La muchacha que pudo ser Emmanuel (3)
?Qui¨¦n puede odiar tanto a un vagabundo?Por MANUEL V?ZQUEZ MONTALB?N
PORQUE EL CUERPO ESTABA en el suelo, con la coronilla y los pies asomando de una cobertura de cartones, los madrugadores viajeros en Metro formaban un c¨ªrculo tratando de completar el dise?o de aquella muerte embalada. La polic¨ªa se esforzaba por marcar distancia y el inspector Lifante esper¨® a que se retirara suficientemente la vanguardia de curiosos para levantar la mortaja de cart¨®n. El dise?o se completaba. Una mujer gruesa, canosa, con suciedades arqueol¨®gicas en sus piernas desnudas hasta el sexo, rodeada de bolsas de pl¨¢stico llenas de los residuos m¨¢s residuales, la composici¨®n de miserias que rodea a los vagabundos.-?Qu¨¦ necesidad hab¨ªa de matar a esta desgraciada? -no hab¨ªa emoci¨®n en las palabras de Lifante, el cabeza de huevo, como se le llamaba en el cuerpo.
-Lifante, los vagabundos tienen mal final -dijo un polic¨ªa de paisano.
-Cada d¨ªa hay m¨¢s vagabundos. M¨¢s muertos de hambre. ?Cu¨¢ntas pu?aladas? -pregunt¨® Lifante a un enlutado apuntador.
-Doce o trece y con ganas. El cuchillo ha entrado hasta el mango. La ¨²ltima pu?alada ha sido en el coraz¨®n y como si le hubieran pegado dos, una detr¨¢s de otra casi en el mismo sitio.
-Todos esos detalles que queden entre nosotros ?Qui¨¦n puede odiar tanto a un vagabundo?
-Otro vagabundo -contest¨® el polic¨ªa experto en vagabundos.
Lifante se acuclill¨® para estar m¨¢s cerca del cuerpo harapiento, pero no lo toc¨®.
-No se nace para vagabundo. Detr¨¢s de esta mujer hay una historia. Un nombre. ?La han identificado?
-No. No llevaba ni un documento, ni una referencia. Ha permanecido mucho tiempo muerta bajo los cartones y los que pasaban deb¨ªan pensar que estaba dormida. Ni siquiera han visto la sangre seca a su alrededor. Pensar¨ªan que era mugre que sal¨ªa de debajo de los cartones. No es el primer fiambre de vagabundo que se pasa media semana bajo cartones.
-?C¨®mo sabes tanto sobre vagabundos?
-Ya conoci¨® a Contreras, su antecesor. Al final le cogi¨® la p¨¢jara de que la polic¨ªa del futuro deber¨ªa ser especializada y a m¨ª me encarg¨® dedicarme a la nueva- marginaci¨®n. Hab¨ªa le¨ªdo no s¨¦ d¨®nde que ser¨ªamos v¨ªctimas de una nueva pobreza y sus derivaciones delictivas.
-Los vagabundos representan la vieja pobreza. Interroguen a otros vagabundos habituales de esta estaci¨®n. O a cualquier otro. Todos los vagabundos me parecen iguales. Como los chinos. ?No le pasa a Vd. lo mismo Celso?
-Los de aqu¨ª se han esfumado y cuando les encontremos no habr¨¢n visto nada, no sabr¨¢n nada. Un ajuste de cuentas entre ellos. Suelen ser muy salvajes y por motivos que a los dem¨¢s nos pueden parecer est¨²pidos.
Lifante se puso de pie.
-Los c¨®digos, Celso, los c¨®digos. En una misma sociedad hay una galaxia llena de c¨®digos y de se?ales. Cada ser humano es un sistema de se?ales, por eso deber¨ªamos aplicar la semiolog¨ªa al desciframiento del mensaje de las personas.
-A Vd. que no le saquen de la semiolog¨ªa.
Lifante sali¨® precediendo al cortejo que llevaba en una camilla el cuerpo de, la vagabunda asesinada. Se abri¨® paso entre el p¨²blico. Respir¨® a pleno pulm¨®n, como si le faltara aire y empuj¨® con cierta tosquedad a los curiosos que le imped¨ªan el camino.
-?Se les ha muerto alguien a Vds.?
-Le llaman desde Jefatura.
Lifante acept¨® el tel¨¦fono que le tend¨ªa su ayudante. Escuch¨® el mensaje d¨¢ndole progresiva importancia y cuando hubo terminado no aport¨® las explicaciones que esperaban los polic¨ªas que le rodeaban. Volvi¨® hacia el enlutado.
-M¨¢s que antes. Discreci¨®n sobre los detalles y un riguros¨ªsimo estudio de causas y circunstancias.
?No es un vagabundo m¨¢s?
-Tal vez no.
