Nada de perder el tiempo
Milena Busquets autora de 'Todo esto pasar¨¢' cuyo manuscrito despert¨® gran expectaci¨®n en la Feria de Frankfurt y ha firmado contratos de traducci¨®n en m¨¢s de 30 pa¨ªses
A partir de cierta edad y de unos cuantos muertos, lo ¨²nico que hacemos es huir de los fantasmas. Primero tuve que convencerme de que mi madre no se hab¨ªa convertido en uno. Durante unos d¨ªas, estuve (secretamente) convencida de que un gato negro que hab¨ªa visto desde la ventana, un d¨ªa que me levant¨¦ a beber agua a las cuatro de la madrugada, era su reencarnaci¨®n. El gato estaba inm¨®vil debajo de una farola y me miraba fijamente. Finalmente llegu¨¦ a la conclusi¨®n de que no deb¨ªa de ser mi madre porque:
1. Nosotros somos una familia de perros de toda la vida. Una vez, yo, como acto de rebeld¨ªa, recog¨ª a un gato abandonado y, al cabo de pocos meses se tir¨®, literalmente, por el balc¨®n (no se mat¨®, pero nuestra relaci¨®n ya no volvi¨® a ser la misma, ahora vive con mi ex. La uni¨®n hace la fuerza). Mi madre, despu¨¦s de llorar un rato, por si acaso se hab¨ªa muerto el gato, me dijo: ¡°?Ves como no se puede tener gatos?¡±.
2. El gato no regres¨®. A la noche siguiente, me puse el despertador a las cuatro y estuve esperando, mirando por la ventana, pero no vino nadie. A las cinco volv¨ª a la cama. Mi madre ten¨ªa muchos defectos, pero la impuntualidad no era uno de ellos.
La segunda se?al inequ¨ªvoca que tuve de que no se hab¨ªa convertido en un ente sobrenatural fue un d¨ªa mientras charl¨¢bamos (imaginariamente, claro). Yo me lamentaba de echarla de menos y ella me dec¨ªa que me dejase de tonter¨ªas, que la vida me iba muy bien y que era de p¨¦sima educaci¨®n ser tan desagradecida. Al final me dijo: ¡°?Qu¨¦ m¨¢s quieres?¡±. Y yo: ¡°No s¨¦, algo¡±.
Y justo en ese momento exacto, recib¨ª un mensaje de un t¨ªo que no es que me gustara much¨ªsimo, pero bueno, y pens¨¦: ¡°?Ah! Esto s¨ª que es una se?al, me est¨¢ diciendo que este t¨ªo, a pesar de tener las manos peque?as y de ser un pel¨ªn cursi, es el hombre de mi vida¡±.
Entonces le respond¨ª con gran entusiasmo (no del modo despectivo habitual) y nunca m¨¢s me volvi¨® a decir nada, ni una palabra. Y aunque todos en mi familia tenemos una cierta propensi¨®n al sadismo en las relaciones (resultado, creo, de ver tantas pel¨ªculas de Ingmar Bergman), mi madre nunca me hubiese lanzado a los brazos de un hombre cursi. La crueldad tiene un l¨ªmite.
En fin, me voy corriendo a recoger a mi hijo a clase de ukelele. Este verano vamos a hacer cosas ¨²tiles, nada de perder el tiempo como cada a?o.
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