?Son Estados Unidos de Marte y Europa de Venus?
El antiamericanismo ha alcanzado una intensidad febril", inform¨® recientemente Robert Kagan (experto en temas estadounidenses y en el mundo posterior a la guerra fr¨ªa) desde Europa a The Washington Post (31 de enero de 2003). El Reino Unido estaba a la cabeza de sus ejemplos del "recelo, temor y aversi¨®n" europeos hacia EE UU: "En Londres, donde Tony Blair tiene que ir a trabajar todos los d¨ªas, uno se encuentra a las mejores mentes del Reino Unido postulando, con lenguaje sutil y melodiosos acentos de Oxbridge, las teor¨ªas conspirativas de Pat Buchanan acerca del secuestro neoconservador (l¨¦ase jud¨ªo) de la pol¨ªtica exterior estadounidense. Los acad¨¦micos m¨¢s dotados del Reino Unido examinan cuidadosamente todo lo que se escribe en Estados Unidos sobre Europa en busca de signos de imaginer¨ªa sexual despectiva" (Anti-europeanism in America, New York Review, 13 de febrero de 2003).
La llegada de los 'tigres eslavos' dar¨¢ a Europa un est¨ªmulo. La econom¨ªa del continente ya es del mismo tama?o que la de EE UU y est¨¢ creciendo
Europa no puede ser econ¨®micamente fuerte mientras EE UU sea econ¨®micamente d¨¦bil; mientras que en lo militar hay una dependencia unidireccional de Europa respecto a EE UU
El verdadero distintivo de Europa no es la debilidad, sino la diversidad: de Estados, naciones y opiniones, tanto como la reticencia popular a gastar en defensa
La controversia sobre la guerra de Irak ha demostrado que no es precisamente una l¨ªnea divisoria entre Europa y EE UU. La opini¨®n p¨²blica estadounidense est¨¢ desgarrada y los europeos est¨¢n divididos
La ¨²ltima frase debe ser una referencia a un reciente ensayo que escrib¨ª en el New York Review of Books. Bien, gracias por el cumplido, pero no por la implicaci¨®n. Si yo soy antiestadounidense, entonces Robert Kagan es belga. Puesto que ¨¦l y yo hasta ahora no nos hemos encontrado, ni en Londres ni en ninguna otra parte, ni conversado con acentos melodiosos o de otro modo, entiendo que la frase anterior no se puede referir a m¨ª; pero sea quien sea a quien se refiera, su indirecta es a¨²n m¨¢s inquietante. Ese par¨¦ntesis de dos palabras junto a neoconservador "(l¨¦ase jud¨ªo)", tan s¨®lo puede entenderse como que su cr¨ªtica de las opiniones neoconservadoras tiene, como m¨ªnimo, un deje de antisemitismo. ?sta es una acusaci¨®n muy seria, que deber¨ªa probarse o retirarse. Ilustra una vez m¨¢s c¨®mo las informaciones estadounidenses sobre el antiamericanismo europeo se mezclan con afirmaciones, imposibles de probar o refutar, de motivaci¨®n antisemita. Me llena de inquietud descubrir que un escritor tan sutil e informado como Robert Kagan emplee tal insinuaci¨®n.
'Imaginer¨ªa sexual'
Por lo que concierne a la imaginer¨ªa sexual, Kagan parece haberse ofendido por un pasaje en el que, discutiendo los estereotipos mutuos de EE UU frente a Europa (cowboys matones frente a mariquitas fl¨¢cidos), incluyo su ya famosa frase "los estadounidenses son de Marte y los europeos de Venus" (como en [el libro] Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus). O quiz¨¢ le irrit¨® descubrir que su trabajo se discut¨ªa bajo el titular El antieurope¨ªsmo en Estados Unidos.
Por tanto, comencemos por una necesaria aclaraci¨®n: Robert Kagan no es m¨¢s antieuropeo de lo que yo soy antiestadounidense. En su brillante art¨ªculo de Policy Review, ahora desarrollado en un peque?o libro con el t¨ªtulo Of paradise and power: America and Europe in the new world order (Del para¨ªso y el poder: EE UU y Europa en el nuevo orden mundial), ofrece una de las explicaciones m¨¢s penetrantes, originales e influyentes de las relaciones entre Europa y EE UU en los ¨²ltimos a?os. No llega a estar escrito al estilo sensacionalista del Final de la historia, de Fukuyama, o el Choque de civilizaciones, de Huntington, ambos art¨ªculos de prensa convertidos m¨¢s tarde en libros, pero discurre en esa direcci¨®n. Una raz¨®n de que haya tenido tal repercusi¨®n es su talento para la generalizaci¨®n descarada y la exageraci¨®n provocativa.
