Los otros h¨¦roes de la carrera espacial: el chimpanc¨¦ ¡®Ham¡¯ nunca super¨® la experiencia
Tanto en la esfera sovi¨¦tica como en Estados Unidos, los primeros programas espaciales utilizaron animales como pilotos. Su bienestar no era la prioridad
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Ser el pionero o pilotar prototipos nunca es f¨¢cil. Puede esperarte la fama o la gloria, pero hay que asumir un riesgo may¨²sculo. Si adem¨¢s no eres una persona, sino que eres un animal de pruebas, quiz¨¢s tu seguridad y bienestar no sea la principal prioridad. Esta m¨¢xima se ha cumplido en los animales que participaron en la carrera espacial. Todos recordamos a Laika, que fue el primer perro en realizar un vuelo orbital. En 1951 los sovi¨¦ticos iniciaron un programa de adiestramiento de perros y otros animales destinados al programa espacial. La mayor¨ªa de los perros eran callejeros capturados. Todos ten¨ªan que cumplir una serie de requisitos, entre ellos ser hembra. Al no tener que levantar la pata para orinar podr¨ªan adaptarse mejor al exiguo espacio de la c¨¢psula espacial.
Laika fue elegida por su docilidad y por no haber demostrado problemas de claustrofobia. Desde el principio se sab¨ªa que iba a ser sacrificada. Los sat¨¦lites Sputnik no ten¨ªan ning¨²n sistema de retorno a la Tierra. Laika muri¨® cuando uno de los paneles para regular la temperatura dentro de la c¨¢psula fall¨® y tuvo un paro cardiaco a causa de la hipertermia. Algunos de los perros siguientes fueron m¨¢s afortunados. En algunos Sputnik posteriores como el 5 o en el programa Vostok, el que finalmente llevar¨ªa a Yuri Gagarin a ser el primer hombre en ¨®rbita, ya se trataba de recuperar a las perras. As¨ª sabemos que otros canes hembra, como Belka, Strelka, Zvyozdochka, Alfa o Zhulka, sobrevivieron. Se calcula que en el programa Vostok llegaron a participar hasta 41 perros, de los cuales 22 posiblemente murieran. Todos los cohetes y sat¨¦lites sovi¨¦ticos iban equipados con bombas programadas para detonarse en caso de que el aterrizaje se produjera fuera de suelo sovi¨¦tico. Este fue el triste destino de muchos de estos animales.
Al otro lado del tel¨®n de acero las cosas no funcionaban mejor para los animales. La NASA ten¨ªa un programa de adiestramiento de chimpanc¨¦s en el laboratorio de Investigaci¨®n Aerom¨¦dica de Holloman, en Nuevo M¨¦xico, para las misiones Mercury. El elegido para el primer vuelo experimental fue un macho de 16,5 kilos y tres a?os y medio llamado Chang. En 1959 hab¨ªa sido capturado y separado de su familia a edad muy temprana en Camer¨²n y vendido a las fuerzas a¨¦reas estado?unidenses por 457 d¨®lares. Fue rebautizado como Ham por las iniciales del laboratorio donde fue adiestrado. Su elecci¨®n se bas¨® en la docilidad y en el desempe?o en el entrenamiento psicomotor, unos ensayos en los que los monos deb¨ªan de accionar la palanca izquierda o derecha en respuesta a diferentes destellos de luces o ser capaces de estar sentados inm¨®viles durante largo rato. Todo se basaba en el refuerzo negativo o castigo. Si fallaban en el entrenamiento, recib¨ªan una descarga el¨¦ctrica.
El d¨ªa de su vuelo espacial, el 31 de enero de 1961 Ham llevaba un term¨®metro en el recto fijado con esparadrapo y varios electrodos para monitorizar su respuesta fisiol¨®gica. Estados Unidos hab¨ªa realizado anteriormente pruebas con monos utilizando misiles V2, y ninguno hab¨ªa sobrevivido. Para condicionarlo hab¨ªan repetido todo el proceso de vestirlo y llevado a la c¨¢psula varias veces, para conseguir que el proceso le resultara familiar y no fallara el gran d¨ªa. As¨ª que lo hab¨ªa vivido todo previamente menos el vuelo. Durante el vuelo Ham estuvo sometido a una aceleraci¨®n equivalente a 17 veces la de la gravedad lo que le hizo perder la visi¨®n y que en alg¨²n momento sus pulsaciones superaran las 200 por minuto. Con el traqueteo el sistema de descargas se aver¨ªo, y continuo dando descargas a pesar que accionaba las palancas correctamente.
Ham cumpli¨® su parte. Lo hizo perfecto con la mano izquierda y con muy pocos fallos en la derecha. El vuelo dur¨® 16 minutos, aterriz¨® en el mar y fue rescatado dos horas despu¨¦s, cuando la capsula estaba a punto de arrastrarle al fondo del oc¨¦ano. Como premio por sus servicios recibi¨® una manzana y sonri¨®, foto que fue inmortalizada por la prensa. Sin embargo, cuando trataron de volver a sentarlo en la capsula para hacer m¨¢s fotos, tuvo un ataque de p¨¢nico y atac¨® a sus cuidadores¡ normal. Un h¨¦roe no tiene por qu¨¦ ser un suicida. Aunque sea un mono.
Traumas imposibles de superar
El destino de los animales espaciales fue muy diferente a los dos lados del bloque. Las perras Belka y Strelka en la actualidad están disecadas y se exhiben en el museo de cosmonáutica de Moscú, destino similar al de la perra Zvyozdochka, la que hizo el último vuelo de prueba antes de Gagarin, que se conserva en el Instituto de Aviación y Medicina. Después de su vuelo, el chimpancé Ham pasó los dos años siguientes en observación médica. Se le trató de adiestrar para una nueva misión espacial, sin éxito ya que no superó el pánico de la primera misión, por lo que fie cedido al zoo de Washington e hizo algún cameo en programas o series de TV. No se adaptó a la vida del Zoo y fue transferido a otro en Carolina del Norte, donde murió a los 27 años, edad joven para su especie. La propuesta de disecarlo y exhibirlo fue rechazada por miedo a la opinión pública. Su esqueleto se conserva en el museo de medicina de Maryland y el resto en el salón de la fama espacial internacional en Alamo Gordo.
J. M. Mulet es catedr¨¢tico de Biotecnolog¨ªa.
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