"Los libros te ayudan a vivir; la pintura, a morir"
Cada ma?ana, al mirarse al espejo, Eduardo Arroyo comprueba en las arrugas que le van cayendo el surco implacable de su propia vida. Ese hombre frente al cristal que lo refleja es el mismo que se ha mirado durante tres a?os en el papel para escribir unas memorias tan serenas como incendiarias, tan an¨¢rquicas como desnudas. Las ha titulado 'Minuta para un testamento' (Taurus).
Es un trabajo a conciencia, doloroso y excesivo; ir¨®nico y penitente en el que Arroyo dialoga con la vida y la muerte bajo el amparo de un referente moral como Gumersindo Azc¨¢rate (1840-1917), que aparece como un contrapunto y a la vez un clavo ardiendo a quien se aferra con una extra?a fe. Lo ha hecho con el mismo rigor con el que este artista se enfrenta a una obra pict¨®rica. Pregunt¨¢ndose sin descanso obsesiones que le inquietan y le persiguen como un martillo incontrolado: "?Cu¨¢ndo pintar¨¦ el ¨²ltimo cuadro?".
Frente a ese espejo en el que se mira cada ma?ana, Arroyo a veces ve al ni?o de seis a?os que perdi¨® a su padre joven y qued¨® junto a su madre, Consuelo Rodr¨ªguez Ticio y su hermana Mar¨ªa del Carmen; al estudiante rebelde que expulsaron del Liceo Franc¨¦s, al deportista que ganaba t¨ªtulos de f¨²tbol con el Castilla y de baloncesto con el San Fernando. Otros d¨ªas le salta el so?ador que, despu¨¦s de acabar periodismo, abandon¨® este "para¨ªso de las moscas", ¨¢spera Espa?a de los a?os cincuenta, para comerse el mundo. Acab¨® por Europa asaltando la escuela de Bellas Artes en el Par¨ªs del mayo franc¨¦s. Paseando junto a las tapias del cementerio de Montparnasse con Giacometti; en Roma, viendo las imitaciones de Alighiero Noschese en la televisi¨®n junto a Giorgio de Chirico o colaborando con cineastas como Antonioni. "A ninguno de los dos primeros les dije que era artista. Ni se me pasaba por la cabeza. A los maestros hay que escucharles, no contarles tu vida", asegura.
Muchas veces, en ese momento de cruda soledad, en esa ma?ana que cada uno de nosotros comienza en el cuarto de ba?o haciendo examen de conciencia, Arroyo tambi¨¦n recuerda a aquel artista consagrado que decidi¨® volver a Madrid, cuando hab¨ªa terminado la Transici¨®n y la Movida. "?sta ¨²ltima, menos mal que me la perd¨ª", asegura, con esa afici¨®n al despelote provocador de quien se ve m¨¢s moderno que posmoderno, la de un dandi del arte a quien ser¨ªa f¨¢cil sorprender pintando con corbata en su estudio, si dejara entrar a alguien. "Pero no. No me gusta que nadie vea lo que estoy haciendo", zanja.
Arroyo ya era Arroyo en Italia y en Francia antes de serlo en Espa?a. Casi nada se sab¨ªa de ¨¦l en su pa¨ªs hasta los a?os ochenta cuando este antifranquista irredento, a quien el r¨¦gimen hab¨ªa excomulgado tras reiterados ataques, volvi¨® para despertar del sue?o de los no reconocidos. Poco le importaba cuando ya hab¨ªa expuesto su obra en los mejores centros de toda Europa y era un venerado escen¨®grafo con ¨¦xitos sonoros en Alemania o Salzburgo junto a su inseparable Klaus Michael Gr¨¹ber.
Ahora en una tarde madrile?a soleada, con 72 a?os reci¨¦n cumplidos y algunos 'arroyos' -copas de whisky J&B repletas de hielo hasta al borde- sobre la mesa, le ha llegado la hora de comentar el balance. De hurgar, entre la risa y el cabreo, a este obcecado boxeador del lienzo, amante de los toros y retratador implacable de la Espa?a negra con aires pop.
