Derechos y privilegios
Votado definitivamente en el Congreso la modificaci¨®n del C¨®digo civil en materia de derecho a contraer matrimonio, con la Ley por fin en vigor, y las parejas del mismo sexo contrayendo matrimonio en la mayor¨ªa de los casos sin problemas, se ha acabado con una discriminaci¨®n hist¨®rica, que imped¨ªa a muchas personas desarrollar su vida en plenitud de derechos, por el simple hecho de no tener una orientaci¨®n sexual mayoritaria.
Mucho ha llovido -o mejor dicho debiera haber llovido- desde que el proyecto de ley vio la luz y se empezaron a producir los primeros debates sobre la conveniencia o no de esta reforma. Visto con perspectiva, como sociedad hemos avanzado con este debate. Al principio se produjeron ataques furibundos en contra de todo lo que supusiera la ampliaci¨®n de derechos al colectivo homosexual. M¨¢s adelante la oposici¨®n pol¨ªtica -fundamentalmente PP- plante¨® que "derechos s¨ª, pero que no se llamen matrimonio". Sin duda hab¨ªamos progresado. Algunos pudieron pensar que en realidad este progreso -en el caso del PP- era m¨¢s una cuesti¨®n de mercadotecnia electoral que de cambio real. Los que pensaban esto se apoyaban en intervenciones como la del experto (dicho lo de experto con todo el respeto hacia los expertos) -Aquilino Polaina- que demostraban que la oposici¨®n a la ley que ampliaba el derecho a contraer matrimonio por parte del PP no era una cuesti¨®n terminol¨®gica, sino una cuesti¨®n de fondo. Pero en aquel momento no hab¨ªa que juzgar sus intenciones. Si ellos lo dec¨ªan, tendr¨ªamos que creerlo. Adem¨¢s, el hecho de que la derecha espa?ola defendiera los mismos derechos civiles y sociales para las minor¨ªas sexuales y redujera su oposici¨®n a la reforma del C¨®digo civil a una cuesti¨®n puramente sem¨¢ntica, era todo un avance respecto de la ¨²ltima d¨¦cada.
?Entonces, c¨®mo cab¨ªa encajar el discurso de la igualdad de derechos, con la convocatoria de la manifestaci¨®n del 18 de junio en Madrid y la participaci¨®n activa de los m¨¢ximos dirigentes del PP? ?C¨®mo encajar el anuncio hecho -nada menos que por el presidente del PP, Rajoy- de la presentaci¨®n ante el Tribunal Constitucional de un recurso de inconstitucionalidad contra la ley que ampl¨ªa el derecho a contraer matrimonio? Resulta dif¨ªcil seguir crey¨¦ndoles. Naturalmente se argumentar¨¢ que la intenci¨®n no es recortar los derechos del colectivo homosexual, sino proteger a la familia. Entremos pues entonces de lleno en la cuesti¨®n de la familia y su protecci¨®n.
La familia ha experimentado un gran cambio en las ¨²ltimas dos d¨¦cadas. S¨®lo hay que repasar los datos del INE para darnos cuenta de que la familia tradicional de padre, madre y m¨¢s de tres hijos -que era la habitual hace 30 a?os- ha dado paso a m¨²ltiples tipos de familia, tan distintas de la tradicional como diversas entre s¨ª. Familias monoparentales, familias reconstituidas, familias tradicionales, familias sin hijos, familias con hijos adoptivos... y tambi¨¦n, familias homoparentales, formadas por dos padres o dos madres y sus hijos.
Las familias homoparentales han sido las grandes olvidadas de los discursos de los detractores de la reforma del C¨®digo civil y de los manifestantes del d¨ªa 18 de junio. Este olvido naturalmente incluye a los menores afectados. Lo ¨²nico que ha importado es que ahora los matrimonios formados por personas del mismo sexo podr¨¢n adoptar conjuntamente. El imaginario colectivo conservador tiene una ¨²nica imagen de esto -bastaba con leer las pancartas-. La imagen es: dos hombres adoptando conjuntamente. ?Por qu¨¦? Pues, en primer lugar, porque las mujeres seguimos siendo invisibles, las lesbianas por supuesto, m¨¢s. En segundo lugar porque existe el prejuicio de que la ¨²nica manera de tener hijos para las parejas del mismo sexo es mediante la adopci¨®n, como si la orientaci¨®n sexual impidiese la reproducci¨®n natural.
