La alegr¨ªa p¨®stuma del poeta exiliado
Paloma, hija del poeta Manuel Altoaguirre, visita M¨¢laga para recordar a Emilio Prados
Habla y r¨ªe como si tuviera campanillas de cristal p¨ªcaro en la voz, como la ni?a de 64 a?os que es al reencontrarse con la tierra que le contaban sus exiliados. Paloma Altolaguirre, pintora, hija del poeta malague?o Manuel Altolaguirre, el compa?ero de Emilio Prados y cofundador con ¨¦l de la revista Litoral, estuvo ayer en M¨¢laga para recordar a su padre y a su t¨ªo Emilio. Y dice: "Era un hombre muy amable que contaba cosas que quer¨ªas o¨ªr".Lo dice antes de entrar en el Museo Municipal. All¨ª se celebran unas jornadas sobre la memoria de Emilio Prados en voz de quienes le conocieron organizadas por la Universidad de M¨¢laga. All¨ª la hija de dos poetas leer¨¢ cartas, recordar¨¢ an¨¦cdotas y romper¨¢ t¨®picos.
"Mire yo s¨¦ que dec¨ªan de mi padre que era el ¨¢ngel del grupo, que Emilio era muy atormentado y Cernuda intratable; y as¨ª debi¨® ser antes de nacer yo porque mis recuerdos ven a mi padre como un hombre mayor, que no lo era tanto, y m¨¢s triste; a Emilio muy amable y atento y a Luis Cernuda muy, muy divertido", se disculpa. "Ellos dos quer¨ªan mucho a los ni?os; Emilio era el t¨ªo Emilio pero yo no le dec¨ªa t¨ªo, que no ten¨ªa costumbre de tener t¨ªos", apunta Paloma Altolaguirre.
No es la primera vez que Paloma Altolaguirre viaja a la tierra m¨ªtica de sus ancestros. Ya vino en 1960. Entonces a¨²n hab¨ªa una placa en la calle Salvago que recordaba a su abuelo, el periodista Manuel Altolaguirre.
All¨ª, donde vivi¨® su padre tantos a?os, no hay a¨²n ni placa que recuerde al poeta de la generaci¨®n del 27, ni queda ya rastro de la que homenajeaba al abuelo periodista. "Tal vez para cuando dentro de cinco a?os se cumpla el centenario del nacimiento de mi padre...", a?ade esta dulce mujer que asegura que todos sus pasos estos d¨ªas de reencuentro le conducen a esa calle. "Y por eso no quise venir antes: tem¨ªa tanta emoci¨®n que me llena de recuerdos que no viv¨ª y he escuchado tantas veces", reconoce.
Este a?o de homenajes, exposiciones, centenarios y simposios ha servido para que de pronto el p¨²blico vaya cayendo en la cuenta del valor de "los exiliados del exilio", que es la expresi¨®n que utiliza la profesora de Literatura de la universidad de M¨¢laga Mar¨ªa Jos¨¦ Jim¨¦nez, coordinadora de estas jornadas sobre el poeta Emilio Prados para referirse a ¨¦l.
Prados, sin ir m¨¢s lejos, hasta anteayer no era m¨¢s que un poeta menor del 27, un tipo extra?o y amargado. La nueva luz sobre su vida y obra han acabado descubriendo a un ser reservado pero generos¨ªsimo y a un poeta de calidad y profundidad muy singulares. "Sus afinidades con el 27 no eran tantas", lanzaba el lunes al inicio de las jornadas Jos¨¦ Antonio Mu?oz-Rojas. Cosas del t¨®pico. Paloma Altolaguirre rescata una an¨¦cdota: "En los a?os 40 Luis Cernuda le mand¨® una carta a mi madre y le dec¨ªa que alg¨²n d¨ªa la gente se acercar¨¢ a Paloma para hablar de nosotros y seremos figuras legendarias como G¨®ngora...".
Rescatar del olvido y los t¨®picos al hombre y su obra po¨¦tica singular. Es quiz¨¢ la idea que alumbra los actos del centenario de Emilio Prados. El ¨¢ngel desnudo o El cazador de nubes son algunos de los motes l¨ªricos con los que se le alude estos d¨ªas en M¨¢laga. Como dice la profesora Jim¨¦nez Tom¨¦, "recordamos a un Emilio alegre, joven, generoso y moderno". Y as¨ª est¨¢ en el cartel de las jornadas: suspendido en una carcajada que lo rescata del exilio.
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