Trumbo, historia de los d¨ªas del miedo
El episodio de la persecuci¨®n del guionista es quiz¨¢ el m¨¢s conocido de esos a?os terribles de caza de brujas en EE UU

La historia de la Lista Negra y de los Diez de Hollywood, de las persecuciones de afiliados comunistas o hasta simpatizantes de esa ideolog¨ªa desatada en Estados Unidos con la Guerra Fr¨ªa, los desmanes enloquecidos y crueles del senador McCarthy y compa?¨ªa, el miedo, las delaciones y traiciones sufridas y cometidas en esa ¨¦poca y circunstancias han sido un tema recurrente en el cine, el teatro y la narrativa norteamericanos. Hace unos pocos a?os (2005), George Clooney retom¨® el asunto para su magn¨ªfica pel¨ªcula Buenas noches, buena suerte, en la que cuenta la historia de un grupo de periodistas capitaneados por el comentarista de la CBS Edward Murrow y su productor Fred Friendly, quienes se atrevieron incluso a desafiar al poderoso senador que se erigi¨® portavoz de la pureza ideol¨®gica de la Uni¨®n.
Ahora, a finales de 2015, Jay Roach ha filmado y estrenado el filme Trumbo (con guion de John McNamara), que acabo de ver y que me ha dejado cargado con el dolor del desasosiego, con la sensaci¨®n terrible de la evidencia de lo que pueden lograr los poderes de la manipulaci¨®n pol¨ªtica, la ortodoxia castrante, la estupidez humana y la envidia cuando se disfrazan de causa mayor al servicio de un pueblo o una naci¨®n. De c¨®mo pueden, incluso, condicionar la justicia y, m¨¢s a¨²n, la verdad. De c¨®mo pueden torcer las vidas de las gentes, y deformarlas, incluso acabarlas.
Trumbo es la historia del miedo, esa sensaci¨®n humana de no encontrar salida, de saberse siempre a expensas de los desmanes de grupos de poder
El episodio de la persecuci¨®n, represi¨®n y marginaci¨®n personal y art¨ªstica de Dalton Trumbo es quiz¨¢s el m¨¢s conocido entre los muchos casos que se vivieron durante esos a?os terribles de cacer¨ªa de brujas en la sociedad norte?americana. Y, como bien se sabe, aquella ¡°limpieza ideol¨®gica¡±, acometida en nombre de la seguridad nacional y los valores americanos, tuvo su manifestaci¨®n m¨¢s visible (aunque no la ¨²nica) en la exclusi¨®n de creadores en la industria del espect¨¢culo, aunque su punto clim¨¢tico recay¨® en la ejecuci¨®n de los Rosenberg, acusados de haber pasado a Mosc¨² los secretos del arma nuclear.
Pero es que lo ocurrido en Hollywood y alrededor de la figura de uno de los grandes guionistas del cine norteamericano se mantiene como una historia pertinente porque sigue siendo un testimonio ejemplarmente dram¨¢tico, revelador y aleccionador de c¨®mo el extremismo, el fanatismo y la pr¨¢ctica de la ortodoxia, sostenidos desde el poder y con el apoyo de la masa manipulada, puede destrozar carreras y vidas, culturas y sociedades con el aplauso colectivo o, cuando menos, con el silencio c¨®mplice y temeroso. Tambi¨¦n porque Trumbo es la historia del miedo, esa sensaci¨®n humana de no encontrar salida, de saberse siempre a expensas de los desmanes de grupos de poder (o de los que se erigen como sus vigilantes m¨¢s combativos) capaces de hacer al individuo sentirse siempre en peligro real o potencial, por completo a expensas de juicios y condenas dolorosas. Y porque representa la historia de una lecci¨®n m¨¢s de que, aun cuando se recupere la justicia y se superen los errores (y los horrores), las heridas sufridas por quienes fueron perseguidos, vilipendiados y reprimidos por sus ideas, gustos, creencias nunca son verdaderamente curadas, porque las cicatrices suelen ser indelebles.
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Lo m¨¢s significativo de la pel¨ªcula es que los hechos narrados son t¨ªpicos de una ¨¦poca pero a la vez universales, y la obra de arte, con sus recursos, potencia esa cualidad amplificadora. A trav¨¦s de una experiencia personal, grupal, propia de una ¨¦poca, se nos habla en este filme conmovedor, generador de indignaciones, de esa devastaci¨®n a la que puede ser sometida la dignidad humana por los fan¨¢ticos que se proclaman due?os de la verdad y la pureza ideol¨®gica de una sociedad.
La gran ense?anza del filme, gracias a la historia real que cuenta, es la que revela el personaje de Dalton Trumbo en sus discursos finales: todo el sufrimiento provocado, incluso la sangre derramada, no pudieron demostrar que existiera una verdadera culpa, un solo complot urdido por aquellos que resultaron marginados. Tambi¨¦n, que el paso del tiempo y el fin de las condenas serv¨ªan para algo tan importante como reparar la verdad, pero no alcanzaban para borrar los dolores de unas vidas maceradas por largos a?os. Y, en fin, que las posibles rehabilitaciones ¡ª?como la de Trumbo y sus colegas, como los centenares ocurridos en Mosc¨², de vivos y, sobre todo, de muertos¡ª nunca pagan el precio de lo sufrido por las v¨ªctimas. Porque la historia, que coloca (muchas veces, no siempre) los procesos y los personajes en su sitio, es una necesaria reparaci¨®n que llega a los libros, pero dif¨ªcilmente consigue recomponer las heridas del alma humana.
En un tiempo en que la banalidad art¨ªstica se impone y en la que se prefiere el olvido a la memoria, obras como Trumbo demuestran algo tan sabido pero cada vez menos considerado como es el compromiso del arte con la sociedad, como veh¨ªculo para enfrentarnos dram¨¢ticamente a la verdad, como b¨¢lsamo para la memoria.
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