Degenerados: el arte que odi¨® Hitler
En 1937, los nazis montaron una exposici¨®n de 700 obras de arte moderno para ridiculizar a los Picasso, Kandinsky, Klee o Chagall, a quienes consideraban ¡°enfermos mentales¡± y ¡°escoria¡±. El Museo Picasso de Par¨ªs evoca ahora una de las grandes verg¨¹enzas en la historia del arte
Los museos, esos recipientes de arte y de historia. Entrar en uno te puede deparar al mismo tiempo lo mejor y lo peor. El arte ¡ªel bueno¡ª proporciona placer, y la historia, en una amplia proporci¨®n de sus ¨¦pocas, proporciona horror. Por supuesto, lo mejor de la exposici¨®n El arte degenerado. El proceso del arte moderno bajo el nazismo, que acoge el Museo Picasso de Par¨ªs hasta el 25 de mayo, es la propia selecci¨®n de pinturas y esculturas: 59 obras de toda una embaja...
Los museos, esos recipientes de arte y de historia. Entrar en uno te puede deparar al mismo tiempo lo mejor y lo peor. El arte ¡ªel bueno¡ª proporciona placer, y la historia, en una amplia proporci¨®n de sus ¨¦pocas, proporciona horror. Por supuesto, lo mejor de la exposici¨®n El arte degenerado. El proceso del arte moderno bajo el nazismo, que acoge el Museo Picasso de Par¨ªs hasta el 25 de mayo, es la propia selecci¨®n de pinturas y esculturas: 59 obras de toda una embajada del arte moderno del siglo XX, presentes en Par¨ªs gracias a los pr¨¦stamos de numerosos coleccionistas privados y museos de Alemania, Francia, Estados Unidos, Suiza, Espa?a, B¨¦lgica¡ Lo peor va incorporado en el mismo t¨ªtulo de la muestra. Hitler y sus jerarcas llamaban as¨ª, ¡°degenerados¡±, a los pintores expresionistas y a los cubistas, a los dada¨ªstas y a los abstractos. A Picasso. A Chagall. A Matisse. A Kandinsky. A Klee. A Kokoschka. A Grosz. A Dix. A los del grupo Der Blaue Reiter (el jinete azul). A los del grupo Die Br¨¹cke (el puente). A tantos otros. A todos aquellos que no se limitasen a copiar de manera naturalista ¡ªy preferentemente en versi¨®n heroica¡ª a los seres, los lugares y las cosas de la vida.
Todos ellos eran ¡°escoria¡±, ¡°degenerescencia¡± de la especie humana, seg¨²n el t¨¦rmino difundido por el escritor h¨²ngaro Max Nordau en su panfleto de 1892 Degeneraci¨®n. Hab¨ªa que vigilar, controlar y ridiculizar aquellas obras, con especial dedicaci¨®n a las de los artistas jud¨ªos o bolcheviques¡, que para los nazis eran casi todos. Y lo hicieron con una exposici¨®n de 700 de ellas en M¨²nich, en el verano de 1937. O destruirlas: quemaron 5.000. Incluso acabar con sus autores: ocurri¨® en no pocos casos.
Algunas de esas pinturas y esculturas presentes en el extraordinario conjunto expuesto ahora en Par¨ªs son verdaderos cl¨¢sicos dentro de ese arte centroeuropeo del primer tercio del siglo XX odiado por Hitler. Es el caso de obras como Calle de Berl¨ªn (1913), de Ernst Ludwig Kirchner, prestada por el MoMA de Nueva York; Metr¨®polis (1916), de George Grosz, procedente del Museo Thyssen de Madrid; Rabino (1923-1926), de Marc Chagall, prestado por el Museo de Arte de Basilea, o Encuentro en la playa (1909), de Emil Nolde, que viene de Alemania. Muy cerca cuelgan Impresi¨®n 28 (1912), de Vassily Kandinsky, propiedad del Museo Guggenheim de Nueva York, y L¡¯Arl¨¦sienne, de Van Gogh (1888), que apenas ha tenido que cruzar el Sena para viajar desde el Museo de Orsay hasta el Museo Picasso. ?Y el propio Picasso? Arquetipo de artista degenerado y comunista para los nazis, seis son sus obras presentes aqu¨ª: Acr¨®bata y joven arlequ¨ªn (1905), Desnudo sentado sec¨¢ndose el pie (1921), Libro, cesta de frutas y mandolina (1924), Bebedora de absenta (1902), La familia Soler (1903) y Jarr¨®n y frutas sobre una mesa (1909).
