La renacionalizaci¨®n de los imperios
Tanto Estados Unidos como la Uni¨®n Sovi¨¦tica son incapaces de soportar por m¨¢s tiempo el coste de mantenimiento de sus respectivos imperios y de su continua competencia estrat¨¦gica.La posibilidad de funcionamiento de un sistema de potencia global reposa en dos requisitos fundamentales: la capacidad para equilibrar los gastos de la pol¨ªtica militar con desarrollo de la econom¨ªa civil y la capacidad para que la inversi¨®n de los recursos dedicados a su actuar como potencia mundial redunde en beneficios econ¨®micos. Ninguna de las dos superpotencias ha conseguido, hasta el momento, equilibrar costes y beneficios, si¨¦ndoles imposible, por tanto, seguir actuando como lo han hecho durante los ¨²ltimos 40 a?os.
La econom¨ªa interna de Estados Unidos est¨¢ profundamente condicionada por el gasto militar. Parte de este gasto vuelve, en el ciclo de la compleja creaci¨®n de la riqueza nacional, bajo la forma de desarrollo tecnol¨®gico y de pol¨ªtica asistencial indirecta. Pero este retorno, no obstante, no basta para compensar los gastos provocando que el sistema se desequilibre estructuralmente y genere p¨¦rdidas.
Adem¨¢s, los recursos que Estados Unidos ha transferido a Europa no han redundado en beneficio de la econom¨ªa nacional norteamericana. Al contrario, estos recursos han permitido a los pa¨ªses europeos (libres de gastos imperiales) competir eficazmente en el mercado estadounidense y multiplicar su potencial de penetraci¨®n en el mercado internacional. Tanto europeos como japoneses pueden utilizar el mercado abierto de EE UU al tiempo que mantienen cerrado y protegido el suya. En resumen, las regiones del imperio son ahora m¨¢s ricas que el propio coraz¨®n del mismo.
Para la URSS, el peso de esta pol¨ªtica como potencia y de la competencia mundial es mucho mayor. Los enormes costes tanto del aparato militar como del mantenimiento de los pa¨ªses sat¨¦lites se han visto, de hecho, amplificados por la ineficacia del sistema econ¨®mico comunista.
Norteamericanos y sovi¨¦ticos se enfrentan al mismo problema: reducir el coste de la carrera estrat¨¦gica y obtener un beneficio econ¨®mico de su poder¨ªo pol¨ªtico militar, es decir, recibir un flujo de recursos de los pa¨ªses por ellos controlados hacia sus respectivas econom¨ªas nacionales.
Empieza a decirse que los dos imperios est¨¢n decayendo. Esto no es cierto por el momento. Entrar¨¢n en una fase de decadencia tan s¨®lo si no consiguen resolver este problema.
Algunos acontecimientos recientes indican que ya ha comenzado el intento de reducir por com¨²n acuerdo el coste de la competici¨®n estrat¨¦gica mundial. Por ejemplo, el tratado INF (para eliminar las armas nucleares de alcance intermedio) constituye un primer paso para contener el coste de sus respectivos sistemas nucleares. Los acuerdos que se est¨¢n fraguando para la retirada cubana de Angola son un signo de colaboraci¨®n para limitar los gastos militares.
Todo esto no es ni paz ni decadencia. Se denomina, m¨¢s correctamente, renacionalizaci¨®n de los intereses pol¨ªticos globales EE UU y la URSS no disponen ya de un proyecto para el mundo Comparten el problema de enriquecer sus respectivas econom¨ªas nacionales tratando de transformar, de costes en recursos, su capacidad de ser una potencia mundial desde el punto de vista pol¨ªtico-militar.
Reducci¨®n pactada
La reducci¨®n de los gastos estrat¨¦gicos puede llevarse a cabo de forma pactada. Mucho m¨¢s dif¨ªcil es crear un flujo de retornos econ¨®micos desde las regiones de ambos imperios. Concretamente, es muy dif¨ªcil que en este proceso pueda mantenerse el actual equilibrio internacional.
Tanto Estados Unidos como la Uni¨®n Sovi¨¦tica deben competir para obtener mayores beneficios del sistema econ¨®mico de Europa occidental.
Para reequilibrar sus econom¨ªas nacionales han de penetrar m¨¢s profundamente en los mercados japoneses y europeos. Y lo cierto es que el primero tiende a permanecer impenetrable desde su cerrada estructura.
Por su parte, China, que en un per¨ªodo entre 20 y 30 a?os se convertir¨¢ en otro Jap¨®n, no da la impresi¨®n de que vaya a configurarse, a medio plazo, como un mercado sustitutivo suficiente para EE UU. En este sentido, Europa emerge como un mercado vital para Estados Unidos.
