Madres deportadas, ni?os abandonados
Cuatro subsaharianas expulsadas de Argelia dejan a sus beb¨¦s en Or¨¢n por temor a que mueran durante una traves¨ªa de 2.400 kil¨®metros a trav¨¦s del S¨¢hara
Nos transportan como a corderos; medio centenar de personas hacinadas durante horas en cada cami¨®n!". Laure Kottin Mbibo, camerunesa de 27 a?os, levanta primero el tono para expresar su indignaci¨®n, pero a rengl¨®n seguido se le quiebra la voz cuando recuerda a Brunette, su hija de cinco meses a la que abandon¨®, acaso para siempre, el 24 de noviembre pasado en Or¨¢n (Argelia). "Me gustar¨ªa apretujarla en mis brazos, comerla a besos", afirma entre sollozos. "La tuve que abandonar para salvarla".
Laure habla, a trav¨¦s del tel¨¦fono m¨®vil, desde un centro de retenci¨®n de inmigrantes irregulares en Tamanrasset, a casi 1.600 kil¨®metros al sur de Or¨¢n, en pleno S¨¢hara argelino. Est¨¢ all¨ª, cuenta, con otras 140 personas, 14 de ellas mujeres, a la espera de ser expulsada a Mal¨ª. "Dentro de unos d¨ªas nos dejar¨¢n tirados del otro lado de la frontera, en el desierto", vaticina. La arena del desierto, a 2.300 kil¨®metros de Or¨¢n, en lugar de las costas de Espa?a, a tan solo 200 kil¨®metros de donde estaban.
Ante la amenaza de suicidio colectivo en la comisar¨ªa, les propusieron echarlas a ellas y dejar a los beb¨¦s
"Llevar a nuestros hijos con nosotros significaba sacrificarles. No es raro que mueran de hambre o fr¨ªo", afirma Laure
Concluir¨¢ as¨ª su expulsi¨®n de Argelia, y la de otras tres mujeres camerunesas, que reviste tintes dram¨¢ticos porque todas ellas se han visto obligadas a desprenderse de sus cinco beb¨¦s en Or¨¢n y entreg¨¢rselos a familiares o a otros subsaharianos que ni siquiera son allegados. Su historia ha sido reconstituida y narrada en un informe por Fouad Hassam y Mechri Salim, dos voluntarios del sindicato aut¨®nomo de la funci¨®n p¨²blica (SNAPAP), una central tolerada por las autoridades de Argel. La denuncia del SNAPAP y de la Liga Argelina de Derechos Humanos, reproducida por los principales diarios, no ha sido desmentida por el Ministerio del Interior argelino.
El 12 de noviembre, la polic¨ªa irrumpi¨® en la maternidad del hospital universitario de Or¨¢n para detener a Michelle Gono, que la v¨ªspera hab¨ªa dado a luz a una ni?a, Jouana. Madre e hija permanecieron cinco d¨ªas en un calabozo antes de comparecer ante el juez que la conden¨® a seis meses de c¨¢rcel -una pena que no conlleva el ingreso en prisi¨®n- por estancia ilegal y a ser expulsada. Justo despu¨¦s el juez impuso la misma pena a Aminattou Diolo, otra camerunesa que hab¨ªa acudido al mismo hospital con su beb¨¦ de cinco meses porque ten¨ªa dificultades respiratorias. No lleg¨® a ver al m¨¦dico. Fue detenida y acab¨® con el ni?o en un s¨®tano de la comisar¨ªa central de Or¨¢n.
El 13 de noviembre, otras tres mujeres camerunesas, Yalande Christelle Yango, Sarah Koumassok Barrack y Laure, la que habla por tel¨¦fono desde Tamanrasset, se dieron cita por la tarde con sus hijos, de entre diez y cinco meses, en un piso adyacente al Ayuntamiento, en pleno centro de Or¨¢n. "Somos cat¨®licas y fuimos all¨ª para rezar juntas en casa de una amiga", cuenta.
