Maz¨®n y el gato de Schr?dinger
El presidente es una paradoja sujeta a interpretaci¨®n. No se puede saber si estuvo, como afirm¨®, donde deb¨ªa estar, o si simult¨¢neamente no estuvo a esa hora, como neg¨® despu¨¦s
A Carlos Maz¨®n quiz¨¢ no se le pueda explicar sin recurrir al concepto de la superposici¨®n cu¨¢ntica. Existe en m¨²ltiples estados al mismo tiempo, seg¨²n su din¨¢mico y el¨¢stico relato, y su coexistencia es determinista de forma consubstancial. La realidad y su representaci¨®n son un mero reparto de probabilidades cuya certeza solo alterar¨ªa su comprobaci¨®n, pero mientras tanto, el presidente de los valencianos es una paradoja sujeta a interpretaci¨®n, que es de lo que se trata. No se puede saber si est¨¢ vivo pol¨ªticamente, como ¨¦l cree, o si a la vez est¨¢ muerto, como lo suponen los suyos y los dem¨¢s. Si estuvo, como afirm¨®, donde deb¨ªa estar a una hora concreta, o si simult¨¢neamente no estuvo a esa misma hora, como neg¨® despu¨¦s. Ni saber si aquel fat¨ªdico 29 de octubre comi¨®, como divulg¨® su entorno, en el Palau de la Generalitat, si a la par ¡°estuvo picando¡± por la zona, como se comunic¨® despu¨¦s, o si, de forma sincr¨®nica, tuvo un almuerzo repantigado con plato de cuchara en un reservado de El Ventorro. Ni si era presidente de la Generalitat mientras com¨ªa y ofrec¨ªa la direcci¨®n de la televisi¨®n auton¨®mica a una periodista amiga o si, igualmente, era un ciudadano particular en un asunto privado o incluso org¨¢nico, porque Maz¨®n quer¨ªa perfeccionar su oratoria. Ni si no pod¨ªa recibir llamadas porque no hab¨ªa cobertura o si, a pesar de ello, como ha asegurado luego, mantuvo diversas conversaciones por tel¨¦fono con responsables de Emergencias, alcaldes, cargos de la Generalitat y del partido. Ni siquiera dar por hecho que tiene o no m¨®vil propio, como defiende ahora Presidencia para evitar su geolocalizaci¨®n, cuando el fat¨ªdico d¨ªa de su ¡°ausencia palmaria¡± le dijo al alcalde de Cullera que se guardara el n¨²mero desde el que le llamaba porque era el suyo personal. Ni si est¨¢ ¡°noqueado¡±, como lo exculp¨® Alberto N¨²?ez Feij¨®o, o simplemente desbordado por su efervescencia y ahogado en propio su relato.
Maz¨®n, como el gato que el f¨ªsico Erwin Schr?dinger utiliz¨® en su experimento mental para incidir en la complejidad de las interpretaciones inaugurales de la mec¨¢nica cu¨¢ntica, se mantiene en vida y difunto a la vez. Estuvo y no estuvo en todos los sitios y en todos los horarios que ha proporcionado. Hizo y no hizo las cosas que ha afirmado y ha negado. Todo lo que le concierne ha sido y no ha sido. Mientras lo persiguen los adverbios interrogativos, las protestas, la indignaci¨®n de afectados por la cat¨¢strofe y las 227 v¨ªctimas mortales, se ha ido construyendo una caja sellada y opaca como en la que el f¨ªsico austr¨ªaco met¨ªa un hipot¨¦tico gato, un dispositivo y una sustancia radiactiva para que en una hora las probabilidades de que estuviera vivo o muerto fueran id¨¦nticas. Para que las posibilidades entre cualquier cosa y la otra sean las mismas. Pero a diferencia de Schr?dinger, no solo con el objeto gr¨¢fico de se?alar los problemas de interpretaci¨®n de la mec¨¢nica cu¨¢ntica (aqu¨ª, la mec¨¢nica de la juez de Catarroja), sino para hacer del principio de incertidumbre un fin en s¨ª mismo, para prolongar la incertidumbre como ¨²nica certidumbre. Para que la confusi¨®n acabe contagiando a la opini¨®n p¨²blica y a todo el proceso judicial, desviando y prorrateando las responsabilidades y los impactos pol¨ªticos. Para que no se pueda desovillar la mara?a del ovillo en el que est¨¢ apresado. Para que al final no quede claro si era un gato en un caj¨®n herm¨¦tico o un conejo en una chistera. Si s¨ª o si no, son solo posibilidades, mientras acelera como Thelma y Louise ante el abismo, atropellando a discreci¨®n con su minino cu¨¢ntico en el asiento trasero.
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