Un polemista original y fan¨¢tico del exceso, poco complaciente con nadie y menos con ¨¦l mismo, sobre todo cuando se autorretrata as¨ª en las p¨¢ginas de su libro: "Me parece que no est¨¢ mal ser un burgu¨¦s. Un burgu¨¦s ilustrado metido como una loncha de jam¨®n entre un arist¨®crata imb¨¦cil y un loco mesi¨¢nico y demag¨®gico. Es algo que no me molesta en absoluto".
P. Ha escrito usted unas memorias en las que planea la muerte en todas sus dimensiones. ?Tiene miedo?
R. No, en absoluto. Puede parecerlo, pero no.
P. Pues se dir¨ªa que le tiene usted no miedo, pavor. Quiz¨¢s por esa forma de hablar de ello tan expansiva.
R. Si he transmitido eso, me sorprende. No quisiera que apareciera esto. S¨ª surge una melancol¨ªa. Soy un melanc¨®lico profesional y quiz¨¢s eso arrastre a la otra impresi¨®n, a ese pavor de la muerte. Puede que ah¨ª haya una posible respuesta. En esto, los m¨¢s listos son los mexicanos, que se comen los huesos de los muertos y los cr¨¢neos de mazap¨¢n. Por eso no hay que discutir mucho en los bares mexicanos porque no les importa nada morir en una reyerta. Hablar de la muerte en un ex supersticioso es la mejor manera de combatirla.
P. ?S¨®lo eso?
R. Puede haber algo m¨¢s. Hay una tentaci¨®n soberbia de dejarlo todo atado y bien atado, que es la prolongaci¨®n de la vida despu¨¦s de la muerte.
P. Si el ser humano tiende a la trascendencia, ?es por soberbia?
R. S¨ª, pero no tanto por la memoria inmortal sino por el deseo de controlar la vida despu¨¦s de la muerte. De eso me viene esa idea loca, testamentaria. No s¨¦ cu¨¢ntos testamentos he hecho. Testamentos que, por cierto, no corrijo nunca. Es ese deseo de que nada se te escape. ?Qu¨¦ haces de tus pasiones, de tus libros, de lo que has amado, de tus amigos?
P. Quiz¨¢s en usted se ha agudizado el ¨¢nimo por la p¨¦rdida de algunos amigos recientemente.
R. Ocurre algo catastr¨®fico: el paso del tiempo. Cuando eres joven, no te das cuenta de esas cosas. Son mutilaciones innecesarias, injustas, violentas. Ah¨ª s¨ª que la muerte me parece una cabronada. Cuando le dec¨ªa que me hab¨ªa vuelto un ex supersticioso es por esto. Tomar las doce uvas despu¨¦s de un a?o as¨ª... pues ya no las voy a tomar. ?Qu¨¦ le den por el culo a las 12 uvas!
P. ?Ha sido la idea de la muerte lo que le ha impulsado a escribir sus memorias?
R. Bueno, esto son m¨¢s bien unas antimemorias, al estilo de Andr¨¦ Malraux, que siempre me ha interesado much¨ªsimo, el Libro negro. Los son porque me gusta que se mezcle la idea de la muerte con la vida. Tratar de transmitir al lector si es capaz de cambiar el rictus de amargura que le producen esas cosas con una risotada. Es negar una sublimaci¨®n.
P. Una de las cosas m¨¢s fascinantes del libro es su duelo con los cuadros. Empezando porque no deja usted entrar a nadie en su estudio. A la manera de Antonio Quir¨®s, que pintaba con corbata. ?Usted tambi¨¦n?