El rezo no dur¨® mucho. Un vecino las denunci¨®. "Un ej¨¦rcito de polic¨ªas rode¨® el edificio y los agentes irrumpieron en el piso sin mandato judicial", se indigna el sindicalista Hassem. Todas ellas fueron trasladadas con sus beb¨¦s a la comisar¨ªa central y, tras pasar dos d¨ªas en los calabozos, ingresaron con sus hijos en la c¨¢rcel de Gdyel, hasta que el 20 de noviembre comparecieron ante el juez. "Tard¨® 45 segundos en juzgar a cada una de ellas", asegura Hassam. Tuvieron un int¨¦rprete ¨¢rabe-franc¨¦s durante el juicio, pero carecieron de abogado. El veredicto fue el habitual, pero no volvieron al penal, sino a la comisar¨ªa.
En las comisar¨ªas de Or¨¢n, los detenidos no son alimentados, sostiene Laure. "Nuestros ni?os necesitaban leche y tuvimos que suplicar a los funcionarios y darles el dinero para que nos la comprasen", recuerda. Un var¨®n subsahariano, compa?ero sentimental de una de las camerunesas, se acercaba tambi¨¦n a diario por las dependencias policiales para suministrarles comida.
El 24 de noviembre un agente anunci¨® a las camerunesas que empezaba su deportaci¨®n. Mostaganem, a 80 kil¨®metros de Or¨¢n, era la primera etapa de un largo recorrido que pasaba por Relizane, Tiaret, Laghouat, Ghardaia, In Salah, Tamanrasset y, al final, al cabo de dos semanas, la frontera de Mal¨ª. En cada parada subieron nuevos candidatos a la expulsi¨®n.
Las madres se plantaron en Or¨¢n. Gritaron a los polic¨ªas que estaban dispuestas a suicidarse para no subir al veh¨ªculo. "Llevar a nuestros hijos con nosotros significaba sacrificarlos", sostiene Laure. "No habr¨ªan soportado tantas penalidades durante el trayecto", a?ade. "No es excepcional que algunos ni?os peque?os fallezcan, tras una larga agon¨ªa, de hambre, de fr¨ªo, de agotamiento o por falta de medicamentos para tratar cualquier enfermedad", confirma Hassam.
La determinaci¨®n de las mujeres desconcert¨® a los polic¨ªas. Lleg¨® el propio comisario jefe, recuerda Laure. "Nos propuso un trato: nos deportaban a nosotras, pero los ni?os se quedaban". Les cost¨®, pero acabaron aceptando. Los agentes llamaron por tel¨¦fono a Roger, el subsahariano que llevaba comida a las madres, que acudi¨® a las dependencias policiales con dos amigos. Los tres hombres se llevaron a cuatro beb¨¦s. Las camerunesas embarcaron rumbo a Mostagadem.
A los cuatro beb¨¦s entregados a Roger en comisar¨ªa se a?ade una quinta ni?a abandonada, Nawal, de 18 meses, que Michelle Gono dej¨® en casa de unos conocidos cuando acudi¨®, el 12 de noviembre, a dar a luz al hospital universitario. Cuatro de los cinco ni?os est¨¢n en manos de familiares cameruneses, algunos en situaci¨®n irregular y que podr¨ªan tambi¨¦n ser expulsados. El quinto se ha quedado con una familia nigeriana.
Pese a su sufrimiento, Laure no se arrepiente de haber dejado a Brunette en Or¨¢n. "Aqu¨ª pasamos mucha hambre, no s¨¦ si hubiese resistido", afirma desde Tamanrasset. "Para comer nos dan a cada uno, al d¨ªa, dos barras de pan, y un litro de leche para compartir entre cinco personas", a?ade. "Carecemos de mantas y de colchones para dormir. Nos tumbamos sobre cartones y nos abrigamos con cartones". Pocos d¨ªas despu¨¦s de esta conversaci¨®n, las mujeres llegaron a Mal¨ª, seg¨²n inform¨® el viernes la Liga Argelina de Derechos Humanos.
"El hambre es una de las principales caracter¨ªsticas de la experiencia que viven los expulsados" de Argelia, escribe Clara Lecadet, del Centro de Estudios Africanos de Par¨ªs, en un largo estudio titulado Itinerarios de hambruna. En Ghardaia, una ciudad del sur de Argelia, Laure enferm¨® y perdi¨® el conocimiento. "Me recetaron unas medicinas que tuve que pagar", se lamentaba. "Sal¨ª adelante". "Ojal¨¢ llegue viva a Douala", la ciudad camerunesa de la que es originaria. -
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