Las historias de la Historia
Las disputas en torno a las identidades espa?olas y la frontera entre verdad y ficci¨®n en los discursos de legitimaci¨®n pol¨ªtica alimentan varios libros que iluminan los debates del presente
!['Defensa del Parque de Artillería de Monteleón' (1884), obra de Joaquín Sorolla.](https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/RLBMLDDMFHSR76JALRXQRJPTIM.jpg?auth=8dbf3df80597e13936cde3e0ac5fe9b81fa77d76001b040117471a3226182f4f&width=414)
Una de las preguntas que le hace a Jos¨¦ ?lvarez Junco la historiadora Paloma Aguilar en una larga entrevista que forma parte de un reciente libro de homenaje al autor de Mater dolorosa es la siguiente: ¡°?C¨®mo resuelves el dilema entre lo que Jon Elster llam¨® el ¡®cemento de la sociedad¡¯, lo que hace que las sociedades se mantengan cohesionadas y no entren en conflicto permanente, y la necesidad de impedir la creaci¨®n de mitolog¨ªa nacional que distorsione la historia y demonice al otro?¡±. En la pregunta quedan bien definidos los dos polos en torno a los que bascula el concepto de naci¨®n, el ¡°cemento¡± y los ¡°mitos¡±, y queda anunciado que en la elaboraci¨®n de ese discurso tienen un papel no menor los historiadores.
¡°?Puedo simplificar un poco?¡±, pregunta ?lvarez Junco. ¡°Si la naci¨®n fuera un ni?o, ser¨ªa imprescindible que reforz¨¢ramos su identidad (qu¨¦ nombre tiene, cu¨¢l es su familia, a qu¨¦ pa¨ªs pertenece¡) y tambi¨¦n su autoestima: por ser como eres, no puedes ir por ah¨ª con la cabeza baja. Esto es evidente, pero eso no significa que haya que ponerse pesado. Tienes una identidad, s¨ª, pero luego est¨¢n los otros. El nacionalismo desempe?a un papel necesario, de integraci¨®n y legitimaci¨®n pol¨ªtica, ayuda a reforzar los lazos comunes que existen en un colectivo donde todos son distintos. Pero corre una serie de peligros que no hay que olvidar, como el de cerrarte a cuanto ocurre fuera y convertirte en un ignorante, sin horizontes, siempre complaciente con lo propio y reacio a lo ajeno¡±. Pueblo y naci¨®n. Homenaje a Jos¨¦ ?lvarez Junco lo han coordinado Javier Moreno Luz¨®n y Fernando del Rey, y re¨²ne diferentes aproximaciones al trabajo de un historiador que ha abordado, y siempre con maestr¨ªa, algunos fen¨®menos esenciales de la historia espa?ola: el anarquismo, el populismo, el nacionalismo y la relaci¨®n entre visi¨®n del pasado y construcci¨®n de identidad.
Santos Juli¨¢, en uno de los textos del libro, subraya la capacidad de ?lvarez Junco para reconstruir toda la complejidad del pasado y destaca su habilidad para fulminar los mitos y leyendas que parecen ser el ¨²nico camino posible para tratar con la historia. ¡°El mito no se estudia, se cree y se celebra¡±, escribe Juli¨¢, ¡°y en la creencia colectiva y en la celebraci¨®n ritual encuentra la comunidad su raz¨®n de ser, su orden, la base de continuidad en el tiempo, su camino de salvaci¨®n¡±. ¡°Vuelvo a lo m¨¢s sencillo¡±, insiste ?lvarez Junco, ¡°la funci¨®n del historiador es la de intentar comprender y explicar el pasado de la manera m¨¢s objetiva posible. De forma cient¨ªfica. Por eso hay que volver una y otra vez sobre lo que se ha estudiado porque todo cambia. Espa?a cambia y cambia la manera de contar lo que ha ocurrido. Toda explicaci¨®n es relativa y pasajera. Y tiene inevitablemente un mensaje moral impl¨ªcito. Es importante ser conscientes de esto y saber tambi¨¦n que, por mucho que hagas, los pol¨ªticos (el poder) van a utilizar tu trabajo en funci¨®n de sus intereses¡±.