Esta reconstrucci¨®n a escala reducida de aquella ignominia perpetrada hace 88 a?os por Hitler y Goebbels con la inestimable colaboraci¨®n de Adolf Ziegler, el pintor favorito del F¨¹hrer, se abre al visitante con una sala donde reposa en una vitrina la gu¨ªa original de la exposici¨®n maldita de M¨²nich. La foto reproduce una cabeza de piedra inspirada en los mo¨¢is de la isla de Pascua, y fue esculpida por Otto Freundlich, amigo de Picasso. Freundlich fue un artista polaco de origen jud¨ªo que busc¨® refugio en Francia huyendo de los nazis. En 1943 fue detenido por la polic¨ªa francesa de Vichy y enviado, primero, al campo de concentraci¨®n de Gurs y luego al de Drancy. Finalmente fue deportado e internado y asesinado en el campo de Sobibor o en el de Majdanek, los datos no son concluyentes. Otros artistas corrieron la misma o parecida suerte. Ernst Ludwig Kirchner, que hab¨ªa fundado el grupo Die Br¨¹cke, se suicid¨® en 1938 al enterarse de que cientos de sus obras hab¨ªan sido sacadas de Alemania o destruidas. La pintora alemana Elfriede Lohse-W?chtler, otra degenerada presente en la exposici¨®n del Museo Picasso, fue internada en 1940 en un hospital de Hamburgo con depresi¨®n nerviosa, esterilizada a la fuerza y finalmente exterminada dentro del programa Aktion T4, con el que los nazis pretend¨ªan acabar con los enfermos mentales.
En esta misma sala, sobre la inmensa pared de enfrente, hay un enorme friso con los ?1.400! nombres de los artistas considerados en su d¨ªa como degenerados. Y de entre ellos, en graf¨ªa m¨¢s oscura, aquellos que protagonizan esta muestra en el Museo Picasso. De las 60 obras malditas presentes en ella, pr¨¢cticamente la mitad estuvieron en la exposici¨®n de 1937 en M¨²nich, aunque en aquella ocasi¨®n rodeadas de insultos escritos en las paredes y escupidas por muchos de los visitantes. Muchas de ellas lucen hoy en su bastidor la inscripci¨®n ¡°EK¡± (Entartete Kunst, arte degenerado) y el n¨²mero de inventario con que fueron confiscadas. Quien quiera profundizar en el tema, puede visitar la web del Victoria & Albert Museum de Londres, que salvaguarda el inventario de 482 p¨¢ginas de aquellos artistas y sus obras confiscadas, vendidas o destruidas.
¡°Hemos querido rendir un homenaje a la belleza de todas estas obras de arte y tambi¨¦n reconstruir el relato de la forma en que los nazis las ridiculizaron y prohibieron. La idea de contar esta historia a la vez aterradora y apasionante tiene lugar ahora gracias a los hallazgos recientes que se han producido en Alemania y a las investigaciones realizadas desde hace a?os por instituciones como la Universidad Libre de Berl¨ªn o el Centro de Investigaciones sobre el Arte Degenerado de Hamburgo, con quienes hemos trabajado estrechamente¡±, explica Johan Popelard, comisario de la exposici¨®n del Museo Picasso.