R. Pues a veces s¨ª. He llegado de una comida con corbata y me he puesto a pintar. Respecto al duelo con el cuadro, en eso siempre sales perdedor. El cuadro es un ser vivo, es un contrincante, un adversario, un antagonista, un toro... Es un amigo tambi¨¦n. En las memorias de un boxeador famoso, Garbelli, una vez, estaba ¨¦l a punto de comenzar un combate en Los ?ngeles y se abalanz¨® sobre ¨¦l un negro enorme d¨¢ndole un abrazo y unos besos tremendos. Le dijo: "Soy tu adversario y te quiero mucho". Es precioso. Con el cuadro tienes esa sensaci¨®n tambi¨¦n. Pero sabes que contra ¨¦l disputas una batalla que vas a perder. Va a ganar ¨¦l. T¨² eso lo sabes. Cuando has acabado y has hincado la rodilla y has sufrido el castigo, que no la humillaci¨®n, te levantas y vuelves hacia ¨¦l.
P. ?El cuadro te hace humilde?
R. Totalmente. El que no sea humilde delante de un cuadro es un loco y un demente.
P. Y un imb¨¦cil.
R. Bueno, hay tantos... Y un botarate.
P. Esa obsesi¨®n suya por el ¨²ltimo cuadro, ?la ten¨ªa antes de escribir el libro o le ha asaltado de repente?
R. Lo pienso constantemente. La imagen de ese apunte de Goya de 'La lechera' o Renoir aferrado aferrado a su hijo, el cineasta, Jean Renoir, que le lleva del brazo a pintar la naturaleza con la mano atada al pincel con cordones... Lo que te arrastra a pintar uno y otro no impedir¨¢ que un d¨ªa te encuentres con el cuadro inacabado. Habr¨ªa que hacer una exposici¨®n sobre el cuadro inacabado, en el que se encuentra el drama, el ¨²ltimo suspiro, cuando el pincel se cae de la mano... ?Cu¨¢ndo se va a caer de la mano? Esa imagen de Matisse en la cama pintando el techo, esa es una imagen extraordinaria. No se puede levantar de la cama pero pinta con una ca?a de pescar. O Van Gogh, que se pega un tiro en el campo mientras pinta esos p¨¢jaros negros que le acechan. A m¨ª es la exposici¨®n que me encantar¨ªa hacer, que me gustar¨ªa que alguien me encargara. Eso ocurre en la pintura de una manera compulsiva. Te puedes morir pintando.
P. M¨¢s com¨²n morir pintando que escribiendo, aunque en usted la literatura tambi¨¦n es una pasi¨®n llevada al l¨ªmite.
R. Es una pasi¨®n que me ha ayudado mucho a vivir. La lectura y la escritura. Los libros te ayudan a vivir y la pintura, quiz¨¢s, te ayuda a morir. Cuando eres joven es una suerte que los libros te empiecen a caer encima de la mano. Yo recuerdo cuando me cayeron encima Robinson Crusoe o los libros de Stevenson, o la historia de la Bounty... Si tienes la suerte de empezar a leer as¨ª, es algo fundamental. Es ox¨ªgeno en momentos de nitr¨®geno.
P. Nitr¨®geno para usted era la Espa?a de los a?os cincuenta, aquella de la que huy¨®. La del para¨ªso de las moscas, como usted la define. ?Sigue existiendo?
R. Hombre, las moscas est¨¢n menos presentes. Es como todo. Son m¨¢s virtuales. Aunque hoy, sin ir m¨¢s lejos, El Roto, a quien admiro mucho y no conozco, pinta una mosca en su vi?eta. O sea, que s¨ª. No era aquella marabunta que se combat¨ªa de formas singulares. Aquello era una nube negra de moscas. Hoy, aparentemente no est¨¢n, pero si rascas, salen. Hasta en invierno. En ese sentido s¨ª existe todav¨ªa el para¨ªso de las moscas.