Jos¨¦ ?lvarez Junco ha abordado, siempre con maestr¨ªa, algunos fen¨®menos esenciales de la historia espa?ola
En La invenci¨®n del pasado, Miguel-Anxo Murado se ha propuesto entrar en el interior del laboratorio donde se hace la historia para contar c¨®mo se fabrica el pasado y cu¨¢nto tiene de verdad. ¡°La historia es como la ceniza de un incendio¡±, escribe. ¡°No es el incendio, ni siquiera un resto del fuego, sino tan solo un vestigio de los efectos del incendio. El viento sopla constantemente, dispers¨¢ndola¡±. ?Qu¨¦ hacer, entonces, con algo tan vol¨¢til como esas cenizas, c¨®mo atraparlas y organizar un relato coherente?
¡°La historia no es simplemente la recuperaci¨®n del pasado¡±, contesta Murado por correo electr¨®nico, ¡°lo cual, en sentido estricto, es imposible, porque ya no existe; es m¨¢s bien el esfuerzo por darle un sentido a lo que nos queda de ¨¦l, que son solo un n¨²mero limitado de vestigios. Puesto que somos nosotros quienes le damos el sentido, la historia es en gran parte una proyecci¨®n del presente, una especie de met¨¢fora de nuestro propio tiempo¡±.
?Cu¨¢ndo ha tenido el poder pol¨ªtico mayor influencia en la construcci¨®n de la historia de Espa?a? ¡°Bueno, en Espa?a han escrito la historia desde un rey ¡ªAlfonso?X¡ª hasta un presidente de Gobierno ¡ªC¨¢novas del Castillo¡ª. Comparado con eso, el historiador nunca ha estado m¨¢s lejos del poder que hoy en d¨ªa. Lo que ocurre es que cuando leemos una historia que no nos gusta tendemos a considerarla siempre fruto de la manipulaci¨®n interesada. Subestimamos la fuerza evocadora que tiene el discurso hist¨®rico, yo me atrever¨ªa a decir que casi m¨¢gica, y que hace que tanto unos como otros crean sinceramente en lo que dicen. El poder apoya el tipo de historia que le interesa, sin duda, pero eso no bastar¨ªa si la gente no quisiera creerla. La ¨²nica cura para el fanatismo que inspira la historia es preventiva: no darle tanta importancia¡±.
¡°Como dec¨ªa Froude, un historiador del siglo XIX¡±, escribe Murado en su libro, ¡°la historia es como una imprentilla infantil en la que uno puede elegir las letras que quiere y ordenarlas en la forma que quiere para que digan lo que a ¨¦l le apetece¡±. Es posible, pues, que en ese particular taller se crearan los relatos m¨¢s disparatados para celebrar las haza?as de un rey o para dar sentido a un proyecto de futuro, qui¨¦n sabe, ese destino en lo universal que aireaba el franquismo. ?Cu¨¢les han sido los mitos m¨¢s disparatados que se han colado en la historia de Espa?a? ¡°Yo no los llamar¨ªa ¡®mitos disparatados¡¯ porque creo que los mitos hist¨®ricos cumplen siempre una funci¨®n, lo interesante es detectarlos y tratar de explicar cu¨¢l¡±, explica Miguel-Anxo Murado. ¡°Hoy nos puede resultar disparatado que en el pasado los espa?oles se creyesen descendientes de la familia de No¨¦. Pero eso era fruto de la necesidad psicol¨®gica de enlazar su historia con la Biblia de un pueblo para el que el cristianismo era la base de su identidad. Hoy hacemos algo parecido cuando, desde la historiograf¨ªa que sea, elegimos arbitrariamente hechos hist¨®ricos para convertirlos en nuestros or¨ªgenes o seleccionamos aquellos que nos proporcionan una sensaci¨®n de continuidad y conexi¨®n con el pasado¡±.
De esos hechos hist¨®ricos que han servido para darle sentido y continuidad a la naci¨®n espa?ola se ocupa un voluminoso libro recientemente publicado. Hace unos seis a?os, los historiadores Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi y Andr¨¦s de Blas se plantearon el desaf¨ªo de realizar una suerte de estado de la cuesti¨®n de lo que es la Historia de la naci¨®n y del nacionalismo espa?ol. El libro tiene m¨¢s de 1.500 p¨¢ginas, han participado 48 especialistas y es un viaje por las historias, y l¨®gicamente por los mitos, que han terminado por hacer de Espa?a lo que es.