Una misma visi¨®n
"Es hora de dejar de fingir", comienza tanto el art¨ªculo como el libro, "que los europeos y los estadounidenses comparten una visi¨®n com¨²n del mundo, o siquiera que ocupan el mismo mundo" (la cursiva es m¨ªa). Prosigue dibujando lo que ¨¦l admite que es una "caricatura dual" de los europeos venusianos, creyentes en un mundo kantiano encerrado en s¨ª mismo, de leyes y normas, y de negociaci¨®n y cooperaci¨®n transnacionales, y los estadounidenses marcianos y marciales, conocedores de que el decisivo uso nacional del poder militar es necesario en el mundo hobbesiano que va m¨¢s all¨¢ del bonito y peque?o para¨ªso posmoderno europeo protegido por los estadounidenses. "Las razones de la l¨ªnea divisoria transatl¨¢ntica", escribe, "son profundas, desarrolladas durante largo tiempo y con probabilidad de perdurar". La actual controversia transatl¨¢ntica sobre Irak, a la que se hace ahora m¨¢s referencia en el libro, se ve como representativa, incluso arquet¨ªpica.
Kagan da tres razones de esta divergencia. La principal, a la que vuelve repetidamente, es la debilidad europea y el poder estadounidense (el art¨ªculo original se titulaba Poder y debilidad). Con esas expresiones quiere decir debilidad militar y poder militar. Apuntando al creciente abismo entre el gasto y la capacidad militares de estadounidenses y europeos, argumenta que cuando se es d¨¦bil se tiende a favorecer la ley, la paz, la negociaci¨®n, etc¨¦tera, y a no ver la necesidad del uso de la fuerza: "Cuando no se tiene un martillo, no se desea que nada se parezca a un clavo". Ni siquiera el Irak de Sadam. En un s¨ªmil muy gr¨¢fico, escribe que un hombre que camina por un bosque armado s¨®lo con un cuchillo tendr¨¢ una respuesta distinta frente a un oso que est¨¢ merodeando que un hombre armado con un rifle.
Su segunda raz¨®n es que la historia ha conducido a los europeos a una ideolog¨ªa diferente. Nosotros, humillados y conmocionados por nuestro propio pasado sangriento, damos una importancia mucho mayor a la paz como valor en s¨ª mismo. Aspiramos, junto a Immanuel Kant, a un mundo de paz perpetua. Querr¨ªamos que otros imitaran nuestro modelo europeo de integraci¨®n internacional. Preferir¨ªamos no o¨ªr los rugidos de la jungla que hay fuera. Hay una cierta tensi¨®n entre estas dos explicaciones: ?a los europeos no les gusta la guerra porque no tienen suficientes armas o no tienen suficientes armas porque no les gusta la guerra? En general, Kagan se inclina por la primera, una visi¨®n filos¨®ficamente materialista: el ser determina la conciencia. Pero tambi¨¦n tiene en cuenta una influencia en el otro sentido. Finalmente, atribuye algunas de las diferencias al hecho de que, desde el final de la guerra fr¨ªa, los europeos han estado intentando definir "Europa" como algo aparte de Estados Unidos, en vez de buscar una definici¨®n com¨²n de "Occidente".
?ste es un argumento inteligente e informado, y hay bastante miga en ¨¦l. Kagan tiene raz¨®n en desde?ar las pretensiones europeas de ser una potencia mundial, sin el peso militar, o deber¨ªa haber recalcado esto m¨¢s un organismo de pol¨ªtica exterior que lo ejerza. Cita al ministro de Asuntos Exteriores belga cuando dijo, en diciembre de 2001, que la fuerza militar de la UE "deber¨ªa declararse operativa sin que dicha declaraci¨®n se base en una capacidad real". Me gustar¨ªa saber exactamente la procedencia de esta cita; a diferencia de la mayor¨ªa de las citas directas de la versi¨®n en libro, carece de fuente, pero si es cierta, es memorable. No hemos avanzado mucho en los 10 a?os transcurridos desde que el luxemburgu¨¦s Jacques Poos pronunciara, sobre una Bosnia en proceso de desintegraci¨®n, su frase igualmente rid¨ªcula: "Ha llegado la hora de Europa".