Con estos presupuestos, naturalmente, quedan borradas las familias homoparentales. Las que ya existen ahora, no las que se formar¨¢n en el futuro. Las familias de gays y lesbianas que ya tienen hijos. Bien, porque los tienen de matrimonios heterosexuales anteriores, bien, porque han adoptado individualmente, bien, porque se han sometido a t¨¦cnicas de reproducci¨®n asistida o los han tenido de manera natural. La realidad es ¨¦sta, por mucho que para algunos sea invisible. Este tipo de familia, que ya existe, insisto, con el marco jur¨ªdico anterior a la reforma estaba desprotegida. En concreto, los menores, se encontraban en una desprotecci¨®n absoluta. Su desvinculaci¨®n jur¨ªdica respecto del progenitor no biol¨®gico los abocaba a situaciones pr¨®ximas al dramatismo, ante el fatal suceso de muerte o incapacidad del progenitor biol¨®gico o ante casos de separaci¨®n de los progenitores. Con la reforma estas situaciones podr¨¢n regularizarse.
Tambi¨¦n quedan cosas por hacer para un futuro pr¨®ximo. La filiaci¨®n compartida, como recientemente ha reivindicado una pareja, para las mujeres que tengan hijos conjuntamente mediante t¨¦cnicas de reproducci¨®n asistida, queda pendiente. De momento, deber¨¢n pasar por los tr¨¢mites de la adopci¨®n del menor por parte de la madre no biol¨®gica para gozar de la filiaci¨®n conjunta.
Durante estos meses de debate alguna gente se ha preguntado: ?por qu¨¦ el menor debe tener un v¨ªnculo jur¨ªdico con quien no es el progenitor biol¨®gico? Y la respuesta es: de la misma manera que tienen ese v¨ªnculo jur¨ªdico los padres y madres adoptantes que, evidentemente, no lo son biol¨®gicos. De la misma manera que lo tienen los padres que han consentido una reproducci¨®n asistida con semen de donante y por lo tanto no son padres biol¨®gicos. De la misma manera que lo tienen las madres que se han sometido a t¨¦cnicas de reproducci¨®n asistida con ovocitos de donantes y por lo tanto no son las madres gen¨¦ticas, aunque en este caso s¨ª gestantes. Todas estas personas que, a¨²n sin el v¨ªnculo biol¨®gico o gen¨¦tico, son los verdaderos padres y madres de sus hijos -nadie lo duda- s¨ª que gozan del v¨ªnculo jur¨ªdico que los acredita como tales. ?Por qu¨¦ entonces negar este v¨ªnculo jur¨ªdico a las familias homoparentales, si ambos progenitores son los verdaderos padres o las verdaderas madres, independientemente de la intervenci¨®n o no de cromosomas propios? La maternidad y paternidad tienen bastante m¨¢s que ver con el afecto, el cuidado, la comprensi¨®n, la generosidad -en definitiva- con el amor, que con los cromosomas. Esto lo saben muchos padres y madres. En consecuencia, todos los menores deben gozar de los mismos derechos y todas las familias deben gozar de la misma protecci¨®n por parte de los poderes p¨²blicos.
Esto, al parecer no lo comparten los manifestantes convocados por el Foro de la Familia, la jerarqu¨ªa eclesi¨¢stica cat¨®lica y la derecha pol¨ªtica, que ahora recurre esta ley que protege a un sector de menores hasta ahora desprotegido. Hay, a mi juicio, una diferencia que no resiste comparaci¨®n moral, entre los detractores de esta ley y los que la defendemos; entre los que se manifestaron el d¨ªa 18 de junio y los que salimos en las manifestaciones con motivo del D¨ªa Internacional del Orgullo Gay-L¨¦sbico. Hay una diferencia abismal entre ellos y nosotros. Nosotros nos manifestamos por los derechos de las familias, extremo que naturalmente incluye a las suyas. Ellos se manifiestan por los privilegios de su familia, extremo que naturalmente excluye a las nuestras. Que el cielo los juzgue. O mejor, juzguen ustedes mismos.
M¨®nica Oltra es abogada y colaboradora del Col¡¤lectiu Lambda.
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