"Todos somos bombas"
Los palestinos refugiados en L¨ªbano amenazan con extender la Intifada
'Todos somos bombas, todos queremos ser m¨¢rtires, adelante hacia Jerusal¨¦n'. 'Arafat, presidente, nuestra sangre es tuya'. Los lemas que surg¨ªan de los altavoces montados en camiones eran coreados por decenas de miles de palestinos del mayor campo de refugiados en L¨ªbano, Ain al Helwa, que, bajo un mar de banderas y portando im¨¢genes de Yasir Arafat, recorrieron el pasado fin de semana las calles de la ciudad de Sid¨®n.
Arafat, cuestionado por muchos durante a?os, ha resurgido por obra y gracia de Israel, que lo tachaba de 'irrelevante' hace unas semanas, como el s¨ªmbolo de la naci¨®n y l¨ªder cuasi sobrehumano para todos los palestinos. M¨¢s que nunca probablemente. Todas las facciones y milicias palestinas han marchado unidas por las ciudades libanesas, arropadas por los refugiados y por millares de libaneses, para manifestar su ira ante las operaciones militares del Ej¨¦rcito israel¨ª en los territorios ocupados y el asedio a Arafat en Ramala, y para prometer luchar hasta la muerte.
'Mire a este ni?o de diez a?os, hoy mismo lo convertir¨ªa en un m¨¢rtir'
El Ej¨¦rcito liban¨¦s, fuertemente armado, ejerc¨ªa un severo control para que no salieran armas del campo de Al Helwa, un inmenso poblado -un 'Estado dentro del Estado', seg¨²n palabras de Maher Shabayla, mando local de las fuerzas de Al Fatah- en el que viven en la miseria y precariedad m¨¢s de 70.000 palestinos desde hace m¨¢s de 30 a?os. Los ni?os uniformados portaban fusiles Kal¨¢shnikov de madera. Los que quedaban en el campo son de verdad. Son pocas armas, pero esperan tener m¨¢s. 'No queremos cumbres ¨¢rabes, queremos armas', dice un comunicado del Frente Popular de Liberaci¨®n Palestina (FDPL) que circulaba de mano en mano.
El Gobierno de L¨ªbano y los otros vecinos ¨¢rabes de Israel son conscientes de que tienen en casa una bomba de relojer¨ªa con centenares de miles de palestinos en plena ira y exigiendo, como en Al Helwa, que 'abran las fronteras para ayudar, aunque sea con las manos. Somos muchos millones. Podemos echarlos incluso con las manos desnudas'. Los refugiados palestinos est¨¢n dispuestos a que la guerra en los territorios ocupados acabe en guerra nacional.
'Inch Al¨¢' (ojal¨¢), dec¨ªa un miembro de Fatah. 'Demostrar¨ªa que los l¨ªderes ¨¢rabes dejan de ser tan cobardes. Que nos dejen luchar'. La indignaci¨®n y el odio crecen por momentos en el mundo isl¨¢mico.
Por la tarde llegaba la noticia de un nuevo atentado suicida en Tel Aviv, tal como vaticinaba poco antes Mohammed Yusif Abu-Sheij, un viejo combatiente palestino que vive en el campo de refugiados desde 1967. 'Ahora habr¨¢ m¨¢s, muchos m¨¢s [atentados], en Israel y en todo el mundo. Y me alegro mucho de cada uno de ellos. ?Gloria al que lleva la muerte a quien nos mata y humilla!'. El sentimiento est¨¢ omnipresente. Una mujer del campo de refugiados de Shatila, Um Wiisam, le dec¨ªa a un periodista local, mostr¨¢ndole a su hijo de diez a?os: 'Mire a este ni?o, hoy mismo lo convertir¨ªa en una bomba'. 'Israel jam¨¢s conseguir¨¢ seguridad as¨ª, ning¨²n israel¨ª podr¨¢ salir a la calle tranquilo con esta pol¨ªtica, nunca, aunque pasen cien o mil a?os, se lo aseguro', insist¨ªa ayer un comerciante en Beirut.