¡°Antes de que surgiera la propia idea de naci¨®n, exist¨ªan elementos que le daban cohesi¨®n a ese colectivo que ser¨ªa despu¨¦s, hablando con m¨¢s propiedad, la naci¨®n espa?ola¡±, explica Andr¨¦s de Blas. ¡°Desde la ¨¦poca de los Reyes Cat¨®licos se impulsaron ya distintas estrategias para dar cohesi¨®n a esa comunidad nacional que, m¨¢s adelante, seguir¨ªa reconoci¨¦ndose como tal durante la monarqu¨ªa de los Austria. El reformismo ilustrado del siglo XVIII reforz¨® las soldaduras de ese colectivo a trav¨¦s de una serie de discursos patri¨®ticos que luego heredar¨ªan los diputados de las Cortes de C¨¢diz. Es ah¨ª donde verdaderamente se puede hablar de revoluci¨®n, y de un proyecto de modernizaci¨®n de este pa¨ªs. Los liberales son conscientes de que no pueden legitimar el nuevo Estado con los viejos expedientes: el catolicismo, la monarqu¨ªa y las tradiciones. Y por eso empiezan a hablar de una comunidad de ciudadanos que defiende un orden de derechos y libertades. El acento se desplaza a la ciudadan¨ªa y a su Constituci¨®n, han dejado de servir los viejos se?ores¡±.
No hay referencia alguna a los asuntos de los nacionalismos perif¨¦ricos en el volumen. La protagonista exclusiva es la naci¨®n espa?ola. Desde muy pronto se da noticia de sus mitos, con el texto de ?lvarez Junco que abre el libro, as¨ª que tampoco hay que alarmarse: no se trata de ninguna casposa reivindicaci¨®n de esas esencias patrioteras todav¨ªa tan queridas por una parte de los espa?oles. Los cronistas que narraron, casi dos siglos m¨¢s tarde, el primer enfrentamiento b¨¦lico con los musulmanes recurrieron, cuenta ?lvarez Junco en su trabajo, ¡°a los modelos narrativos b¨ªblicos y a los de la Antig¨¹edad cl¨¢sica¡±. Hay una leyenda que se refiere a las guerras m¨¦dicas: en el a?o 480 antes de Cristo, las huestes de Jerjes fueron poco a poco aplastando las ciudades griegas hasta llegar al santuario de Apolo en la monta?a de Delfos. No hab¨ªa all¨ª m¨¢s que un pu?ado de aguerridos defensores frente a los fieros persas, pero el dios termin¨® por intervenir. Lanz¨® rayos y cayeron pe?ascos, y los temidos enemigos empezaron a matarse unos a otros en plena confusi¨®n. Los supervivientes huyeron, y no tardar¨ªan en perecer por un fuerte temblor de tierra y el desbordamiento de un r¨ªo: el pu?ado de griegos de Delfos hab¨ªa triunfado. ¡°El relato de Covadonga reproduc¨ªa este esquema casi al pie de la letra¡±, escribe ?lvarez Junco.
![¡°El franquismo coloniz¨® la idea de Espa?a, se la apropi¨®, y eso produce una enorme distorsi¨®n¡±, dice Javier Moreno Luz¨®n.](https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/6LKFTVRINTD7VBADXQF5GUI27Q.jpg?auth=bc0136261caf661b7931ef95c68b0922ca54687d841a0950f3ee8322946429df&width=414)
Los viejos h¨¦roes de Iberia e Hispania, las peripecias del pa¨ªs durante la Edad Media, los reinos que conviven en el siglo XV, el concepto de Espa?a que se arma durante el XVI y el XVII, y las ¨²ltimas iniciativas anteriores a la primera Constituci¨®n: as¨ª arranca esta propuesta, que luego explora con toda minuciosidad las formas del nacionalismo espa?ol durante el siglo XIX, la Espa?a de comienzos de la centuria pasada (hasta el estallido de la guerra) y la que vino despu¨¦s, y que se cierra con dos grandes cap¨ªtulos que analizan este pa¨ªs desde su periferia y desde el exterior.