P. ?Y qu¨¦ es el para¨ªso de las moscas?
R. Pues un sitio donde las moscas viven como Dios. Donde las que mejor viven son las moscas. Y eso cada vez ocurre m¨¢s. Cada vez viven mejor. Porque ya nadie se mete con ellas. Las hemos aceptado y eso es lo peor. Adem¨¢s, si las haces algo, vienen los ecologistas y te la cargas. ?Cuidao!
P. No le hacen gracia los ecologistas.
R. Son peligrosos. Esa obsesi¨®n por limpiar. Acabas convirti¨¦ndote en juez estrella. Si limpias mucho el pavimento, acabas resbal¨¢ndote, corres ese riesgo.
P. Es que hay mucho que fregar.
R. Ya, pero es que hay que saber hacerlo. Yo creo que es complicado limpiar mucho. Estamos abocados a una cat¨¢strofe de suciedad y basura. No creo en nada.
P. Le veo pesimista. Lo de la muerte es una chorrada al lado de ese pesimismo que destila.
R. Comparado con lo que nos espera, una tonter¨ªa. La cosa est¨¢ mal. Pero no es s¨®lo lo que est¨¢ ocurriendo ahora. La crisis, la verdadera crisis es moral. Todo empez¨® cuando ocurri¨® aqu¨ª lo de Atocha y en el mundo con las Torres Gemelas. Es una crisis ¨¦tica, cultural, no le veo fin, es una bajada a tumba abierta que se agudiza con la situaci¨®n econ¨®mica. El resto es banal. M¨¢s cuando estamos educados en un tipo de reglas y al final nada de lo que estaba m¨¢s o menos concordado tiene sentido. Nada tiene sentido. Te das cuenta de que no est¨¢s preparado para lo que viene.
P. ?No est¨¢ preparado o m¨¢s bien acepta la derrota?
R. No, no, no es eso. Porque mientras tienes fuerza para escribir cuatro l¨ªneas o hacer un dibujo, no hay derrota. No es eso, lo que ocurre es que hemos sufrido una cat¨¢strofe colectiva que incide en ti. No es la crisis, esa cosa de la que todo el mundo habla y nadie comprende. No es s¨®lo eso. Yo he vivido muchas crisis en mi vida, a m¨ª eso no me interesa, no creo en eso. Es en la pol¨ªtica, donde deben aportar algo interesante.
P. O sea, no conf¨ªa usted ni en Obama.
R. Bueno, qu¨¦ dif¨ªcil... Hombre, prefiero a Obama que a Bush. Indudablemente.
P. El idealismo le queda ya lejos. En aquel Par¨ªs que era una fiesta y que conoci¨® en 1958.
R. Era una ciudad fant¨¢stica. Con toda aquella historia ret¨®rica y a lo mejor falsa, donde ve¨ªas la pintura en Montparnasse y la literatura en Saint-Germain.
P. El Par¨ªs de los mitos vivientes.
R. Es que estaban. Es que eran. Hemingway se sentaba en tu mesa. Y los artistas mayores ayudaban a los j¨®venes. Eran muy duros, eso s¨ª. Pero te ayudaban. Maestros con los que ten¨ªas que mantener una sana distancia. Giacometti, por ejemplo, era muy amigo m¨ªo, pero jam¨¢s le dije que era artista, como tampoco me atrev¨ª nunca a visitar el estudio de Picasso, que era muy generoso con los pintores espa?oles, o dec¨ªrselo a De Chirico. Pero s¨ª hablaba con ellos. O ve¨ªa en la tele junto a ¨¦l a Alighiero Noschese que era un imitador genial con el que se re¨ªa much¨ªsimo. A Giacometti le acompa?aba toas las noches a la puerta del estudio y me dej¨® entrar una sola vez porque hac¨ªa mucho fr¨ªo. Es que era muy impresionante todo aquello.
