"No tenemos nada que perder, la lucha sigue"
El grupo juvenil 20 de Febrero intenta mantener viva la llama reformista
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Delicada, menuda, pero animada por una arrolladora energ¨ªa vital, Imane Dahuane recorr¨ªa ayer las calles de Marraquech indiferente a la torrencial lluvia que las inundaba. Desperdiciar una mano para sujetar un paraguas cuando hab¨ªa tantas octavillas prodemocracia por repartir en un d¨ªa de manifestaci¨®n es una idea que probablemente ni siquiera lleg¨® a contemplar. Bi¨®loga, de 31 a?os, Imane sabe que el momento es decisivo, que es indispensable echar el resto ahora para mantener viva la llama del cambio en Marruecos. La lluvia no es desde luego el elemento m¨¢s hostil al que se enfrentan los j¨®venes marroqu¨ªes que reclaman democracia.
La trayectoria vital que condujo ayer a Imane hasta la plaza del Ayuntamiento enfundada en una camiseta blanca con un logo del Movimiento 20 de Febrero y a exigir libertad a gritos por las calles de su ciudad son a la vez un calvario personal y un paradigma generacional. Terminada la carrera, entr¨® en un t¨²nel de pasant¨ªas no retribuidas, empleos precarios y paro. "No solo los salarios son miserables, sino que adem¨¢s en alguna ocasi¨®n han llegado a exigirme condiciones intolerables para renovarme un contrato, como que me comprometiera a no casarme durante cuatro a?os", explica indignada. "Solo los hijos de pap¨¢ avanzan. Estamos hartos de la falta de meritocracia, hartos de la corrupci¨®n, hartos de estos pol¨ªticos en los que ya no tenemos ninguna fe", espeta.
Los compa?eros de Imane, reunidos ayer en una de las marchas organizadas por el Primero de Mayo, tienen un perfil homog¨¦neo. Se trata mayoritariamente de estudiantes o j¨®venes con buena formaci¨®n. Algunos, como Amine A., de 21 a?os, pronuncian palabras contundentes. "Vivimos bajo un sistema dictatorial. Esto tiene que cambiar. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo har¨¢. No me amedrentar¨¦", dice. Otros se atreven a cantar, en la concentraci¨®n, "abajo la tiran¨ªa". La polic¨ªa observa sin intervenir. Los sindicalistas se muestran mucho m¨¢s prudentes, y algunos hasta corean "?viva el rey!".
Sin embargo, las reivindicaciones p¨²blicas de los j¨®venes son generalmente moderadas. Piden monarqu¨ªa constitucional, seguridad jur¨ªdica, oportunidades de trabajo. Pero aunque el denominador com¨²n sea asumible por muchos, la formaci¨®n de un frente m¨¢s amplio se est¨¢ revelando tarea complicada.
La manifestaci¨®n de ayer en Marraquech lo evidencia. Aunque la fuerte lluvia desanim¨® a gente, solo unos pocos centenares de personas respondieron a la convocatoria. Adem¨¢s, en un s¨ªntoma de escasa unidad, los diversos actos sindicales no confluyeron en un punto de encuentro final. Eso no fue culpa del temporal.
"En nuestras filas hay tambi¨¦n sindicalistas, pero la relaci¨®n con las centrales no es del todo fluida", reconoce Imane, que viste un ligero velo blanco que no cubre todo el pelo.
No es quiz¨¢ la distancia m¨¢s grave que queda por salvar. Sobre todo, el movimiento no parece haber logrado todav¨ªa atraer a las clases bajas. En otros casos -Egipto, T¨²nez- el odio al dictador hizo de coagulante, propuls¨® la protesta. A falta de ese ingrediente, en Marruecos el frente reformista juvenil es todav¨ªa un movimiento de reducido espectro social. As¨ª se deduc¨ªa en Marraquech.
A todo ello, hay naturalmente que a?adir el fantasma de la represi¨®n, ahora avivado por el atentado del jueves. Los chavales temen que el Estado endurezca su actitud, y de paso deje de tolerar sus peticiones. Un grupillo minoritario lleg¨® a corear: "El atentado es una pi¨¨ce teatral".
Pese a las adversidades, parecen muy motivados para insistir. Algunos, como Amine o Zakaria Lazmat, estudiante de 20 a?os, se declaran inspirados por los logros de sus colegas egipcios y tunecinos.
Otros manifiestan impulsos m¨¢s personales. "Yo no tengo nada que perder. No tengo ni siquiera un poco de dinero para emigrar. As¨ª que seguir¨¦ luchando", promete Imane. Y es francamente dif¨ªcil no sentir simpat¨ªa y admiraci¨®n ante la perseverancia con la que distribuye sus octavillas e intenta mantener viva la llama reformista bajo la inusual fr¨ªa lluvia de Marraquech.
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