Montilla se suelta por escrito
El expresidente hace balance de su mandato en un libro que escapa del tono moderado, censura al Tribunal Constitucional y no rehuye la autocr¨ªtica.

A Jos¨¦ Montilla le caracteriza la discreci¨®n y moderaci¨®n. No solo por ese tono de voz pausado, en ocasiones apocado, sino por el propio contenido de sus palabras. Liberado desde hace ya m¨¢s de dos a?os de la presidencia de la Generalitat y del liderazgo del PSC, hace balance de su madato en un libro en el que se expresa como seguramente no lo hab¨ªa hecho nunca. Clar i catal¨¤ est¨¢ editado por RBA y es una conversaci¨®n-entrevista que mantiene con el periodista Rafael Jorba sobre la ¨¦poca convulsa del tripartito que presidi¨®. Estas son algunas de las cuestiones que se abordan.
La sentencia del Estatut. Probablemente es el cap¨ªtulo del libro en el que Montilla se muestra m¨¢s critico. Reconoce sin reparos que el PP logr¨® ¡°un cierto ¨¦xito¡± con una sentencia que, en su opini¨®n, jam¨¢s debi¨® producirse. Ese hecho, en s¨ª mismo, ¡°es lo m¨¢s grave, porque es sobre un texto que hab¨ªa votado el pueblo de Catalu?a¡±, dice. Y nunca hasta entonces hab¨ªa pasado una cosa similar.
El Constitucional se neg¨®
Explica que hizo todo lo posible para evitar que hubiera sentencia o para que fuese ¡°blanca¡±, incluyendo una visita al Rey. ¡°Tocamos todas las teclas¡±, asegura, incluso un almuerzo con Gregorio Peces Barba y Miquel Roca, dos padres de la Constituci¨®n, para influir en el tribunal.
En otro momento, dice que el Tribunal Constitucional pudo haber aplazado la sentencia hasta pasadas las elecciones auton¨®micas, pero no lo hizo ¡°voluntariamente¡± en lo que califica como ¡°un acto de hostilidad¡±.
Tampoco se est¨¢ de arremeter contra el Tribunal Constitucional, al que califica de ¡°muy cuestionado y con una legitimaci¨®n, desde el punto de vista moral y pol¨ªtico muy discutible¡±. Y se refiere directamente a los magistrados que formaban parte. De la presidenta, Maria Emilia Casas, afirma que ¡°no estuvo a la altura de las circunstancias¡±, porque ¡°no supo hacer de presidenta¡±. Asegura que el resto de jueces ¡°le tomaron la medida¡± y el sector conservador ¡°fue minando su autoridad¡±. Del magistrado Manuel Arag¨®n, propuesto por el Gobierno socialista y que se acab¨® alineando con el sector conservador, afirma que ¡°no es de fiar¡± y de su colega Pablo P¨¦rez Tremps cree que deber¨ªa haber dimitido al ser recusado para que el Gobierno nombrara otro sustituto.
¡°La capacidad de influencia de aquel Gobierno [el de Jos¨¦ Luis Rodr¨ªguez Zapatero] en el Constitucional era muy, muy limitada, mientras que la del PP era m¨¢s grande...los suyos hac¨ªan pi?a¡±, concluye Montilla para referirse al posicionamiento de los jueces.
Califica una parte
Las consecuencias. Aquella sentencia situ¨® a los socialistas catalanes en una oposici¨®n inc¨®moda, admite Montilla, que fue aprovechada por la derecha espa?ola, de la que dice que tiene una parte ¡°muy inculta, tremendamente irresponsable, del siglo XIX y muy casposa¡±. Tambi¨¦n reconoce que la izquierda perdi¨® la hegemon¨ªa que tuvo en la transici¨®n en los ¡°generadores de opini¨®n y el mundo de la cultura¡± y que en este terreno ¡°el PSOE se mueve a la defensiva, acomplejado en ocasiones...Esta es la realidad¡±. Y de aquellos vientos, estos lodos. ¡°Este t¨¦rmino de la transici¨®n nacional es un eufemismo que no se sabe qu¨¦ quiere decir¡±, sostiene Montilla refiri¨¦ndose a la expresi¨®n acu?ada por Artur Mas en su primera investidura. ¡°Mientras tanto, en transici¨®n, hacen humo y no hacen el trabajo. Nunca se ha hecho tanta agitaci¨®n y propaganda como ahora¡±. Tambi¨¦n alude al art¨ªculo del expresidente del Gobierno Felipe Gonz¨¢lez y la exministra Carme Chac¨®n publicado en EL PA?S, en el que se dec¨ªa que los ¡°efectos jur¨ªdicos de la sentencia son peque?os¡±. Montilla considera que eso es ¡°una verdad a medias¡± porque el Estatut ¡°no es exclusivamente un texto jur¨ªdico¡±. Y desde el punto de vista pol¨ªtico, el efecto lo califica de ¡°letal¡±.