P. ?Al estudio de un pintor serio ni se entra ni se pide permiso para entrar?
R. No se entra, no.
P. ?Por qu¨¦? ?Es un santuario?
R. No, tampoco le dar¨ªa un car¨¢cter religioso. Es un terreno duro, dif¨ªcil. Hay que evitar el vouyerismo. Ir contra esa imagen m¨ªtica del pintor en su estudio. Bien, le interesa mucho a la gente, pero a m¨ª no me interesa que la gente lo vea. Tampoco voy yo al estudio de los dem¨¢s. Para evitar la vanidad de hablar de la obra de la gente, que es un rollo macabeo. Cansa.
P. Hablando de santuarios, ?es cierto que usted habiendo vivido en Roma no ha ido nunca al Vaticano?
R. Ah, no. Nunca. Yo a esos sitios no voy.
P. Ateo y anticlerical, como confiesa en el libro. Hombre, un artista se supone que debe visitar el Vaticano.
R. No, perdone. A esos sitios no voy porque no voy. Ya lo veo en el 'National Geographic' y tan contento. Unas fotograf¨ªas estupendas y no tienes que aguantar ese olor a sacrist¨ªa insoportable. Tampoco es por principio. Es que no me interesa. Ya s¨¦ c¨®mo las gastaba Miguel ?ngel sin ir. Tampoco animo a nadie a que no vaya. Quien crea que vaya. Una de las cosas m¨¢s emocionantes que se me ocurren es ir, si crees, a una beatificaci¨®n. Yo no voy, pero comprendo que puede ser un viaje excepcional.
P. Entonces, ?la Iglesia ha hecho mucho da?o?
R. A m¨ª, no.
P. ?A Espa?a?
R. Bueno, quien recibe da?o es porque lo busca a veces. Cada pa¨ªs es responsable de su destino. Si le ha hecho da?o a Espa?a es porque, en cierto modo, lo ha buscado. Cuando a m¨ª me negaron la absoluci¨®n una vez porque el cura me pregunt¨® a qu¨¦ colegio iba y le dije que al Liceo Franc¨¦s, me qued¨¦ un tanto at¨®nito y se lo dije a mi madre. El t¨ªo exig¨ªa que nos sacaran de aquel colegio. ?Sabes qu¨¦ me contest¨® ella? "Haz como yo. No vuelvas". Eso me ha ayudado mucho.
P. ?A qu¨¦ se debe pues su anticlericalismo activo?
R. A que me cuestan 6 euros al a?o. Eso me pone enfermo. Me encanta que sigan, pero pagando ellos. No el contribuyente. A m¨ª lo que me interesa de Francia es la separaci¨®n de la Iglesia y el Estado. Eso que aqu¨ª, el Partido Socialista, por miedo, por cobard¨ªa, no ha querido hacer a pesar de que est¨¢ escrito en la Constituci¨®n. Siguen d¨¢ndoles dinero a pesar de que las plazas est¨¢n llenas de obispos vociferantes.
P. Volviendo a Par¨ªs. ?Qu¨¦ fue mayo del 68? Aquella revuelta en la que usted particip¨® activamente.
R. Pues aquello fue una locura anarquista. Lo yugularon los dementes del Partido Comunista, claro, y ahora me entra la risa, junto con la derecha. Se dieron cuenta de que hab¨ªa que controlarlo entre los dos, porque son iguales. Abrazados lo aniquilan y dicen aquello de "nunca m¨¢s". A partir de entonces se acaba y por eso yo no lo celebro nunca. Particip¨¦ tremendamente en aquella historia. Fui un capataz. Ocupamos la escuela de Bellas Artes en la Rue Bonaparte y echamos a todos los profesores, una cosa de una crueldad de la que ahora me averg¨¹enzo.
P. ?Por qu¨¦?
R. Porque s¨ª, porque era injusto. Adem¨¢s ven¨ªamos de fuera, no ¨¦ramos ni alumnos. Les dec¨ªamos: usted, ma?ana, no vuelva. Fuera. Se ha terminado. Y a partir de entonces, empezamos a trabajar. Hicimos carteles, como 300, y acabamos tirando 20.000 con los tip¨®grafos que estaban en huelga y vinieron a ayudarnos. As¨ª fabricamos la iconograf¨ªa del mayo franc¨¦s que es lo ¨²nico interesante que ha quedado de todo aquello.