¡°El orden liberal marca los derroteros de Espa?a desde 1812 hasta 1923, cuando triunfa la dictadura de Primo de Rivera¡±, comenta Andr¨¦s de Blas. ¡°Desde la Constituci¨®n de 1837, que define un orden liberal, urbano y burgu¨¦s y que establece el marco para la modernizaci¨®n econ¨®mico-social del pa¨ªs, las l¨ªneas de continuidad son evidentes, por mucho que se escoren, a veces hacia la izquierda (en 1869), a veces hacia la derecha (en 1845 y 1876). Al otro lado, como factores de resistencia, solo est¨¢n el carlismo, y su defensa de los valores tradicionales, y algunas asonadas militares¡±. Poco a poco surgir¨¢n esos ruidos que ir¨¢n haciendo mella en el proceso. Los nacionalismos perif¨¦ricos se fueron constituyendo en el Pa¨ªs Vasco y Catalu?a a lo largo de la segunda mitad del XIX, y se instalaron con m¨¢s fuerza al empezar el siglo XX. Y luego est¨¢ la impotencia del r¨¦gimen de la Restauraci¨®n, incapaz de acomodar en su seno a las nuevas fuerzas, ya fueran esos nacionalismos perif¨¦ricos, la clase obrera o los partidos reformistas.
En un libro publicado en 1983 sobre los or¨ªgenes y el desarrollo del nacionalismo, el historiador Benedict Anderson ¡°contemplaba las naciones como artefactos culturales modernos que surgen en un momento concreto, se transforman y adquieren, en determinadas circunstancias, una fuerza extraordinaria¡±. Javier Moreno Luz¨®n y Xos¨¦ M. N¨²?ez Seixas recogen la cita en la introducci¨®n que abre Ser espa?oles, un libro colectivo que busca profundizar en los imaginarios nacionalistas que han echado ra¨ªces en este pa¨ªs a lo largo de la pasada centuria. No permanece inmutable siempre la misma versi¨®n de las cosas, la cultura ¡°no consiste en un todo armonioso y coherente, sino que sus contenidos se negocian y se disputan entre sectores enfrentados en la esfera p¨²blica¡±, escriben Moreno Luz¨®n y N¨²?ez Seixas. De ah¨ª surge el proyecto, del af¨¢n de revisar esas disputas, y no tiene que ver para nada con reivindicaci¨®n alguna de las esencias patrias, sino que quiere, m¨¢s bien, dar cuenta de ¡°las vicisitudes¡± por las que ha pasado una identidad: qu¨¦ ha sido eso de ser espa?oles a lo largo del siglo XX. Los mitos, los s¨ªmbolos de Espa?a, el lugar que ocup¨® la Rep¨²blica, el papel de la religi¨®n o de la lengua o las lenguas, los toros, el deporte, el turismo o el cine, los mapas, la influencia de la capital, Am¨¦rica y la fiesta del 12 de octubre, la proyecci¨®n africana, la m¨²sica, la situaci¨®n de la mujer respecto a su identidad¡, en fin, la monarqu¨ªa.
¡°Es muy importante subrayar que el franquismo coloniz¨® la idea de Espa?a, se la apropi¨®, y eso produce una enorme distorsi¨®n¡±, dice Javier Moreno Luz¨®n. ¡°Toda la oposici¨®n a la dictadura, tanto la de izquierdas como los nacionalismos, identificaron as¨ª a Espa?a con el franquismo, y no quer¨ªan ni o¨ªr hablar de sus relatos, ni de sus s¨ªmbolos. De lo que se trataba, por tanto, era de construir una nueva identidad nacional, donde todos tuvieran sitio. La monarqu¨ªa representa un papel esencial en la construcci¨®n de esa nueva identidad, democr¨¢tica y constitucional. Sea como sea, la proyecci¨®n de lo que fuera esta nueva Espa?a tuvo un perfil bajo en los primeros a?os de la Transici¨®n. Solo tras el golpe del 23 de febrero se fue imponiendo la idea de que no se pod¨ªa dejar Espa?a y sus s¨ªmbolos en manos de la extrema derecha¡±.
