Edith Aron, su propia 'maga'
La mujer que dicen que inspir¨® a Cort¨¢zar publica sus "rayuelas" en Espa?a

Edith Aron est¨¢ a punto de cumplir 80 a?os y conserva la mirada y la ingenuidad que la convirtieron para muchos en la joven que en los a?os cincuenta de Par¨ªs inspir¨® la Maga de Rayuela, la novela m¨¢s famosa de Julio Cort¨¢zar.
Se vieron en un barco, a mitad de siglo, pero aunque viv¨ªan en Buenos Aires ese viaje com¨²n no los puso juntos; despu¨¦s, ya en Par¨ªs ambos, vivieron la amistad y la bohemia de aquellos a?os, y ella se hizo una figura de aquel conglomerado latinoamericano que hizo de Par¨ªs lo que cuenta Rayuela.
Ella estaba ayer en Madrid, presentando su propio libro, 55 Rayuelas, publicado en la colecci¨®n La Otra Orilla por la editorial Belacqua. "?Yo la Maga? Yo soy mi propia persona".
El libro no es el pago de ninguna deuda, sino el efecto de su pasi¨®n por la escritura
Es una mujer especial. Vive en Londres, con su hija, Joanna Bergin, cantante de ¨®pera; al lado de su casa est¨¢ el paso de peatones que cruzaron los Beatles para hacerse la foto m¨¢s famosa de la historia de la m¨²sica pop, y un d¨ªa hasta all¨ª se acerc¨® Julio Cort¨¢zar, para saludarla por ¨²ltima vez en la vida, en 1977. ?l morir¨ªa unos a?os m¨¢s tarde. Ella nunca se recuper¨® de una "traici¨®n indigna de Julio", que impidi¨® que salieran en alem¨¢n (la lengua natal de Edith) unos cuentos suyos traducidos por ella.
Cort¨¢zar apareci¨® en la casa, ¨¦l jug¨® con Joanna, que entonces era una ni?a, y se fue. La reconciliaci¨®n acaso est¨¢ en el alma, y en cierto modo en este libro, pero a¨²n no puede estar en las palabras. Internet le ha ayudado a aliviar su rabia: ah¨ª, en la Red, est¨¢n las traducciones que Cort¨¢zar impidi¨® que estuviera en forma de libro.
Pero Julio fue su amigo y, "en cierta manera, mi profesor"; le ense?¨® muchas cosas, y sobre todo le relacion¨® con un mundo, el latinoamericano, "que hoy me sigue emocionando". Y se emociona de veras, sus ojos se humedecen, cuando recuerda qu¨¦ le apasiona de este universo "que me tiene m¨¢s feliz en Madrid o Barcelona que en Londres o en Berl¨ªn". Aunque en ning¨²n momento ella acepte que fue la Maga, estas 55 Rayuelas que figuran en el frontispicio de su nuevo libro (tiene otros, El tiempo en las maletas y Las casas falsas, "?y tengo el triple en mis cajones!") le parece un buen t¨ªtulo: "F¨ªjese: yo siento que ¨¦l fue mi profesor en muchas cosas, y estas rayuelas significan mucho como expresi¨®n de mi gratitud"; pero cuando recibi¨® el paquete de libros que le envi¨® la editorial, "puse encima de la portada, ¨¦sta en la que se ve la rayuela", como en la primera edici¨®n latinoamericana de la famosa novela, "un papel que dec¨ªa, en alem¨¢n, Mein Buch".
No es Rayuela, ni lo pretende, una carta a Julio, que sale "cuando es importante", pero refleja en muchos de sus cuentos o rayuelas el mundo que ahora resulta ya definitivamente cortazariano y rayuelino. He aqu¨ª, por ejemplo, una frase que parece extra¨ªda de las ocurrencias surrealistas, e incandescentes, de aquella Maga de la que varias generaciones hubieran querido estar enamoradas: "Cuando ¨ªbamos a hacer las compras con mi madre, cog¨ªamos la Obere Alleestrasse, que estaba rodeada de acacias. All¨ª fue donde pregunt¨¦: 'Mami, en realidad, ?qu¨¦ significa en realidad?".
El libro no es el pago de ninguna deuda, sino el efecto de su pasi¨®n por la escritura, que acaso se le aceler¨® en aquellos a?os en los que Rayuela a¨²n no era un libro, sino una manera de vivir. Detr¨¢s de su propia escritura ella ve, sobre todo, "a los latinoamericanos, y a ellos me abri¨® Julio; aparte de que me apasionan los cuentos de Joseph Roth, vuelvo siempre a Borges, a Bioy, a Silvina Ocampo, a los que he traducido al alem¨¢n... Ahora creo que voy a leer a Juan Carlos Onetti, me hablan tanto de ¨¦l. Y El¨ªas Canetti. ?Usted conoce a Canetti? Qu¨¦ grande es Canetti".
En Rayuela hay algunas pistas que llevan a Edith como la Maga, y aunque ella ahuyenta esa suposici¨®n salta como una espectadora asombrada cuando se le nombra a Mondrian, un personaje fundamental en la historia del arte que se contiene en la novela de Cort¨¢zar. "?Mondrian? ?Pero es maravilloso!".
Vuelve hoy a Londres, a la bruma que rodea un mundo (el mundo entero) que est¨¢ ahora "peor que nunca". "?Ha visto usted el horror que ha pasado en Virginia? Ese idiota segando tantas vidas". So?adora, como en muchas partes de sus 55 Rayuelas, Edith Aron vive a sus 80 a?os como si a¨²n tuviera detr¨¢s el asombro de vivir y la rabia de despertar. Abri¨® los ojos en Par¨ªs, dice, y ni en sue?os los ha cerrado. Son potentes. Imposible decir si fue la Maga. Pero se le parece mucho.

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