P. Luego llega a Espa?a y lo m¨¢s parecido que se encuentra es la movida madrile?a.
R. Bueno, yo he tenido mucha suerte. Me perd¨ª la Transici¨®n y me hubiera gustado vivirla. Pero, la movida, la evit¨¦. Es una de las cosas m¨¢s est¨²pidas que he conocido en mi vida. Yo es que no s¨¦ lo que es.
P. Pero si est¨¢ canonizada.
R. Por la derecha de Madrid, que la ha hecho un cat¨¢logo. Eso es lo mejor, cuando la derecha te hace un cat¨¢logo. Hubo alg¨²n que otro tipo interesante, como Borja Casani, al que cito en el libro. Ha sido un tipo discreto pero importante. Pero imag¨ªnate lo que hubiera sido salir todas las noches con Almod¨®var, para pegarse un tiro. Eso me lo he evitado.
P. ?As¨ª que usted es m¨¢s moderno que posmoderno?
R. Ni moderno ni posmoderno. Normal.
P. ?Normal en el sentido que espera Rajoy?
R. Hombre, yo cre¨ªa que est¨¢bamos hablando en serio.
P. Bueno, pues en serio, yo le considero a usted un moderno en el noble sentido de la palabra.
R. Moderno como quien lucha contra el poder, como iconoclasta, vale. Como heredero de una vanguardia y no una psuedo vanguardia. Porque, eso, ?qu¨¦ es? La Pasarela Cibeles, la caterva de arquitectos est¨²pidos, el horror de Calatrava, la influencia de Almod¨®var, que eleva lo cheli al cubo. Solo hay otra cosa comparable a ¨¦l ahora. Este asturiano que se llama Woody Allen. Un t¨ªo que vende lo mismo todo el tiempo y encantado de la vida.
P. ?Lo kitsch y lo t¨®pico?
R. Bueno, lo kitsch era divertido. Como esas cosas que pon¨ªas debajo de la cama y te levantabas poniendo los pies en la cara de P¨ªo XII o de Kennedy. El kitsch, cuando es una broma, divierte. No cuando se convierte en algo pesado e insoportable.
P. Lo malo es cuando elevamos la horterada a la categor¨ªa 'kitsch'.
R. Es que ya no hay Kitsch. Es que ahora, eso que se consideraba un gui?o, es normal. Lo normal. Lo que dan por televisi¨®n. Cuando el dinero de los espa?oles se emplea en la televisi¨®n p¨²blica por contar los l¨ªos de Falete o de la Berm¨²dez, muy bien, pero me solivianta.
P. Es que lo 'kitsch' se nos ha ido de las manos.
R. S¨ª, es que cuando esa broma se hace normal, se acaba. Es lo hortera de bolera lo que se impone.
P. ?Est¨¢ el arte en decadencia?
R. A m¨ª, el mundo del arte hoy no me interesa. No existe. Me parece un co?azo. En otros tiempos, cuando no hab¨ªa listas, si las hici¨¦ramos, de los 20 personajes m¨¢s influyentes en este mundo, 20 ser¨ªan artistas. Hoy entran dos, si les dejan, y el resto son cr¨ªticos, directores de museos, marchantes. Pero, ?qu¨¦ es esto?
P. ?Con qu¨¦ nos quedamos entonces? Hay que aferrarse a algo.
R. Pues a lo que crees profundamente, como si no existiera el mundo. A la literatura, a tu pintura, aunque no te vaya bien. El resto est¨¢ perdido totalmente. Este es un mundo corrupto, est¨²pido, que marcha cada vez peor. No tiene arreglo. Lo ¨²nico que nos salva es la fuerza de pintar un cuadro, escribir un texto. Lo que queda fuera de ti no funciona.