Lifante sali¨® de la boca del metro de Urquinaona y renunci¨® a subir al coche policial. Camin¨® a grandes zancadas en direcci¨®n a la Jefatura de Polic¨ªa de V¨ªa Layetana seguido a un paso por el renqueante experto en mendigos. Se detuvo Lifante ante los a?adidos del Palau de la M¨²sica Catalana y se los mostr¨® a su escudero.
-He aqu¨ª un espl¨¦ndido ejemplo de integraci¨®n de contrarios temporales dentro de un mismo mensaje del continente y de una misma funci¨®n del contenido.
Llev¨® los ojos al cielo el vagabund¨®logo, no para encontrar explicaci¨®n a lo que dec¨ªa su jefe sino huida. Pero no lo consigui¨®.
-Venga conmigo Cifuentes.
Le llev¨® hasta la puerta lateral del Palau.
-Si no hubiera curiosos me tumbar¨ªa en el suelo para apreciar la armon¨ªa entre verticalidad y barroco que implica el sistema de se?ales del modernismo. ?Se atreve Vd a tumbarse en el suelo conmigo?
-Podr¨ªa detenernos la polic¨ªa.
-Nos detiene la polic¨ªa, nos detenemos a nosotros mismos, porque somos conscientes de que somos polic¨ªas. ?No es cierto?
-Ciert¨ªsimo.
Completaron el recorrido hasta la central de polic¨ªa y ya desprendido de su ayudante, Lifante se dirigi¨® a los despachos superiores donde le aguardaba una reuni¨®n presidida por el Delegado del Gobierno en Catalu?a. Estaban distendidos hablando de f¨²tbol y se concentraron algo cuando le informaron a trav¨¦s del Jefe Superior de Polic¨ªa.
-Hemos recibido una confidencia. Ha aparecido una vagabunda asesinada en el metro de Urquinaona.
-De all¨ª vengo.
-Seg¨²n la confidencia no se tratar¨ªa de un crimen normal. Digamos que se producir¨ªa una sobredimensi¨®n pol¨ªtica.
-Una resituaci¨®n pol¨ªtica del caso.
Corrigi¨® el Delegado del Gobierno.
-Yo lo veo como una sobredimensi¨®n.
Se empe?aba el Jefe Superior de Polic¨ªa y Lifante se crey¨® en la, obligaci¨®n de intervenir.
-Concluyamos en que el caso emite se?ales de vinculaciones pol¨ªticas.
Se miraron el Jefe Superior y el Delegado para establecer el consenso y se lo ratificaron a Lifante.
-Correcto.
-?De qu¨¦ signo? Para completar el mensaje se necesita saber de qu¨¦ signo pol¨ªtico es esa vinculaci¨®n y as¨ª poder llegar a la Finalidad y comprobar si la confidencia es veros¨ªmil o si se trata simplemente de lo que en teor¨ªa de la comunicaci¨®n llamamos ruido.
Se hab¨ªa puesto nervioso el Delegado y el Jefe fue taxativo.
-Compruebe el ruido, Lifante. El confidente nos ha dicho que un tal Dieste, un soplapollas que se dedica al teatro experimental, podr¨ªa decirnos algo. Le hemos localizado. La vagabunda se llamar¨ªa Helga Singer, Palita entre sus colegas de miserias. En cuanto al caso mucha discreci¨®n porque el informante ha implicado a los servicios secretos de otro pa¨ªs en el asunto, concretamente a Argentina.
-?Tiene alguna garant¨ªa la confidencia?
-Ha dado una clave que, seg¨²n el inspector Contreras, le hemos consultado telef¨®nicamente, corresponde a la etapa en que estaban coordinados parte de los servicios secretos del antiguo r¨¦gimen espa?ol con los de Am¨¦rica Latina.
Se subi¨® Lifante al coche y evit¨® a tiempo que el ch¨®fer pusiera la se?al luminosa sobre el techo. S¨®lo tuvieron que descender la V¨ªa Layetana e ir en busca de la Villa Ol¨ªmpica.
-Yo aqu¨ª me pierdo. Me parece otra ciudad y ese empe?o de poner nombres catalanufos a las calles a¨²n me desorienta m¨¢s.
Por fin encontraron el n¨²mero de la Avenida Icaria y cuando Lifante iba a descender vio c¨®mo Carvalho y una mujer acompa?ante se aproximaban al mismo objetivo. Contuvo la intenci¨®n de salir de Celso y se recost¨® en el asiento para no ser visto desde el exterior.
-?Conoces a ese tipo, Cifuentes?
-Me suena.
-Era la bestia negra de Contreras. Se odiaban a fondo. Ven¨ªa del pasado. Contreras hab¨ªa pertenecido a la Brigada Pol¨ªtico Social y Carvalho hab¨ªa sido rojeras. Otros tiempos. Prehistoria. Prehistoria sin duda.
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