El documento de Barcelona
La relaci¨®n entre los nacionalismos espa?oles de signo perif¨¦rico est¨¢ lejos de ser uniforme a lo largo del siglo XX. El nacionalismo vasco parte de una sentida desconfianza hacia el caos racial y ¨¦tnico que representan los nacionalismos catal¨¢n y gallego. El nacionalismo catal¨¢n manifiesta desde sus or¨ªgenes un recelo intelectual y pol¨ªtico ante las posibilidades de sus cong¨¦neres vascos y gallegos. Solamente la debilidad del nacionalismo gallego ha situado a ¨¦ste en una posici¨®n de admiraci¨®n y vasallaje respecto a los dos adelantados en el proceso de construcci¨®n de unos notables movimientos pol¨ªticos. A partir de la inestabilidad nacida de estos prejuicios se van a construir, en distintas coyunturas del siglo, momentos de entendimiento que toman cuerpo definitivo en la transici¨®n. Es entonces cuando los nacionalismos perif¨¦ricos espa?oles adquieren clara conciencia de las ventajas de la uni¨®n cara a la superaci¨®n de un Estado centralista franquista que ellos confundir¨¢n, poco inocentemente, con el Estado liberal y con el propio Estado nacional. De este momento de entendimiento surge la aceptaci¨®n de un Estado auton¨®mico y la generalizaci¨®n del reparto territorial del poder. En la pugna entre la singularidad estatutaria heredada de la II Rep¨²blica y el "caf¨¦ para todos" va tomando cuerpo la idea de que las aspiraciones nacionalistas de Catalu?a, Pa¨ªs Vasco y Galicia tienen una mejor protecci¨®n en una generalizaci¨®n del Estado auton¨®mico a lo largo y ancho de Espa?a.En este contexto se inscribe el documento de trabajo "La colaboraci¨®n de las fuerzas nacionalistas de Galiza, Euskadi y Catalunya para una reformulaci¨®n de la concepci¨®n del Estado espa?ol y para el reconocimiento institucional de los respectivos derechos nacionales", adoptado en Barcelona los d¨ªas 16 y 17 de julio de este a?o, junto a una m¨¢s breve "Declaraci¨®n de Barcelona". Se trata de un envite superador de los anteriores en que se anuncia la disposici¨®n a abrirse a "la participaci¨®n de otras fuerzas m¨¢s all¨¢ de las nuestras". En sustancia, el documento se organiza en dos partes: visi¨®n conjunta ante el Estado y ante la Uni¨®n Europea. Por lo que hace al primero, concreta sus aspiraciones en el reconocimiento de unos derechos previos a la Constituci¨®n y en el inicio de unas pol¨ªticas conjuntas. El reconocimiento de esos derechos previos se materializa en la aceptaci¨®n del derecho de autodeterminaci¨®n y en el reclamo de la cosoberan¨ªa entendida como la "conquista de la libertad nacional mediante la acci¨®n conjunta para configurar un Estado plurinacional de tipo confederal". Este doble objetivo de derribo de la presente Constituci¨®n va acompa?ado de la demanda de una acci¨®n conjunta en el terreno de la pol¨ªtica territorial. Formar¨ªan parte de esta demanda la introducci¨®n de una nueva cultura pol¨ªtica, la competencia plena y exclusiva en legislaci¨®n sobre idiomas y culturas, el an¨¢lisis sobre el papel del Senado, la articulaci¨®n de la representaci¨®n de las nacionalidades ante el Tribunal Constitucional, el control efectivo de la seguridad p¨²blica no supracomunitaria, la competencia plena sobre la Administraci¨®n local, el establecimiento de un sistema de financiaci¨®n que garantice la autonom¨ªa y la suficiencia financiera, la competencia exclusiva sobre recursos naturales propios y el reconocimiento de la presencia internacional de las comunidades aut¨®nomas.
En su conjunto, se trata de unas demandas que apuntan a la destrucci¨®n del actual orden constitucional, tomando cuerpo con ellas un desaf¨ªo integral al orden pol¨ªtico vigente en Espa?a desde el inicio de la transici¨®n. Parten del Estado vigente buscando su superaci¨®n y apuntando hacia un orden confederal realmente singular en el contexto pol¨ªtico occidental. Se trata, pues, de un documento program¨¢tico de m¨¢ximos complementado con una visi¨®n de la Uni¨®n Europea que debe buscar "la integraci¨®n, debe evitar el uniformismo y la imposici¨®n, buscando y garantizando la libre adhesi¨®n de las realidades nacionales y pueblos de Europa, incorporando al n¨²cleo de la construcci¨®n de la Uni¨®n Europea la aplicaci¨®n del Derecho de Autodeterminaci¨®n de todos los pueblos europeos". "Debemos desarrollar conjuntamente una estrategia ante los organismos pol¨ªticos europeos dirigida al reconocimiento de las naciones catalana, gallega y vasca en la diversidad y pluralidad que compone este nuevo espacio y en particular a estar presentes en las decisiones que afectan a nuestras competencias de autogobierno nacional y a nuestros intereses espec¨ªficos".
La declaraci¨®n de Barcelona ignora la existencia de unos v¨ªnculos nacionales de signo espa?ol y supone un enfrentamiento abierto con la convivencia de hechos nacionales en el marco del Estado espa?ol. Documento carente de cordialidad, hay que interpretarlo, en el mejor de los casos, como una definici¨®n ret¨®rica capaz de amparar el proceso negociador de las comunidades aut¨®nomas representadas por las fuerzas pol¨ªticas que lo suscriben y el Estado. En el peor, como una declaraci¨®n de beligerancia respecto a la actual planta pol¨ªtica del Estado, para la que se pide el concurso de otras fuerzas regionalistas y nacionalistas sin que se aclare, sin embargo, el estatuto que se depara a las 14 comunidades aut¨®nomas restantes en esta nueva edici¨®n del pacto de "Galeuzca". En ambos casos, se trata de un documento grave por sus consecuencias y su inoportunidad que anuncia una estrategia de enfrentamiento a la que tarde o temprano deber¨¢n dar una respuesta coordinada las fuerzas pol¨ªticas estatales.
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