Shabayla, jefe de Al Fatah en la capital libanesa, insiste en el discurso de la negociaci¨®n, habla de Oslo y del plan Mitchell. Pero algunos presentes en su oficina, muchos armados, giran las pupilas y dicen que 'ya se ha visto a lo que lleva hablar con Sharon y los israel¨ªes'. 'Tienen que llegar a sufrir tanto o m¨¢s que nosotros para que se avengan a una paz justa', dice uno. Y otro, poco despu¨¦s, sentencia: 'la cosa est¨¢ clara, o ellos o nosotros'. No es la posici¨®n pol¨ªticamente correcta en Fatah, pero es lo que piensan cada vez m¨¢s millares de ni?os y j¨®venes que se agolpan en los campos y cuyos padres ya nacieron en esos pozos de desesperanza junto a la milenaria ciudad costera.
Los pa¨ªses ¨¢rabes fronterizos intentan a toda costa frenar las actuaciones de palestinos que residen dentro de sus fronteras, pero los ¨²ltimos acontecimientos han generado una inmensa alarma. Y crece hora a hora el resentimiento de los palestinos hacia reg¨ªmenes que, seg¨²n ellos, no hacen nada por sus 'hermanos ¨¢rabes' m¨¢s que verter palabras en comunicados y despu¨¦s acordar la pol¨ªtica con Washington, el gran defensor de Israel.
'La soluci¨®n pasa por derribar esos reg¨ªmenes ¨¢rabes corruptos', dice Mohamed, un joven maestro nacido en el campo de refugiados. 'Entonces ya se ver¨ªa qu¨¦ es Israel. Pero los l¨ªderes ¨¢rabes son unos cobardes y no representan a sus pueblos'.
'Si tocan a Arafat un pelo, Israel y EE UU, que apoya y permite todo este exterminio a Sharon, har¨ªan bien en proteger sus intereses y a sus ciudadanos en todo el mundo', dijo el jefe de Fatah en el campo de Shatila. 'No somos Bin Laden, pero tenemos nuestros propios m¨¦todos de respuesta'. Seg¨²n sugiri¨®, la situaci¨®n puede llevar a la resistencia palestina a recurrir a los m¨¦todos de septiembre negro. Y advirti¨® que en cuesti¨®n de horas pod¨ªan comenzar acciones contra Israel desde L¨ªbano. De hecho la milicia de Hezbol¨¢ ha lanzado cohetes Katiusha sobre el norte de Israel.
La Intifada ha vuelto a cruzar fronteras en sus 18 meses de existencia y lo ha hecho por la m¨¢s delicada, la existente entre Israel y L¨ªbano, la que cruz¨® el propio Sharon en 1982 para perseguir a Arafat hasta Beirut y expulsarlo a T¨²nez. La retirada de las tropas israel¨ªes supuso no s¨®lo la confirmaci¨®n del fracaso de la aventura de Sharon y la gratuidad en el coste de miles de vidas israel¨ªes, palestinas y libanesas, sino el hundimiento total de L¨ªbano en una guerra civil que dur¨® 15 a?os y cuyas heridas est¨¢n a¨²n lejos de cicatrizar.
'Todos juntos contra el enemigo mortal', corean por todo L¨ªbano, pero tambi¨¦n en Jordania, Siria y Egipto, grandes masas de palestinos refugiados que conmemoran adem¨¢s el D¨ªa de la Tierra, en recuerdo de seis campesinos abatidos por la polic¨ªa israel¨ª cuando protestaban contra la expropiaci¨®n de unas tierras que les hab¨ªan pertenecido durante generaciones.
Adversarios y rivales han relegado todas las diferencias ante lo que consideran una agresi¨®n del primer ministro Ariel Sharon. Su pol¨ªtica ha unido a las 13 principales organizaciones palestinas en la Fuerza Popular Isl¨¢mica.
Sharon ha logrado crear alianzas ins¨®litas en su contra. Ya sea en el Consejo de Seguridad de la ONU, que exige su retirada o en la propuesta de la Cumbre de la Liga ?rabe, la semana pasada en Beirut, o la que se manifestaba en Sid¨®n con Ham¨¢s, Al Fatah, Hezbol¨¢ y tantas otras decididas al combate y a cuyos miembros importa tan poco la muerte como a Dalal, una joven estudiante de 26 a?os que 'ma?ana mismo', seg¨²n dice, emular¨ªa a la joven Ayat Akras, que arrastr¨® consigo a la muerte a dos israel¨ªes ante un supermercado en Jerusal¨¦n el pasado viernes. 'Somos millones los que queremos dar la vida por Palestina', advierte.
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