"Algunos quieren mantener a los animales a distancia de nosotros"
Dos chimpanc¨¦s, uno junto al otro, reciben la misma recompensa alimentaria cada vez que dan la mano al cuidador, hasta que este le da a uno algo m¨¢s apetitoso mientras sigue ofreciendo lo mismo al otro. Al cabo de uno o dos de estos intercambios, el segundo chimpanc¨¦ se niega a recibir su recompensa. Se ha dado cuenta de la injusticia y no la acepta, aunque se quede sin nada. En otro experimento, dos chimpanc¨¦s tiran con sendas cuerdas coordinadamente de una caja con comida para poder alcanzarla desde su jaula. Cuando ambos est¨¢n hambrientos la cooperaci¨®n es total, pero si a uno se le ha dado de comer antes, se queda al fondo de la jaula y tiene que ir su compa?ero a traerle y hacerle trabajar.
"El hombre tiene las mejores y las peores tendencias"
"Entre humanos y chimpanc¨¦s hay menos diferencias de lo que creemos"
Son el tipo de experimentos que se hacen en el laboratorio de Frans de Waal (Holanda, 1948) en el Centro Yerkes de Primates, en Atlanta (EE UU). Arrancan inevitablemente carcajadas cada vez que se muestran los v¨ªdeos en p¨²blico -como sucedi¨® en el ¨²ltimo congreso de la Organizaci¨®n Europea de Biolog¨ªa Molecular (EMBO), en Barcelona, donde realiz¨® estas declaraciones- pero han permitido, entre otras cosas, que De Waal demuestre que la empat¨ªa -la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de otro, en la que se basan tambi¨¦n esas carcajadas- no es ¨²nicamente humana.
De hecho, este reconocido experto en comportamiento animal afirma, en su ¨²ltimo libro, La edad de la empat¨ªa (que publicar¨¢ Tusquets en espa?ol), que todos los mam¨ªferos muestran esta caracter¨ªstica, base de la solidaridad. Y algunos de ellos -humanos y grandes simios desde luego, pero tambi¨¦n elefantes y delfines, probablemente por el gran tama?o de su cerebro- alcanzan niveles superiores, que demuestran, por ejemplo, ayudando a sus cong¨¦neres a salir de situaciones dif¨ªciles.
"En los ¨¢mbitos acad¨¦micos la mayor¨ªa cree que no se debe hablar de emociones en los animales y que estos tienen habilidades muy limitadas", dice De Waal. "Sin embargo, en la calle, a la mayor parte de la gente esta idea no le plantea problemas, y por eso tienen muchos m¨¢s perros y gatos, con los que pueden comunicarse, que tortugas o peces, con los que no pueden".
Est¨¢ hablando, reconoce, de empat¨ªa definida a un nivel emocional, m¨¢s que intelectual -"que resultas afectado por las emociones del otro"-, pero as¨ª, recuerda, es como empieza en los beb¨¦s, que nada m¨¢s nacer lloran cuando oyen llorar a otro. Sin olvidar el contagio de los bostezos, otra muestra de empat¨ªa.
El principio no fue f¨¢cil para ¨¦l. "Hay algunos en ciencia que quieren mantener los animales a distancia de los humanos y no les gusta lo que digo en general", recuerda este et¨®logo, pero ahora "la ciencia sobre la que se basa todo esto se publica en importantes revistas, as¨ª que no veo ya problema".
Uno de sus ¨²ltimos art¨ªculos cient¨ªficos es un estudio sistem¨¢tico de las pr¨¢cticas de consolaci¨®n en los chimpanc¨¦s y est¨¢ firmado por la espa?ola Teresa Romero. Se ha comprobado, por ejemplo, que los chimpanc¨¦s hembra son m¨¢s proclives a consolar a un compa?ero que sale de una pelea con otro que los machos. No es la ¨²nica diferencia existente entre sexos. "Se han hecho experimentos que demuestran que cuando una persona ve c¨®mo le clavan una aguja a otra que conoce, se le activa el centro del dolor en el cerebro. Reacciona como si le clavaran la aguja. Sin embargo, si ambos vienen de jugar de forma competitiva, se activa, en los hombres, el centro del placer, porque lo considera un castigo justo, mientras que esto no sucede en las mujeres".
Respecto a los humanos, De Waal se niega a ser simplista: "Yo suelo representar al ser humano como el simio bipolar, los humanos tienen las mejores y las peores tendencias. Si son buenos, son m¨¢s altruistas que cualquier especie que conozco y, si son malos, son peores que cualquier especie. Yo no har¨ªa una definici¨®n del tipo: somos intr¨ªnsecamente malos o intr¨ªnsecamente buenos. Tenemos todas estas tendencias y las compartimos con otros primates, como los chimpanc¨¦s, y estoy interesado en el parecido entre nosotros y ellos. Con los monos hay muchas diferencias, pero con los chimpanc¨¦s son muchas menos de lo que todav¨ªa creemos", asegura.
Sin embargo, "hay humanos que no tienen empat¨ªa", recuerda, "como los psic¨®patas, que pueden comprender lo que quieren otros, pero no les afecta por su d¨¦ficit emocional. Los autistas tambi¨¦n tienen problemas de empat¨ªa, pero son casos m¨¢s complejos: no conectan con las caras y el lenguaje del cuerpo, por ejemplo".
De Waal quiere lanzar el mensaje de que la empat¨ªa es importante para la sociedad, que no puede funcionar solo con la competitividad: "La empat¨ªa es una capacidad antigua. Permite a los primates (incluidos nosotros) y otros animales ser prosociales y cooperativos, y as¨ª sobrevivir".
Gran esc¨¢ndalo en Harvard
En el campo de la primatolog¨ªa, la noticia bomba del a?o no es un descubrimiento sino un fraude, del que ha sido hallado culpable el conocido psic¨®logo Marc D. Hauser, de la Universidad de Harvard. Tres a?os de investigaci¨®n han llevado a concluir que Hauser se invent¨® o malinterpret¨® datos al menos en ocho casos, que afectan como poco a tres art¨ªculos cient¨ªficos publicados desde 2002.
El investigador, de 50 a?os, se hab¨ªa adentrado en el espinoso tema de la moral animal y en sus experimentos el factor subjetivo -la interpretaci¨®n de lo que hacen los animales observados- pesaba demasiado, seg¨²n sus cr¨ªticos. Est¨¢ especialmente en duda su afirmaci¨®n de que los monos tamarinos pueden distinguir patrones sil¨¢bicos, lo que indicar¨ªa cierta capacidad para reconocer normas.
En 1995 lleg¨® a la conclusi¨®n de que estos mismos animales se reconocen cuando se miran en el espejo, una prueba que solo hab¨ªan pasado los chimpanc¨¦s, los orangutanes y los humanos, aunque ahora se quieren a?adir los delfines y los monos rhesus. Seis a?os despu¨¦s reconoci¨® que se hab¨ªa equivocado. Ahora Science estudia qu¨¦ hacer con su art¨ªculo sobre la capacidad de
primates no humanos de interpretar gestos humanos, de 2007.
Varias agencias federales de EE UU investigan si Hauser cometi¨® delitos al utilizar fondos p¨²blicos y este ha reconocido "equivocaciones". Mientras tanto, la comunidad cient¨ªfica se plantea c¨®mo limpiar el legado de un cient¨ªfico que ha publicado, solamente en los ¨²ltimos 10 a?os, 143 art¨ªculos y cuatro libros, la base para un ¨¢rea nueva en la ciencia que ahora se tambalea. De Waal lamenta el esc¨¢ndalo, pero recuerda el escepticismo ya antiguo de sus colegas.
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