Una pifia
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La corrida, cuajada de expectaci¨®n por el inter¨¦s de los tres protagonistas, result¨® una pifia. Ni Finito, tan querido en esta plaza, ni la sensaci¨®n de un valiente como Castella o la reaparici¨®n de Talavante pudieron vencer a los elementos. Y el enemigo no fue la lluvia, que cay¨® con fuerza hasta el inicio del festejo y que retras¨® media hora su comienzo, sino la corrida de N¨²?ez del Cubillo, inv¨¢lida y descastada hasta la desesperaci¨®n.
Sin toro no es posible el espect¨¢culo, a pesar, incluso, de la infinita bondad de este p¨²blico, que aplaude a los picadores por no picar con tal de que el toro acuda a la muleta de sus ¨ªdolos. Sin toro, s¨®lo la paciencia y el ¨¢nimo de los espectadores mantienen una fiesta que se desangra precisamente por la falta de sangre brava. Sin toro, decididamente, no hay emoci¨®n, que es el ingrediente fundamental del festejo taurino.
Cubillo / Finito, Castella, Talavante
Toros de N¨²?ez del Cubillo, el sexto como sobrero. Bien presentados, inv¨¢lidos y descastados. Finito de C¨®rdoba: Palmas y ovaci¨®n. Sebasti¨¢n Castella: Oreja y oreja. Alejandro Talavante: Ovaci¨®n y ovaci¨®n tras aviso. Plaza de Toros de C¨®rdoba. 23 de mayo. Corrida de Feria. Casi lleno.
Ni siquiera Finito fue capaz de levantar la tarde en su segundo toro, inv¨¢lido pero nobil¨ªsimo, al que tore¨® muy bien a la ver¨®nica y, despu¨¦s, brill¨® por naturales en dos tandas largas y templadas, pre?adas de elegancia. Pero el empuje de sus paisanos no fue suficiente para que matara con decoro, y todo qued¨® desva¨ªdo. No luci¨® tampoco en el primero, sin clase ni codicia, con el que trat¨® de justificarse con escasa ambici¨®n.
Castella y Talavante iban vestidos de luces, pero bien pod¨ªan haberlo hecho con el uniforme de enfermero, pues como tal actuaron ambos. El primero, valiente, dominador y pesado tambi¨¦n, cort¨® una oreja a su primero gracias a que los mulilleros se entretuvieron deliberadamente y a la falta de autoridad del presidente, incapaz de aguantar el griter¨ªo de una minor¨ªa. A ese toro lo veronique¨® con temple, y al quinto, moribundo y tambaleante, lo pas¨® con suficiencia, pero s¨®lo con el inter¨¦s y la intensidad que los tendidos quisieron ver. Talavante rob¨® un par de naturales al inservible tercero y a punto estuvo de obtener el doctorado en medicina por mantener en pie al sexto.
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