Kagan tambi¨¦n tiene raz¨®n al recordarnos hasta qu¨¦ punto el milagro europeo que comenz¨® con la reconciliaci¨®n franco-alemana depend¨ªa, en realidad, del pacificador externo estadounidense. Incluso hoy, insin¨²a, EE UU est¨¢ "guarneciendo los muros del orden posmoderno de Europa". De modo que, empleando la famosa frase de Kipling, los europeos nos burlamos de los uniformes que nos guardan mientras dormimos.
Su remedio, en la medida en que lo tiene, es doble. En primer lugar, Europa deber¨ªa dejar de ser un "pigmeo militar" (la descripci¨®n procede de George Robertson, secretario general de la OTAN, nada menos). Eso significa que todos nosotros, pero Alemania especialmente, gastemos m¨¢s en defensa y unamos nuestros ej¨¦rcitos. En segundo lugar, deber¨ªamos seguir el consejo de Robert Cooper y reconocer que, m¨¢s all¨¢ de nuestro mundo posmoderno de la UE, hay un mundo moderno y un mundo premoderno ah¨ª fuera. Podemos ser kantianos en nuestro pueblo, pero debemos ser hobbesianos en la jungla que nos rodea. Sadam Husein se rige por la ley de la jungla; por tanto, debemos amenazarle con lanzas. Las dos partes del remedio est¨¢n obviamente relacionadas. Como el hombre del bosque, una vez que se tiene el rifle, se puede empezar a cazar el oso, y si se quiere cazar el oso, habr¨¢ que ir a buscar un rifle.
Hay, no obstante, algunos problemas evidentes con la tesis de Kagan. Una es ¨¦sta: si Europa no existe como un ¨²nico y serio actor de pol¨ªtica exterior, entonces ?c¨®mo demonios se puede generalizar sobre ella? Por ejemplo, B¨¦lgica y Luxemburgo no son, desde luego, marcianos o marciales, usando los t¨¦rminos de Kagan, pero el Reino Unido y Francia s¨ª lo son. Como reconoce en dos apartes ligeramente embarazosos, fue la Gran Breta?a de Blair la que presion¨®, contra la resistencia de los EE UU de Clinton, a favor del despliegue de tropas sobre el terreno en Kosovo. Eso en un momento en que los marciales estadounidenses segu¨ªan insistiendo en bombardear desde 15.000 pies de altura por si acaso uno de sus pilotos guerreros se quemaba el dedo me?ique. Durante tres d¨¦cadas, desde el final de la guerra de Vietnam hasta el 11 de septiembre de 2001, el Reino Unido y Francia estuvieron m¨¢s dispuestas a soportar bajas militares en el extranjero que Estados Unidos.
Adem¨¢s, la reciente controversia sobre la guerra de Irak ha demostrado que no es precisamente una simple l¨ªnea divisoria entre "Europa" y "Estados Unidos". La opini¨®n p¨²blica estadounidense est¨¢ desgarrada y los europeos est¨¢n divididos. El comentario de Kagan en Washington Post fue suscitado por la publicaci¨®n de un art¨ªculo de una "banda de los ocho" europea en el que reafirmaban la solidaridad transatl¨¢ntica contra Sadam como una reprimenda al eje francoalem¨¢n. La "banda de los ocho" inclu¨ªa a los primeros ministros del Reino Unido, Espa?a, Italia y Polonia, es decir, los cuatro pa¨ªses m¨¢s importantes de Europa despu¨¦s de Francia y Alemania; as¨ª como V¨¢clav Havel, el todav¨ªa presidente de la Rep¨²blica Checa y una de las mayores autoridades morales de Europa, y los l¨ªderes de Portugal, Dinamarca y Hungr¨ªa. (Posteriormente se uni¨® Eslovaquia, para convertirse en nueve). En su comentario, Kagan se alegraba del "coraje pol¨ªtico y moral sin parang¨®n" de estos l¨ªderes de lo que Donald Rumsfeld memorablemente llam¨® la "nueva Europa", ya que rend¨ªan tributo a "la valent¨ªa, la generosidad y la visi¨®n de futuro estadounidenses", contra la tendencia enfebrecida del antiamericanismo europeo. Pero tambi¨¦n pod¨ªa haber escrito: "?Vaya!, ?c¨®mo demonios encaja esto en mi tesis? Si, como sostengo, Europa es tan absolutamente venusiana, ?c¨®mo es que una parte tan grande de ella aplaude a Marte?".