P. ?No ser¨¢ eso porque desconoce lo que hace el resto? ?No le interesa ya nada? ?Nada, de nada?
R. Tampoco es cierto. El otro d¨ªa di un curso de escenograf¨ªa a j¨®venes. Me interes¨® mucho. Hay gente muy libre, extraordinaria, con mucho talento. No todo est¨¢ perdido. Porque ya no voy a volver a hacer teatro despu¨¦s de que se ha muerto Klaus Michael Gr¨¹ber, la ¨²nica persona que me estimulaba para ello. Si lo hiciera, impartir¨ªa cursos para que me dijeran qu¨¦ debo plantear. No quiero pasar por un cascarrabias reaccionario. No soy as¨ª. Me rebelo. Se me a pasao el cocido pero soy curioso y atento. No voy a estudios de j¨®venes, pero veo una fotograf¨ªa de la obra de un artista desconocido en un peri¨®dico, la llevo a mi galer¨ªa y les digo: ir a ver a este t¨ªo. No lo saben, pero lo hago. Creo en ello y no quiero que se rompa la cadena.
P. Lo peor est¨¢ en otra parte, no en los j¨®venes.
R. Lo peor es el 'establishment', no lo soporto. O Arco que es una porquer¨ªa. Pero ya ni me preocupo por eso. No tiene arreglo.
P. ?D¨®nde queda el arte?
R. En ese lugar secreto, donde hay menos espect¨¢culo, menos alharacas y, sobre todo, menos funcionarios. Muy simple para m¨ª. Una cosa sin intermediarios, sin directores de colecciones, sin 'curators'. Un di¨¢logo entre la obra, el autor y quien la mira. No es una carrera. Es alucinante lo que ocurre, no s¨®lo en Espa?a. Aqu¨ª, los artistas vivimos la exclusi¨®n. Y ¨¦ste no es un discurso de jubilado. Aunque estoy para el arrastre. Esa obsesi¨®n por los j¨®venes es tremenda. M¨¢s de 50 a?os y est¨¢s acabado. Yo ya soy un cad¨¢ver. Est¨¢s entrevistando a un muerto.
P. No es para tanto, hombre.
R. As¨ª lo titular¨ªa yo. Entrevista con un muerto. Todo esto que, por otra parte, espero que quede matizado. Tenemos que recuperar a los maestros, como en el boxeo y el toreo. Es una estupidez pol¨ªtica esa de defender a los j¨®venes por encima de cualquier otra cosa. No entiendo por qu¨¦. Los viejos tambi¨¦n votamos. Es una modernez y es algo fascista. A los m¨¢s reaccionarios es a los que les interesan los j¨®venes. ?Una exposici¨®n? S¨ª, que sean j¨®venes. Lo de las vacas en Madrid... ?Pintar una vaca es una gilipollez! Como los pol¨ªticos que abrazan negros. ?Por qu¨¦ les abrazan? ?Co?o, porque les detestan!
P. Aun as¨ª, tiene usted fascinado al poder. Le han invitado a La Moncloa varias veces y varios presidentes, tambi¨¦n al Eliseo. ?Les dice estas cosas?
R. Es una fascinaci¨®n de la derecha, sobre todo. La izquierda, no tanto. He ido una vez con Zapatero y varias con Aznar porque la derecha siente m¨¢s respeto por esas cosas ya que no las ha tenido nunca y las quiere conquistar. A los de izquierda, te presentas con un discurso revolucionario y les molesta porque se creen m¨¢s revolucionarios que t¨². No soportan tanto la cr¨ªtica. Piensan que no entiendes, que no les sirves. Les es inc¨®modo, a no ser que seas un servidor, como los del mundo del cine. La derecha se quiere ganar al intelectual, al artista, porque tienen complejo de culpa.

Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
?Tienes una suscripci¨®n de empresa? Accede aqu¨ª para contratar m¨¢s cuentas.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.