La tentaci¨®n de la bomba
Espa?a no ha renunciado a fabricar armamento nuclear y posee planes espec¨ªficos y tecnolog¨ªa para lograrlo
El Ej¨¦rcito espa?ol posee varios estudios de viabilidad y costes para la producci¨®n de armamento nuclear t¨¢ctico y para dotar a nuestra Marina de submarinos de propulsi¨®n at¨®mica. Estos estudios, "oficialmente" desconocidos por los distintos Gobiernos tienen car¨¢cter secreto.
El actual ministro de Defensa, Narc¨ªs Serra, declar¨® ante el Congreso el 12 de marzo de 1985: "No hemos heredado ning¨²n desarrollo o estudio para producir armas nucleares, ni este Gobierno los har¨¢". Tan rotunda negaci¨®n de la herencia recibida contrasta con la existencia, comprobada por este peri¨®dico, de los citados trabajos. Un estudio secreto del a?o 1971, por ejemplo, fijaba en 8.700 millones de pesetas de entonces (unos 63.000 millones de ahora) el coste de una bomba at¨®mica t¨¢ctica de fabricaci¨®n propia.
En los ¨²ltimos d¨ªas, un alto directivo de la antigua Junta de Energ¨ªa Nuclear (JEN) confes¨® en privado: "Si hubiera una decisi¨®n pol¨ªtica, en tres o cuatro a?os a lo sumo tendr¨ªamos lista una bomba at¨®mica t¨¢ctica. Y no de las m¨¢s elementales, sino de las m¨¢s modernas. Otra cosa es contar con los instrumentos necesarios para lanzar esas bombas". El experto ignoraba o no quer¨ªa reconocer que el Ej¨¦rcito espa?ol dispone ya de obuses autopropulsados capaces de llevar cabezas nucleares y de aviones que con ciertas modificaciones pueden convertirse en vectores.
LA SOMBRA DE CARRERO
El sue?o inconfesable de una bomba at¨®mica nacional surgi¨® casi al d¨ªa siguiente del ataque sobre Hiroshima y Nagasaki. A la sombra de dos militares - Luis Carrero Blanco y el jefe del Estado Mayor, general Juan Vig¨®n- se lanz¨® un programa para poder obtener y dominar esa tecnolog¨ªa.
El alma de las investigaciones fue un ingeniero de la Armada, Jos¨¦ Mar¨ªa Otero Navascu¨¦s, que hab¨ªa obtenido gran prestigio cient¨ªfico a principios de los cuarenta gracias a sus trabajos sobre la miop¨ªa nocturna. Fue un aut¨¦ntico pionero. La energ¨ªa nuclear estaba considerada en todo el mundo como alto secreto militar y el r¨¦gimen espa?ol se encontraba m¨¢s aislado que nunca. Otero consigui¨® establecer contactos con cient¨ªficos extranjeros para que le mantuvieran al d¨ªa en los conocimientos b¨¢sicos y te¨®ricos de la f¨ªsica nuclear.
Gracias al trabajo de aquel grupo de personas, cuando el presidente Eisenhower lanz¨®, en 1955, el programa ?tomos para la paz , Espa?a pose¨ªa ya unos conocimientos te¨®ricos "razonables". "La prueba es que una comisi¨®n estadounidense que nos visit¨® en ese mismo a?o escribi¨®, en un informe al Senado norteamericano, que Espa?a era el quinto pa¨ªs en cuanto a conocimientos sobre f¨ªsica nuclear", asegura un estrecho colaborador de Otero.
?tomos para la pa z, que pretend¨ªa facilitar el uso pac¨ªfico de la energ¨ªa nuclear, signific¨® un paso de gigante. Merced a un cr¨¦dito de 350.000 d¨®lares, la Junta de Energ¨ªa Nuclear, que se hab¨ªa creado siete a?os antes en torno a Otere, v a los militares. pudo disponer en 1958 de su primer reactor de investigaci¨®n. Funcionaba con peque?as cantidades de uranio altamente enriquecido; es decir, uranio de doble uso (civil y militar).
La asombrosa progresi¨®n tecnol¨®gica que se produjo en la JEN en los a?os inmediatamente posteriores s¨®lo es concebible por el decidido respaldo de Carrero. El almirante otorg¨® fondos cuantiosos y dio cobertura a pintorescas operaciones de tr¨¢fico de divisas. Determinos pagos de organismos internacionales se ingresaron en cuentas particulares en Suiza, pese a la acuciante necesidad de divisas que ten¨ªa el Gobierno, para facilitar la compra de aparatos e instrumental nuclear. La adquisici¨®n no pod¨ªa hacerse en pesetas porque nuestra moneda no era convertible.
El desarrollo de la tecnolog¨ªa nuclear fue tan elevado y las aspiraciones tan ambiciosas que en 19 57 se elaboran en Espa?a los primeros proyectos para la instalaci¨®n de Zorita y Garo?a. Ese mismo a?o hab¨ªa empezado a funcionar la primera central civil norteamericana. La experiencia adquirida permiti¨® adem¨¢s que la JEN construyera, con su propia tecnolog¨ªa, tres reactores de investigaci¨®n (para sus propias instalaciones y para las universidades de Barcelona y Bilbao).