El segundo tripartito. Montilla admite que ¡°visto con perspectiva, hubo demasiada continuidad¡± en el Gobierno que form¨®, aunque apostilla que ¡°pens¨¦ que era lo mejor¡± porque no se iba a producir una ruptura respecto del de Pasqual Maragall. Defiende el nombramiento de Joan Saura como consejero de Interior, aunque precisa que ¡°si se quiere quiz¨¢s hubiera podido elegir mejor a sus colaboradores¡±, en lo que se intrepreta como un reproche al secretario de Seguridad, el camale¨®nico Joan Delort que tambi¨¦n ha ocupado altos cargos en departamentos en manos de CiU y PSC.
En otro momento reconoce que se equivoc¨® por no nombrar un portavoz de su Gobierno, se declara ¡°muy poco intervencionista¡± y dice que nunca se pidi¨® una entrevista ni en TV-3 ni en Catalu?a. Admite con algo de resignaci¨®n la caricatura que se hace de ¨¦l en el programa Pol¨°nia y se pregunta si ¡°con otro presidente se hubiera podido hacer¡±. Lo que califica de ¡°desacertado¡± es que se colara un gag suyo antes del mensaje del 11 de septiembre de 2009.
¡°La sociovergencia
Cree que el balance de su Gobierno fue ¡°positivo¡± y recuerda que en aquellos cuatro a?os se pusieron en marcha m¨¢s kil¨®metros de autov¨ªa que en 23 de pujolismo, al igual que ocurri¨® con la extensi¨®n del metro o con el volumen de recursos concedidos por el Instituto Catal¨¢n de Fianzas. Y tambi¨¦n que inaugur¨® m¨¢s c¨¢rceles que Jordi Pujol. ¡°No s¨¦ si eso es bueno, pero lo cierto es que hab¨ªa una saturaci¨®n inaceptable¡±.
La distancia con Maragall. Montilla reprocha el ¡°papel un poco distante¡± que tuvo Pasqual Maragall en el proceso de elaboraci¨®n del Estatut y sale al paso de las acusaciones veladas que se le hicieron de airear su enfermedad. ¡°La palabra la tienen las personas de su entorno m¨¢s directo... La verdad sobre cu¨¢ndo se le detect¨® la enfermedad la sabr¨¢n sus familiares... y son ellos los que han de explicarlo cu¨¢ndo y c¨®mo lo crean oportuno¡±. Tambi¨¦n explica que se enter¨® por la televisi¨®n de que Maragall hab¨ªa convocado elecciones anticipadas y que no le hizo caso cuando le aconsej¨® que no rompiera con ERC porque la consecuencia ser¨ªa precisamente el adelanto electoral. Tambi¨¦n recuerda que Maragall particip¨® en una reuni¨®n con Zapatero y Artur Mas antes de que el l¨ªder nacionalista escenficiara en la Moncloa el pacto del Estatut y marca distancias con su inmediato antecesor. ¡°El presidente de la Generalitat ¡°no es alguien que reina dejando que los dem¨¢s lleven la cocina...En eso ten¨ªamos puntos de vista distintos¡±. Con todo, concluye que Maragall ¡°ser¨¢ el presidente del Estatut¡±, que ¡°dot¨® a Catalu?a del mayor grado de autogobierno que ha tenido nunca este pa¨ªs¡±.
La relaci¨®n con Zapatero. La sociovergencia que deseaba Zapatero para evitar que Montilla fuera presidente hubiera sido una soluci¨®n ¡°narcotizante¡± para Catalu?a, dice en el libro el exprimer secretario del PSC. Es conocido que Mas pact¨® en la Moncloa que gobernar¨ªa la lista m¨¢s votada ¡°pero eso no me vincula a m¨ª ni al PSC¡±, explica Montilla. Admite los aciertos de ZP en la defensa de los derechos civiles, como tambi¨¦n que sus desencuentros personales llegaron cuando Montilla ocup¨® la Generalitat, aunque ¡°los problemas se agudizaron en la etapa final¡±. La negociaci¨®n de la nueva financiaci¨®n la califica de ¡°muy dif¨ªcil¡± y cree que el resultado final se pod¨ªa haber logrado ¡°muchos meses antes¡±. En su opini¨®n ¡°se produjo un desgaste brutal, absolutamente innecesario¡±. Cuando se cerr¨® el pacto en 2009, con casi un a?o de retraso, la recesi¨®n ya estaba aqu¨ª y se empezaba a notar.
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