¡°Mis gustos son como Alemania: han cambiado para mejor¡±, dijo Joseph Goebbels, que hab¨ªa admirado la obra de uno de los artistas ¡®degenerados¡¯, Emil Nolde
El hecho de que un gran n¨²mero de familias jud¨ªas francesas ¡ªcomo los Goldschmidt-Rothschild, propietarios de L¡¯Arl¨¦sienne, de Van Gogh¡ª fueran tambi¨¦n v¨ªctimas de expolio art¨ªstico por parte de los nazis durante todo el periodo de la Ocupaci¨®n (1940-1944) es una raz¨®n a?adida para la celebraci¨®n de una exposici¨®n as¨ª en Par¨ªs. Y no solo en Par¨ªs, sino en concreto en el barrio donde se encuentra el Museo Picasso, Le Marais, hoy reluciente meca de la gentrificaci¨®n tur¨ªstica pero antiguo gueto jud¨ªo de la capital francesa. A cinco minutos a pie se encuentra el Museo de Arte e Historia del Juda¨ªsmo.
La campa?a contra el arte degenerado iba directamente contra los artistas presentes en las colecciones p¨²blicas de los museos alemanes de la ¨¦poca, como los de Berl¨ªn, Wuppertal, Dresde, Colonia, D¨¹sseldorf, ?rfurt¡ Hay que recordar que Alemania, especialmente durante la Rep¨²blica de Weimar (1918-1933), fue un pa¨ªs pionero en la entrada de obras de arte moderno en colecciones p¨²blicas. Ning¨²n otro pa¨ªs pod¨ªa entonces compar¨¢rsele en cuanto al n¨²mero de obras procedentes del cubismo, el expresionismo, el dada¨ªsmo y la nueva objetividad, entre otros movimientos de vanguardia. Unas 20.000 de esas obras fueron confiscadas de las colecciones p¨²blicas por parte de los nazis en varias oleadas.
Esta polic¨ªa del arte ten¨ªa la forma de una comisi¨®n liderada por el propio Joseph Goebbels y por su fiel colaborador, el artista nazi Adolf Ziegler. Ellos fueron los responsables de establecer las fronteras entre el arte aceptable y el inaceptable. El caso de Goebbels es bien parad¨®jico. El siniestro ministro de Educaci¨®n P¨²blica y Propaganda del III Reich entre 1933 y 1945 hab¨ªa sido un admirador de uno de esos degenerados, el pintor expresionista Emil Nolde. Goebbels, licenciado en Filolog¨ªa Germ¨¢nica, hab¨ªa llegado a escribir poemas de car¨¢cter expresionista y era lo que suele denominarse ¡°una persona de inquietudes culturales¡±. Pero las claras directrices con respecto a la ¡°peligrosidad¡± y ¡°decadencia¡± de los artistas de vanguardia le hizo cambiar de gustos. ¡°Mis gustos son como Alemania: han cambiado para mejor¡±, le habr¨ªa dicho al historiador Eberhard Hanfstaengl, director de la Galer¨ªa Nacional de Berl¨ªn (seg¨²n la versi¨®n del excelente c¨®mic de reciente publicaci¨®n Deux filles nues (dos chicas desnudas), de Luz, antiguo ilustrador de la revista sat¨ªrica Charlie Hebdo y superviviente del atentado de 2015 que cost¨® la vida a 12 de sus compa?eros). Otro caso curioso es el de Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler y seguidor del pintor alem¨¢n (y degenerado, y presente en la exposici¨®n de Par¨ªs) Georg Schrimpf. A petici¨®n de Schrimpf, que iba a ser expuesto en la muestra Entartete Kunst de 1937, Hess llam¨® a Goebbels y le exigi¨® que lo sacara de esa lista maldita. Las pinturas no fueron retiradas porque Goebbels le respondi¨®: ¡°Como tenga que sacar de la exposici¨®n todos los cuadros que me piden¡, me quedo sin exposici¨®n¡±.
