Reencuentros
A veces llegan llamadas de gente perdida en la noche de las agendas y empiezan a hablar con la sutil adivinanza de su voz antigua, como un examen desigual en el que comprobar la ingratitud de nuestro olvido. Dicen: "?A que no sabes qui¨¦n soy9", y vamos dando nombres contempor¨¢neos como manotazos al aire que nos hunden en nuestro propio pedestal de barro. Hasta que el interlocutor se quita el embozo y le vemos por fin, sentado en el mismo pupitre o llev¨¢ndose a nuestra primera novia, como una aparici¨®n montada en el auricular. Entonces el portavoz del pasado nos convoca al reencuentro en forma de aniversario o de cena de ex alumnos y decimos que s¨ª porque en estas condiciones una negativa es lo m¨¢s parecido a la muerte. Si no vamos es que no fuimos. Y nos quedan tan pocas cosas enteras que no podr¨ªamos soportar un agujero en la biograf¨ªa.Hay un punto de pel¨ªcula de terror en esta inmersi¨®n s¨²bita hacia atr¨¢s. ¨ªbamos a encontramos con un grupo de adolescentes y en realidad acabamos cenando con nuestros propios padres porque ya somos nuestros propios padres. Nos conocimos en la l¨ªnea de salida y ahora miramos de ocultar las bolas que nos han tocado en nuestro bingo adulto. El afortunado se olvida la corbata y el empleado lleva su mejor traje. Besamos por fin a aquellas que tantas veces quisimos besar y en sus arrugas aprendemos que la vida es una piel de mujer revisitada. Estuvimos tan cerca como lo est¨¢n las cartas barajadas y ahora el juego se ha repartido as¨ª: el h¨¦roe del patio es el rey del caf¨¦ y la rubia ligona tiene varices. Pero emergen las mismas bromas y el ritual se alimenta con las mismas palabras. Y hablamos de un tiempo balneario convencidos de que es la ¨²ltima vez que podemos ba?amos en las aguas del mismo r¨ªo. Nos sacamos fotos que ser¨¢n memoria de la memoria y as¨ª poder recordar que alg¨²n d¨ªa hubo testigos de lo mejor de cada uno.
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