La gesti¨®n de la derrota
Cuando Pedro Zarraluki, unos instantes despu¨¦s de haber obtenido el Premio Nadal de 2005, declaraba a la prensa que viv¨ªa la novela premiada como si fuera la primera, no estaba muy lejos de la verdad. Le¨ªda ya Un encargo dif¨ªcil, uno sabe que nada m¨¢s lejos de esta novela que La historia del silencio (Premio Herralde de narrativa), un ejemplo palmario de c¨®mo su autor apretaba las tuercas a esos protagonistas tan pagados de s¨ª mismos en medio de su burgu¨¦s transcurrir insulso y banal. Tambi¨¦n muy lejos de Para amantes y ladrones, su ¨²ltima novela, texto tan acertado en el dibujo de algunas situaciones como desacertado en la entronizaci¨®n injustificada de la literatura dentro de la literatura.
UN ENCARGO DIF?CIL
Pedro Zarraluki
Destino. Barcelona, 2005
254 p¨¢ginas. 19 euros
Pero hay una novela de Zarraluki que s¨ª prefigura la existencia del flamante Nadal, Hotel Astoria. Es ¨¦sta una historia de posguerra, adem¨¢s de centrar la atenci¨®n del lector en la peripecia de una hero¨ªna que convierte su inocencia en un instrumento de desnudamiento de su propia vida y de su entorno. El aire externo de los personajes de Hotel Astoria, un aire de lujo canalla, c¨®mplice y turbio, tiene muy poco que ver con el de los que inundan con sus despojos existenciales su nueva novela, pero algo de esa sustancia triste del que ha perdido una guerra y debe sobrevivir, y del que la ha ganado pero gestiona esa victoria contra su propia integridad moral, de eso tiene no poco la novela de Pedro Zarraluki.
Un encargo dif¨ªcil transcurre alrededor de 1940. La guerra acaba de terminar. Un vencido de la batalla del Ebro, Benito Buroy Frere, es obligado, a cambio de salvar la vida, a hacer un trabajo de contraespionaje: matar a un alem¨¢n, dada la sospecha de que trabaja como agente doble para la Alemania nazi e Inglaterra.
Como est¨¢ ocurriendo con
algunas novelas espa?olas de los ¨²ltimos a?os, ¨¦sta no introduce el g¨¦nero de esp¨ªas en su estructura; la apelaci¨®n a la idea de esp¨ªas apenas es una l¨ªnea muy tenue para cuadrar el desenlace de la intriga. S¨ª en cambio es m¨¢s evidente y rica en posibilidades dram¨¢ticas el dibujo del verdugo y la v¨ªctima, un dibujo que Zarraluki maneja con suma habilidad y envidiable r¨¦dito narrativo. La acci¨®n se desarrolla en Cabrera, la min¨²scula isla de Baleares. Un destacamento militar a la espera paranoica de un inminente desembarco ingl¨¦s, una cantina regentada por un matrimonio formado por Felisa, una mujer como programada para hacer de b¨¢lsamo de los derrotados, y Paco, un borracho de tomo y lomo y pintura cabal del derrotado sociol¨®gico del franquismo. Y por fin, Leonor Dot y su hija Camila. La novela est¨¢ narrada en tercera persona, salvo en los tr¨¢mites en primera persona que asume Camila, una ni?a de trece a?os.Un encargo dif¨ªcil es una novela realista. Esta escuela no le sirve a Zarraluki para convencernos del cuadro social e intimista que nos relata, sino para explorar con l¨ªneas muy n¨ªtidas los clarososcuros de su historia. La idea que sobrevuela la novela tiene que ver con la gesti¨®n de una derrota colectiva, esa que se fragua con la venganza y la crueldad sin l¨ªmites y en medio de la m¨¢s despiadada impunidad.
Como suced¨ªa en Soldados de Salamina, de Javier Cercas, en la novela de Zarraluki alguien tiene que matar y no mata. Esto define el tono de piedad, de perd¨®n t¨¢cito y esperanza que rezuma toda la novela. A partir del momento en que Benito no cumple con su cometido, uno ya comienza a sospechar que la historia tiene en su horizonte acordar un contrato de supervivencia digno de llamarse vida y humana. La presencia de Camila, los fragmentos de diario que alterna Pedro Zarraluki en su relato, sirven para recordar al lector tr¨¢mites de la barbarie en plena guerra, pero sobre todo, para compensar esa inercia pueblerina con que se apuntala una victoria sangrienta con grandes dosis de l¨²cida inocencia.
Creo que no me equivoco si
digo que Un encargo dif¨ªcil es una muy buena novela. Con escenas como la de Felisa cuando aprende a leer o Camila cuando decide ser mayor, la novela gana genuino impacto emotivo. No son menores en calidad las descripciones, todas de buena ley, esas que ponen a prueba los m¨¢s rigurosos modelos pros¨ªsticos. No siempre el Nadal estuvo a la altura de las expectativas que debe generar un premio que tiene en su haber a Carmen Laforet, al reciente premio Cervantes, Rafael S¨¢nchez Ferlosio, y a tantos otros consagrados. Alguna vez se releg¨® a segundo plano a Juan Goytisolo, cuando del ganador hoy nadie se acuerda, am¨¦n de otros experimentos no siempre literarios. Pero el Nadal es el Nadal. Y muchas veces, como ahora con Zarraluki, el premio se premia a s¨ª mismo.

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