Si yo quisiera ser pol¨¦mico, dir¨ªa: ?d¨®nde ha estado viviendo Robert Kagan todos estos a?os? La respuesta, tal como yo la entiendo, es Bruselas, o entre Bruselas y Washington. Y eso puede ser parte del problema. Sentado en Bruselas, escuchando tanta noble eurorret¨®rica acompa?ada de tan pocas acciones militares o diplom¨¢ticas eficaces, uno podr¨ªa f¨¢cilmente pensar como ¨¦l. Pero en la Europa extendida de 25 Estados miembros a partir de 2004, una ampliaci¨®n que apenas figura en su informe, el balance de actitudes ser¨¢ distinto. Es cierto que hay mucho antiamericanismo por todas partes, particularmente en lo que Rumsfeld llam¨® "la vieja Europa": Francia, Alemania, Luxemburgo y B¨¦lgica. Hay tambi¨¦n mucho escepticismo razonable y moderado acerca de la pol¨ªtica de Bush sobre Irak. Y luego hay una gran circunscripci¨®n electoral de americanizados y atlantistas, especialmente en las nuevas democracias de Europa Central y del Este.
En resumen, el verdadero distintivo de Europa no es la debilidad, sino la diversidad. Es la pura diversidad de Estados, naciones y opiniones, tanto como la reticencia popular a gastar en defensa, y m¨¢s que cualquier kantismo program¨¢tico, la principal raz¨®n de la debilidad de Europa en pol¨ªtica exterior y de seguridad. Si tan s¨®lo fu¨¦ramos capaces de poner en com¨²n y redirigir lo que ya gastamos en defensa, tendr¨ªamos una formidable fuerza expedicionaria europea para mandar a Irak, o a donde quisi¨¦ramos mandarla. Pero no lo haremos, porque los franceses siempre ser¨¢n franceses, los alemanes ser¨¢n alemanes, los brit¨¢nicos ser¨¢n brit¨¢nicos y los belgas ser¨¢n belgas.
Otro problema que tiene el libro de Kagan es su ¨¦nfasis casi exclusivo en el poder militar, sin prestar atenci¨®n a las otras dos dimensiones principales del poder: la fuerza econ¨®mica y el magnetismo cultural y social (el poder blando). Tiene raz¨®n al recordar a los europeos que el poder militar a la vieja usanza todav¨ªa cuenta: el continente posmoderno no vive en un mundo posmoderno. Pero descarta radicalmente el poder econ¨®mico y blando de Europa. En un reciente viaje a Estados Unidos descubr¨ª que aquello por lo que est¨¢ m¨¢s preocupada la mayor¨ªa de la gente no es la guerra contra Irak, sino la mala situaci¨®n de la econom¨ªa estadounidense. Por cierto, hay aqu¨ª una interdependencia de doble sentido -Europa no puede ser econ¨®micamente fuerte mientras EE UU sea econ¨®micamente d¨¦bil, y viceversa-, mientras que en la dimensi¨®n militar hay una dependencia unidireccional de Europa respecto de Estados Unidos. Y s¨ª, la complacencia con el Estado del bienestar, las diferencias nacionales, el exceso de reglamentaci¨®n, el corporativismo, las poblaciones envejecidas y nuestra incompetencia moral para alentar la necesaria inmigraci¨®n son todas fuentes en potencia de debilidad econ¨®mica europea. Pero la llegada de los tigres eslavos dar¨¢ a Europa un est¨ªmulo. La econom¨ªa europea ya es aproximadamente del mismo tama?o que la estadounidense. Europa est¨¢ creciendo tambi¨¦n de una forma que EE UU no puede. Su poder blando continuado se demuestra por el hecho de que no s¨®lo millones de personas, sino tambi¨¦n Estados enteros, quieren entrar en ella. Turqu¨ªa, por ejemplo.
