Loudon Wainwright III: el tesoro secreto mejor guardado de todo Netflix
¡®Survival Twin¡¯ es un genial¨ªsimo espect¨¢culo que lleva colgado en Netflix desde 2018 sin que casi nadie se haya enterado
Loudon Wainwright III (1946) es hijo de Loudon Wainwright Junior (1924-1988), que a su vez fue hijo del primer Loudon Wainwright (1898-1942). ?l es el tercero y ¨²ltimo, pues su hijo se llam¨® Rufus (1973), aunque la madre de Loudon Wainwright III (y mujer de Loudon Wainwright Jr) protestase cuando se enter¨®, alegando que Rufus era nombre de perro. Y ten¨ªa raz¨®n, dice Loudon Wainwright III. Un nombre canino e impronunciable que no le ha impedido triunfar como m¨²sico.
El talento y el ¨¦xito son gen¨¦ticos en esta dinas...
Loudon Wainwright III (1946) es hijo de Loudon Wainwright Junior (1924-1988), que a su vez fue hijo del primer Loudon Wainwright (1898-1942). ?l es el tercero y ¨²ltimo, pues su hijo se llam¨® Rufus (1973), aunque la madre de Loudon Wainwright III (y mujer de Loudon Wainwright Jr) protestase cuando se enter¨®, alegando que Rufus era nombre de perro. Y ten¨ªa raz¨®n, dice Loudon Wainwright III. Un nombre canino e impronunciable que no le ha impedido triunfar como m¨²sico.
El talento y el ¨¦xito son gen¨¦ticos en esta dinast¨ªa. El padre de Rufus es actor y cantautor, y su padre fue escritor y columnista de Life cuando Life estaba en todas las mesas de caf¨¦ de Estados Unidos. El ¨²nico Wainwright an¨®nimo (enti¨¦ndanme) fue -oh, paradoja- el original, que muri¨® muy joven.
La orfandad de Loudon Wainwright Jr es el primer arco que sostiene Survival Twin, un genial¨ªsimo espect¨¢culo que lleva colgado en Netflix desde 2018 sin que casi nadie se haya enterado y que mi amigo Edu Gal¨¢n me inst¨® a ver, sabiendo lo much¨ªsimo que me iba a impactar. A los diez minutos me encontraba r¨ªgido en la butaca del sal¨®n, luchando contra unas ganas de llorar inexplicables que no pude contener. En los planos en que se ve¨ªa al p¨²blico del teatro donde se film¨®, aparec¨ªan espectadores tan noqueados como yo, con la compostura echada a perder.
Loudon canta canciones sobre sus padres, su infancia y sus hijos, e intercala entre ellas mon¨®logos sobre su vida y recita columnas de su padre. Es todo tan delicado, sorprendente y natural en su puesta en escena, con esa campechan¨ªa de los charlatanes americanos, que no tardas en pensar en tus propios padres y te propones vivir lo suficiente para que tu hijo, a¨²n peque?o, pueda crecer, alejarse de ti y darte muchos portazos en la cara.