La lucha contra la marginaci¨®n del colectivo ¡®trans¡¯ en Nueva York

El documental 'I Hate New York' refleja la fortaleza del colectivo transexual frente a una sociedad no siempre comprensiva
PARA MUCHOS, en Nueva York la fiesta termin¨® en 2001. Con la ca¨ªda de las Torres Gemelas todo cambi¨®. Esas noches locas, l¨²dicas, imprevisibles se volvieron casi tan reaccionarias como lo dem¨¢s. La ciudad se sumi¨® en un estado de vigilancia policial y los elementos de resistencia que la habitaban tuvieron que adaptarse para sobrevivir. Entre sus estandartes, tres activistas transexuales que ejerc¨ªan de agitadoras y musas del underground: Amanda Lepore, Sophia Lamar, Chloe Dzubilo. Cuando su influjo parec¨ªa haber quedado restringido a aquella era previa a la paranoia colectiva, el documental I hate New York reivindica la vigencia de su mensaje. Realizado a lo largo de una d¨¦cada con una c¨¢mara dom¨¦stica por el novel Gustavo S¨¢nchez y producido por los hermanos Carlos y J. A. Bayona, busca, en palabras de su director, ¡°funcionar como un misil contra los prejuicios destinado a que todos saquemos el trans que llevamos dentro; pero trans de transgresor¡±.
Ahora que el empoderamiento femenino sirve de ariete medi¨¢tico para otras causas, el movimiento trans eleva su voz. En el caso de estas tres precursoras, como revela el filme, su batalla sigue sin encontrar aut¨¦ntica resonancia en los foros ocupados por quienes toman las decisiones de poder. Precisamente pocos meses antes del 11-S, Lepore (una especie de Jane Mansfield hipersiliconada que paseaba desnuda por los clubs) y Lamar (una diva intelectual) aliaban fuerzas en uno de los primeros casos de transfobia reconocidos medi¨¢ticamente. El local de moda cuyas noches animaban las hab¨ªa despedido aludiendo a que no eran ¡®mujeres biol¨®gicas¡¯. La protesta que convocaron a sus puertas acompa?adas de su abogado se bautiz¨® como el ¡®Stonewall de los derechos de identidad de g¨¦nero¡¯. Sali¨® hasta en The New York Times. Y, como bien dice Sophia Lamar en la pel¨ªcula, ¡°cuando algo sale en el New York Times deja de ser underground, porque ya va para all¨¢ esa masa sin cantera, esa masa incontrolable, que est¨¢ ah¨ª agazapada a ver lo que puede pasar y lo echa todo a perder¡±. En su caso, al menos, su s¨²bita salida a la superficie contribuy¨® a que ganaran la demanda.
La tercera protagonista, Chloe Dzubilo, a quien la cantante Anohni reconoce como su ¡®madre trans¡¯, representa todo lo que nuestra sociedad sigue expeliendo: superviviente del sida de largo recorrido, ex adicta, ide¨®loga punk, artista incomprendida, activista trans. Heredera de la pionera por los derechos gays Marsha P. Johnson, durante a?os Dzubilo solicit¨® reunirse con la alcald¨ªa de Nueva York para impulsar leyes integradoras del colectivo. Como por ejemplo, activar protocolos especiales en las comisar¨ªas al detener a personas trans.
No parece que hayamos prosperado mucho al respecto. A finales de 2017, un informe de la propia polic¨ªa neoyorquina recog¨ªa que sus agentes a¨²n utilizan f¨®rmulas tan discriminatorias como insistir en llamar a los/las detenidos/as trans por su nombre de nacimiento, no por el que les corresponder¨ªa por su identidad de g¨¦nero. Las astracanadas de Trump no han hecho sino seguir minando estos derechos (al igual que los de muchas otras minor¨ªas). A la prohibici¨®n de que los estudiantes menores accedan a los ba?os y vestuarios que coincidan con su identidad de g¨¦nero y a la de la presencia de transexuales en el ej¨¦rcito acaba de sumar la objeci¨®n de conciencia para los m¨¦dicos que no quieran atender a personas trans. Mientras, la sociedad va muy por delante. Y las propias afectadas trans, m¨¢s. Como exclama Lamar en un momento del documental: ¡°?C¨®mo alguien me puede marginar? ?Marginarme de d¨®nde?¡±.
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