El mundo kantiano
La menci¨®n de Turqu¨ªa plantea una dificultad m¨¢s con respecto al argumento de Kagan: ?d¨®nde acaba el mundo kantiano y empieza el hobbesiano? El vecino inmediato de Turqu¨ªa es Irak. La frontera atraviesa las tierras de los kurdos, el aspirante a Kurdist¨¢n. Tanto Turqu¨ªa como Irak han estado machacando a sus kurdos, de forma intermitente, durante bastante tiempo. Pero EE UU est¨¢ exhortando a la Uni¨®n Europea a que admita a Turqu¨ªa, para alentar su adhesi¨®n a Occidente por el bien conocido proceso europeo de "condicionalidad que conduce finalmente al ingreso", mientras nos instan al mismo tiempo a unirnos a una guerra contra Sadam. Por tanto, ?empieza la jungla en la frontera turco-iraqu¨ª? ?Debemos ser kantianos, europeos y posmodernos aqu¨ª, pero hobbesianos, estadounidenses y premodernos a s¨®lo unos cientos de metros al otro lado de la l¨ªnea? Una r¨¢pida reflexi¨®n muestra que se necesitar¨¢n ambas actitudes, especialmente si se quiere llevar a cabo con alguna garant¨ªa de ¨¦xito la reconstrucci¨®n democr¨¢tica del Irak de la posguerra. Seg¨²n una ocurrencia ya familiar, EE UU cocina y Europa lava los platos.
El propio Kagan concluye de manera conciliadora. A diferencia de otro especialista en pol¨ªtica exterior estadounidense, Charles A. Kupchan, insiste en que no hay "choque de civilizaciones" entre Europa y EE UU. Europa deber¨ªa robustecer su poder militar y estar preparada para utilizarlo un poco m¨¢s duramente en la jungla que hay fuera, y EE UU, afirma en la ¨²ltima p¨¢gina, deber¨ªa manifestar un poco m¨¢s de lo que los padres fundadores denominaron "un respeto decoroso por la opini¨®n de la humanidad". Estados Unidos necesita a Europa, Europa necesita a EE UU, y ambos compartimos los valores comunes de Occidente. Estoy de acuerdo. Su libro es un importante desaf¨ªo para los europeos, especialmente, para que sea as¨ª. Pero eso no es lo que dec¨ªa en la primera p¨¢gina, que es que los europeos y los estadounidenses ni siquiera ocupan el mismo mundo. Y por eso, no por su conclusi¨®n conciliadora, es por lo que se le est¨¢ citando tanto. Con una amplia circulaci¨®n, esa es la "tesis de Kagan".
Por supuesto, esto es lo que tiende a ocurrir con esos art¨ªculos de opini¨®n convertidos en libros que tratan grandes temas. Al igual que en el pasado ten¨ªamos marxismo vulgar, ahora tenemos fukuyamismo vulgar, huntingtonismo vulgar, y pronto tendremos kaganismo vulgar. Francis Fukuyama puede seguir insistiendo hasta que la cara se le ponga morada en que ¨¦l se refer¨ªa a la Historia, no a la historia, pero la gente seguir¨¢ bramando: "?Qu¨¦ va a ser el final de la historia!". Sin embargo, el autor es hasta cierto punto c¨®mplice, ayudado e instigado por los redactores y editores, de hacer una descarada exageraci¨®n para captar la atenci¨®n sobre sus tesis... y vender. La ley hobbesiana de la jungla intelectual nos conduce, quiz¨¢ a veces en contra de nuestro mejor criterio, a convertirnos en lo que Jakob Burkhardt llam¨® los terribles simplificateurs.
El peligro real ahora es que el kaganismo vulgar se haga popular a ambos lados del Atl¨¢ntico porque la gente en EE UU y Europa, o bien simplemente crea en la "caricatura dual" de Kagan, o, y creo que esto est¨¢ ocurriendo, est¨¦ buscando activamente modos de expresar y resaltar la diferencia transatl¨¢ntica. Kagan podr¨ªa producir el efecto contrario al que claramente pretende producir. Su conclusi¨®n s¨®lo demostrar¨¢ estar en lo cierto si los estadounidenses y los europeos coinciden en que su comienzo est¨¢ equivocado.
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