¡°Un momento clave fue 1992¡±, subraya Moreno Luz¨®n: ¡°Se aprovecharon dos grandes eventos, los Juegos Ol¨ªmpicos que se organizaron en Barcelona y la Expo de Sevilla, para reelaborar los s¨ªmbolos tradicionales, quit¨¢ndoles el moho asociado a su viejo esencialismo para proyectarlos hacia el futuro. Juan Carlos I se hab¨ªa presentado ya como el piloto del cambio y el defensor de la democracia contra sus enemigos en el 23-F. Y aquel a?o se reinventaron los v¨ªnculos con Am¨¦rica, 500 a?os despu¨¦s de la conquista, disolviendo cuanto tuviera que ver con las atrocidades que se cometieron durante la conquista para reforzar la idea de una comunidad de iguales, donde el papel de Espa?a fuera el de servir de puente entre aquella Am¨¦rica lejana y una Europa cada vez m¨¢s pr¨®xima. Fue entonces cuando empezaron las cumbres iberoamericanas¡¡±.
La cuesti¨®n de las identidades est¨¢, sin embargo, siempre sometida a disputas. Y es verdad que hubo un tiempo en que las aristas m¨¢s conflictivas entre los nacionalismos perif¨¦ricos y el espa?ol quedaron eclipsadas por un proyecto de futuro. En los Juegos Ol¨ªmpicos convivieron la bandera espa?ola y la senyera, no hab¨ªa grandes conflictos. ¡°Fue con la llegada de Aznar al poder cuando se produjo un reforzamiento del nacionalismo espa?ol¡±, observa Moreno Luz¨®n. ¡°Reformul¨® la celebraci¨®n del 12 de octubre e impuls¨® la ense?anza de la historia de Espa?a. De regreso de un viaje a M¨¦xico, e impresionado por la enorme bandera que se desplegaba en el z¨®calo del Distrito Federal, decidi¨® hacer algo semejante aqu¨ª y se iz¨® aquella inmensa ense?a en la plaza de Col¨®n de Madrid. Era un viraje que no iba a gustar mucho ni a los nacionalismos perif¨¦ricos ni a las fuerzas de izquierda. No hay que olvidar que es en las manifestaciones contra la gesti¨®n del desastre del Prestige y contra la guerra de Irak cuando vuelven a verse en las calles numerosas banderas republicanas. Y por el lado nacionalista se acentuaron din¨¢micas propias: la reacci¨®n condujo en el Pa¨ªs Vasco al plan Ibarretxe, y en Catalu?a al proyecto de modificar el Estatut¡±. Las viejas inquinas en torno a los rasgos identitarios de Espa?a y de sus nacionalidades volvieron, as¨ª, a primer plano. Y en esas andamos.
Pueblo y naci¨®n. Homenaje a Jos¨¦ ?lvarez Junco. Javier Moreno Luz¨®n y Fernando del Rey (editores). Taurus. Madrid, 2013. 416 p¨¢ginas. 10,99 euros. La invenci¨®n del pasado. Verdad y ficci¨®n en la historia de Espa?a. Miguel-Anxo Murado. Debate. Barcelona, 2013. 230 p¨¢ginas. 16,90 euros. Historia de la naci¨®n y del nacionalismo espa?ol. Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi Aizpur¨²a, Andr¨¦s de Blas Guerrero (directores). Galaxia Gutenberg / C¨ªrculo de Lectores. Barcelona, 2013. 1.518 p¨¢ginas. 39 euros. Ser espa?oles. Imaginarios nacionalistas en el siglo XX. Javier Moreno Luz¨®n y Xos¨¦ M. N¨²?ez Seixas (editores). RBA. Barcelona, 2013. 592 p¨¢ginas. 23 euros.
Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
?Tienes una suscripci¨®n de empresa? Accede aqu¨ª para contratar m¨¢s cuentas.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.
Sobre la firma
![Jos¨¦ Andr¨¦s Rojo](https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/https%3A%2F%2Fs3.amazonaws.com%2Farc-authors%2Fprisa%2F01e0d048-88fa-4aec-b8d2-c37f2d3e0864.jpg?auth=877a80e54029894c6873416ac43945f6f57c34b86884e948aa8bdd03fc509ca0&width=100&height=100&smart=true)