El 18 de julio de 1937, un d¨ªa antes de que la exposici¨®n del arte degenerado abriera sus puertas en el Instituto Arqueol¨®gico de M¨²nich, Hitler inauguraba en la misma ciudad la gran exposici¨®n sobre el arte oficial alem¨¢n. El F¨¹hrer pronunci¨® un violento discurso contra aquellos artistas ¡°cretinos¡±, ¡°locos¡± y ¡°enfermos mentales¡±. Para ¨¦l se trataba de una tarea de purificaci¨®n. Un proceso de ¡°cura¡± del pueblo alem¨¢n ¡ªdel aut¨¦ntico pueblo alem¨¢n, ario, antisemita, militarista y expansionista¡ª que lo salvaguardara de aquella escoria hecha de artistas bohemios pero capaces de vender sus obras por mucho dinero. Y no hay que pasar por alto un detalle: Hitler era, adem¨¢s de un alma purificadora en nombre de la raza aria, un pintor fracasado. En su autobiograf¨ªa Mein Kampf (Mi lucha) dej¨® claro que su ideal era ganarse la vida como artista. Intent¨® dos veces ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena¡ y en las dos fue rechazado (1907 y 1908). Cu¨¢nto pudo haber de envidia hacia todos aquellos artistas ¡ªdegenerados, s¨ª, pero de ¨¦xito¡ª es algo dif¨ªcil de cuantificar y f¨¢cil de sospechar.
Muchos de aquellos visitantes de la exposici¨®n de julio de 1937 coincid¨ªan con las cr¨ªticas y los insultos de los jerarcas nazis contra el arte moderno. Pero hab¨ªa otra parte del p¨²blico que acud¨ªa sencillamente para contemplar obras maestras del arte que, en algunos casos, ser¨ªan destruidas, y en otros, vendidas o desaparecidas. En ese sentido, y aunque sea una paradoja extrema, los nazis convirtieron aquello en una ins¨®lita caja de resonancia para que los grandes artistas modernos de Alemania fueran m¨¢s conocidos. M¨¢s de dos millones de personas visitaron estas exposiciones de artistas indeseables celebradas en M¨²nich, primero, y luego en otras ciudades de Alemania y Austria. Fueron visitadas por much¨ªsima m¨¢s gente que la que Hitler, Goebbels, Go?ring y compa?¨ªa dedicaron de forma simult¨¢nea tambi¨¦n en M¨²nich al arte oficial alem¨¢n. Aquel que pregonaba los ideales de la raza aria, el superhombre y la pureza racial, plagado de delicados rostros femeninos, paisajes buc¨®licos y esculturas griegas y romanas.
La muestra de Par¨ªs plasma con documentos, recortes de prensa y cartas no solo esa vocaci¨®n purificadora de los nazis, sino su predisposici¨®n a hacer caja con esos artistas que tanto odiaban. Mataban dos p¨¢jaros de un tiro: sacaban fuera del pa¨ªs las obras de los indeseables, preservando ¡°la pureza de Alemania¡±, y adem¨¢s algunos galeristas simpatizantes del III Reich, como Hildebrand Gurlitt, obten¨ªan buenos r¨¦ditos por ello. Ejemplo de todo esto fue la gran subasta de arte degenerado celebrada en Lucerna (Suiza) en junio de 1939, de la que el bueno de Gurlitt se llev¨® un buen bot¨ªn. Esas obras y muchas m¨¢s fruto de su rapi?a contra coleccionistas jud¨ªos se las dejar¨ªa a su hijo, Cornelius Gurlitt, propietario de una extraordinaria colecci¨®n de picassos, noldes, matisses y monets que sali¨® a la luz en 2013 tras permanecer oculta a?os y a?os en un enorme piso de Berl¨ªn.
Esta verg¨¹enza hist¨®rica no parece tener una f¨¢cil soluci¨®n. Hasta hoy, y a diferencia de pa¨ªses como Francia y Austria, en Alemania no hay una ley de restituci¨®n de obras de arte confiscadas a familias jud¨ªas, ni una base legal vinculante para los herederos de las v¨ªctimas que les permita presentar demandas de restituci¨®n prescritas. La reciente creaci¨®n de tribunales de arbitraje no parece haber resuelto el problema. A veces, la historia tambi¨¦n lo es: degenerada.