El misterio de 'Gilda' y su oscura trastienda
Hay agazapado detr¨¢s de Gilda, filme dirigido por Charles Vidor en 1946, un mito universal y al mismo tiempo aldeano que ha trastocado las jerarqu¨ªas de la pel¨ªcula, muy notable por muchos conceptos. El legendario glamour de su protagonista, la infortunada Rita Hayworth, fue tan poderoso y tan manoseado que se lleg¨® a identificar a la mujer con su personaje, lo fij¨® prematuramente la imagen y la conciencia de una actriz poco experta que a¨²n buscaba su identidad como tal, provocando en ella una escisi¨®n que fue despu¨¦s uno de los factores desencadenantes de su devastaci¨®n mental posterior.Una persona es mucho m¨¢s que un fetiche de turbio consumo, de masas. Pero Rita Hayworth fue devorada como mujer por su infame ¨¦xito en esta pel¨ªcula, que arrastr¨® multitudes incalculables, que ensuci¨® su nombre al bautizar con ¨¦l una bomba de hidr¨®geno, que fue escupida y vitoreada por avalanchas hist¨¦ricas de signo aparentemente contrario pero en el fondo id¨¦nticas, que promovi¨® una enloquecida expedici¨®n a los Andes con objeto de enterrar en una de sus cimas una copia de la pel¨ªcula para que sobreviviese a una guerra at¨®mica, como reliquia de este tiempo.
El descomunal suceso sociol¨®gico -explicable como efecto secundario en la patolog¨ªa social de la posguerra- que constituy¨® la exhibici¨®n en casi todo el mundo de Gilda deterior¨® e incluso impidi¨® ver los aut¨¦nticos valores del filme, que es, sin embargo, uno de los m¨¢s sutiles de la tradici¨®n del g¨¦nero negro. Hoy, casi 40 a?os despu¨¦s de aquella ventolera, podemos contemplarlo fuera de la presi¨®n -e incluso represi¨®n- ambiental que lo adulter¨® y descubrir en ¨¦l un cine de rara, casi l¨²gubre belleza, de incomparable perfecci¨®n formal y sobre todo de algo muy poco usual en el comercio er¨®tico del star-system: un alarde de sentido de lo, indirecto e incluso de dominio de lo ambiguo.
La mirada de la c¨¢mara
Gilda, como historia, como f¨¢bula, posee un toque y un clima de extra?eza que probablemente originan, entre otros, algunos de sus aspectos formales y ciertas peculiaridades raras de ¨¦stos. El primero es la personalidad que adquiere la mirada de la c¨¢mara, que captura la aventura amorosa de Gilda, Johnny Farrel y Ballin Mundson, o de Rita Hayworth, Glenn Ford y George McReady. El principio de transparencia -ese grito: "?Que la c¨¢mara no se note!", que amas¨® el clasicismo de Hollywood y que, en parte, os¨® romper Orson Welles, jug¨¢ndose y perdiendo su carrera all¨ª- fue pulverizado por un maestro de fotograf¨ªa de talla excepcional, Rudolph Mat¨¦, que sin ning¨²n alarde gestual realiz¨® encuadres y movimientos de c¨¢mara de sorprendente audacia para la ¨¦poca, y aun incluso para hoy.Basta, para que el espectador tenga una referencia, con fijarse en la primera secuencia -la del rufianesco juego de dados en un barrio portuario de Buenos Aires- del filme. Sin la menor pirueta, Mat¨¦ va m¨¢s all¨¢ de las espectaculares innovaciones de Welles y consigue casi un milagro t¨¦cnico: que, en efecto, la c¨¢mara no se note y, sin embargo, ¨¦sta realice audac¨ªsimos desplazamientos casi invisibles, angulaciones ins¨®litas que, sin embargo, parecen naturales, y que van adhiri¨¦ndose paso a paso a los ojos del espectador y forz¨¢ndole a desdoblar lo que ve en la pantalla en un doble plano de contemplaci¨®n: las evidencias y algo vaporoso, inconcreto, que hay detr¨¢s de las evidencias.
De ah¨ª nace el misterio de la duplicidad de Gilda, que ha sido considerado como uno de los casos m¨¢s aut¨¦nticos de asunci¨®n del psicoan¨¢lisis, e incluso de los suburbios inexplorados del superrealismo, por el cine, ya que se trata no de una asunci¨®n argumental, sino metodol¨®gica.
Si Mat¨¦ dio con el tempo y la ¨®ptica secreta del filme, el director, Charles Vidor, amas¨® sus evidencias con competencia y vigor. No era un cineasta de genio, pero contaba, cuando realiz¨® Gilda, con dos ayudas inapreciables: una era la soltura de los insuperables equipos t¨¦cnicos de Hollywood en las claves narrativas del g¨¦nero negro, y otra, su conocimiento de la endeble situaci¨®n profesional de la actriz Rita Hayworth.
Vidor encontr¨® en Gilda el veh¨ªculo que Rita Hayworth necesitaba para ser algo m¨¢s que una bell¨ªsima mujer y una aceptable bailarina. Hizo que la inexperta actriz se apoyara como un gozne entre los dos expertos actores contendientes -Ford y McReady-, que cubrieron admirablemente las deficiencias de oficio de la Hayworth y le facilitaron as¨ª el juego, un juego de formidable m¨¦dium er¨®tica, del que Mat¨¦ y Vidor extrajeron im¨¢genes de extraordinario poder de sugesti¨®n y una parte de aquella duplicidad a que antes hice referencia. Por ejemplo, y tambi¨¦n como referencia al espectador, conviene detenerse en la importancia que tienen en su interpretaci¨®n la cabellera, la sonrisa, los brazos, la espalda, es decir, las im¨¢genes ext¨¢ticas de la Hayworth, lo que demuestra que el personaje se compuso m¨¢s que con recursos de dramaturgia, con buscas y rebuscas en aspectos parciales de la fisicidad de la mujer. Ah¨ª est¨¢ otro componente del misterio del filme y su car¨¢cter irrepetible, que hundi¨® la carrera de Rita Hayworth.
La pel¨ªcula, despu¨¦s de tantos a?os, mantiene intacto su misterio. Es un filme hermoso y mucho m¨¢s complejo de lo que parece, que hay que ver hoy con ojos afilados, tanto para desarbolar la superficial leyenda que origin¨® en su tiempo como para descubrir que bajo ¨¦l hay un trabajo cinematogr¨¢fico de primer orden, uno de los umbrales del cine moderno, en el borde de la perfecci¨®n.
Gilda se emite hoy, a las 22.00 horas, por la segunda cadena.
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