La URSS, para sobrevivir, ha de cambiar radicalmente su sistema econ¨®mico transformando el r¨¦gimen comunista en uno de tipo capitalista abierto, con el problema de mantener el actual sistema pol¨ªtico. Para ello, la nueva Rusia necesitar¨¢ del apoyo econ¨®mico, financiero y tecnol¨®gico de Occidente. Dados sus v¨ªnculos estrat¨¦gicos, es muy probable que la URSS intente apoyarse m¨¢s en Europa occidental que en Estados Unidos, incluso porque en relaci¨®n a Europa puede hacer un mejor uso. de su gran peso pol¨ªtico-militar (por ejemplo, la cuesti¨®n de la reunificaci¨®n alemana). En este sentido, Europa occidental aparece como clave en cuanto recurso imprescindible para la transformaci¨®n de la URSS.
Europa occidental, a partir de 1992, comenzar¨¢ a estructurarse como un gran mercado interior. Se crear¨¢ una Europa de consumidores, pero no una Europa de ciudadanos. En otras palabras, existir¨¢ un sistema econ¨®mico europeo de nuevo tipo, pero no un sistema pol¨ªtico integrado.Ello significa que las nuevas tensiones intemas y externas que caracterizar¨¢n la Europa de los a?os noventa no ser¨¢n administradas ni resueltas por una estructura pol¨ªtica supranacional eficaz, sino por las naciones individuales a la luz de sus intereses nacionales apenas vinculados a una l¨®gica comunitaria.
Una Europa econ¨®micamente m¨¢s fuerte pero pol¨ªticamente m¨¢s dividida est¨¢ llamada a convertirse en el centro del mundo como depositaria de los recursos ¨²tiles para la recapitalizaci¨®n de los dos imperios (un mercado intemo de m¨¢s de 300 millones de consumidores con una alta capacidad de adquisici¨®n y un enorme potencial financiero).
Esta situaci¨®n transformar¨¢ los equilibrios pol¨ªticos internacionales.
La nueva Rusia se convertir¨¢ en un polo de atracci¨®n econ¨®mica para los pa¨ªses europeos. Pero el vuelco europeo hacia la URSS y los pa¨ªses del Este crear¨¢ ten
siones pol¨ªticas (y econ¨®micas) con Estados Unidos. En concreto, tanto los norteamericanos como los sovi¨¦ticos intentar¨¢n utilizar su poder pol¨ªtico-militar
para provocar comportamientos econ¨®micos ventajosos por parte de los europeos, jugando sobre todo con la divisi¨®n y competici¨®n entre los propios pa¨ªses europeos.
En realidad, los riesgos para Europa son m¨²ltiples y de diverso tipo: una nueva Yalta econ¨®mica, entre EE UU y la URSS a costa de Europa; una guerra econ¨®rnica entre EE UU y Europa; una situaci¨®n en la que la URSS obligue a los europeos a pagar un creciente peso econ¨®mico a cambio de que se les garantice su seguridad estrat¨¦gica; un enorme incremento de los gastos de defensa impuesto por los norteamericanos como condici¨®n para mantener viva la OTAN y el control estrat¨¦gico occidental sobre el flujo de materias primas; una situaci¨®n conflictiva entre los pa¨ªses europeos basada en la competencia econ¨®mica intraeuropea y amplificada por presiones diferenciadas por parte de EE UU y la URSS sobre cada una de las naciones del viejo continente. A estos riesgos se vendr¨ªan a a?adir otros a largo plazo. Por ejemplo, la conversi¨®n al capitalismo de la Uni¨®n Sovi¨¦tica puede transformar a este pa¨ªs en el mayor competidor econ¨®mico de Europa occidental, provocando su decadencia estructural; la reacci¨®n interna a los cambios en la URSS puede provocar la restauraci¨®n de un r¨¦gimen militar-imperial mucho m¨¢s agresivo que el actual.
La Europa de las naciones.
Hoy por hoy, es dificil valorar de forma precisa estos riesgos. Sin duda, emanan del hecho de que Europa no es una entidad aut¨®noma e integrada desde el punto die vista pol¨ªtico. Los europeos han de entender que el desarrollo de su potencial econ¨®mico no puede separarse de su potencial pol¨ªtico y estrat¨¦gico. Han de comprender, sobre todo, que las condiciones internacionales que han permitido el desarrollo de la riqueza en Europa se han transformado: EE UU ya no puede garantizar la seguridad estrat¨¦gica del viejo continente y, sobre todo, no podr¨¢ permanecer por m¨¢s tiempo en la posici¨®n de acreedor.
El mantenimiento de la alianza entre EE UU y Europa ser¨¢ Posible tan s¨®lo como una alianza entre pares. Pero para llegar a este punto Europa debe acelerar el proceso de construcci¨®n de una direcci¨®n pol¨ªtica ¨²nica de la Europa de las naciones, modificando la aproximaci¨®n funciona? que crea una estructura de integraci¨®n econ¨®mica sin tocar, sustancialmente, el nivel pol¨ªtico. Antes de la creaci¨®n de un mercado interno europeo es necesario construir la asamblea constituyente europea y el acuerdo relativo entre las naciones.La nueva teor¨ªa pol¨ªtica de Europa debe basarse en la idea de una Europa que vaya de Portugal a Siberia y que se convertir¨¢ nuevamente en el centro del gobierno del mundo. Los europeos de Occidente deben empezar a decidir ya si la nueva capital estar¨¢ en el Este o en el Oeste.
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