y no de renuncia al terrorismo, o al otorgar a lo "permanente" el car¨¢cter de "definitivo", o en la pr¨¢ctica pol¨ªtica, permitiendo que la ilegalizada Batasuna act¨²e a la luz p¨²blica sin otros obst¨¢culos que los impuestos por la judicatura, ello se justifica por la seguridad que el Gobierno y sus medios transmiten acerca del ¨¦xito final de su pol¨ªtica de pactos. De ah¨ª la b¨²squeda de una calificaci¨®n que marcara sin ruptura el distanciamiento del primer atentado -"incompatible" con el alto el fuego, no que lo quebranta-, o el posterior mensaje tranquilizante de que ETA nada tiene que ver con los dos atentados. Entre tanto, con un control estricto de la situaci¨®n desde el punto de vista del lenguaje, Batasuna est¨¢ en condiciones de modular su respuesta, haciendo notar su voluntad de cambio con la calificaci¨®n de "gravedad", al mismo tiempo que de cara a los suyos, que son tambi¨¦n los seguidores de ETA, reafirma objetivos y mantiene la actitud cr¨ªtica tradicional.
Zapatero y Rubalcaba aciertan al responder con prudencia al inesperado desaf¨ªo, pero han de tener en cuenta que su opci¨®n podr¨ªa tener consecuencias catastr¨®ficas de convertirse en una actitud de transigencia respecto del terrorismo de baja intensidad, que por lo visto despunta con una agresividad mayor que la de una espont¨¢nea kale borroka. El hecho de que ETA no haya ordenado las dos ekintzak nada significa en s¨ª mismo. Con toda seguridad, los actos de violencia que sembraron la tregua del 98-99 no respondieron en su mayor¨ªa a consignas puntuales de la banda, la cual se limit¨® a impartir directrices generales y a mirar con simpat¨ªa los ¨¦xitos de sus chicos. Es el escenario ideal: ETA quiere la paz y los suyos mantienen el fuego sagrado de la violencia, que es lo que adem¨¢s les pide el cuerpo. Por supuesto, tal es el desarrollo de los hechos menos deseable para los dem¨®cratas, a la luz de la experiencia pasada.
Bien est¨¢ haber transmitido la imagen de serenidad. No lo es tanto dar por sentado que las furias de ETA se han convertido en genios ben¨¦ficos. La verificaci¨®n del "alto el fuego" consiste en la ausencia total de actos violentos.
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