Espa?a pose¨ªa en ese momento la mayor¨ªa de los conocimientos t¨¦cnicos para construir armamento nuclear, pero no pod¨ªa hacerlo. Le faltaba el combustible. El cedido por Estados Unidos estaba insuficientemente enriquecido y sometido a estrictos controles.
LA 'BOMBINETTE'
"Le estoy ofreciendo la f¨®rmula para fabricar plutonio, con todo lo que ello significa". Jos¨¦ Mar¨ªa de Areilza recuerda c¨®mo, siendo embajador de Espa?a en Par¨ªs, fue convocado por el Gobierno franc¨¦s, a finales de 1963, para proponerle la adquisici¨®n ,de una central nuclear. Se trataba de una planta que no necesitaba enriquecer el uranio para su funcionamiento y cuyos residuos constitu¨ªan un subproducto de inapreciable valor militar: el plutonio.
El ¨²nico elemento que nos faltaba para la producci¨®n de nuestras propias bombas at¨®micas quedaba as¨ª a nuestro alcance.
Los a?os sesenta fueron los m¨¢s decisivos, casi cabr¨ªa decir estelares. Francia, con el general De Gaulle, pose¨ªa su propia t¨¦cnica nuclear y estaba dispuesta a entrar en el club de los grandes. Sus centrales de grafito-gas produc¨ªan grandes cantidades de plutonio.
Estados Unidos y la Uni¨®n Sovi¨¦tica, que estaban cada d¨ªa m¨¢s preocupados con la posible proliferaci¨®n nuclear, propusieron la firma de un tratado internacional que impusiese r¨ªgidas medidas de control. Francia se neg¨® a firmar y Espa?a se uni¨® al rechazo, alegando razones distintas. Lo cierto es que ya hab¨ªan comenzado los primeros contactos entre Madrid y Par¨ªs para la compra de la central pluton¨ªfera de Vandell¨®s.
"De Gaulle", explica Jos¨¦ Mar¨ªa de Areilza, "estaba indignado porque Gran Breta?a hab¨ªa renunciado a fabricar su propio armamento nuclear". El presidente franc¨¦s so?aba con una defensa europea independiente.
Fue entonces cuando un ministro franc¨¦s propuso a Areilza la venta de una central de grafitogas, la primera que Par¨ªs estaba dispuesto a instalar fuera de sus fronteras. M¨¢s de un militar y diplom¨¢tico espa?ol pens¨® en ese momento que Francia no se opon¨ªa a la idea de que Espa?a poseyera una bombinette.
EL ENEMIGO ARGELINO
Desde el punto de vista militar ya exist¨ªa una doctrina sobre su utilidad. La simple existencia de Vandell¨®s y de otras instalaciones, que abr¨ªan la posibilidad de fabricar armas at¨®micas, constitu¨ªa una poderosa disuasi¨®n frente a los pa¨ªses del norte de ?frica. Curiosamente, en aquella ¨¦poca, la mayor inquietud no la despertaba Marruecos, sino Argelia, que acababa de conseguir la independencia, y a la que algunos analistas del Ej¨¦rcito atribu¨ªan "demasiadas relaciones con la URSS".
"Para los militares, el mayor peligro proven¨ªa de un posible acuerdo entre Rabat y Argel, del que se habl¨® mucho en aquellos a?os. Hubiera supuesto un enorme riesgo para Ceuta, Melilla y el S¨¢hara", explica un ex ministro de Asuntos Exteriores.
"Desde un punto de vista t¨¦cnico, el reactor de Vandell¨®s no es el m¨¢s apropiado para producir energ¨ªa el¨¦ctrica. Cient¨ªficamente era obsoleto ya en 1964", explica un especialista que ten¨ªa en aquella ¨¦poca un alto cargo en la JEN. "Sin embargo, Vandell¨®s era la central ideal para obtener plutonio militar. Si se hace funcionar esta central al rendimiento econ¨®mico ¨®ptimo, el plutonio que resulta no es de buena calidad para un arma, pero si el aprovechamiento comercial alcanza s¨®lo un 20% del posible, entonces se obtiene un excelente plutonio 239, que puede ser separado en una peque?a planta de reprocesamiento".
Vandell¨®s, adem¨¢s, no estaba sometida a los controles de Estados Unidos o del Organismo Internacional de la Energ¨ªa At¨®mica (OIEA). La compa?¨ªa ?lectricit¨¦ de France (EDF) pose¨ªa el 25% del capital y estaba representada en el consejo de administraci¨®n. "El compromiso de uso pac¨ªfico era puramente verbal, puesto que en realidad no exist¨ªan salvaguardias. El control a trav¨¦s del consejo de administraci¨®n era m¨ªnimo y permit¨ªa toda clase de enga?os", asegura uno de los protagonistas de aquella operaci¨®n.
La JEN, en esta misma d¨¦cada de los a?os sesenta, construy¨® tambi¨¦n, con sus propios medios, un peque?o reactor r¨¢pido, el denominado Coral , que supuso el acceso de Espa?a a una tecnolog¨ªa que permit¨ªa obtener plutonio por otras v¨ªas. Los reactores r¨¢pidos funcionan con uranio enriquecido al 90% o con plutonio como combustibles (ambos productos sirven para fabricar bombas at¨®micas), y los residuos que dejan contienen tanto plutonio como el que queman. Por ello constituyen casi una fuente inagotable de energ¨ªa.
La Junta, igualmente con tecnolog¨ªa propia, puso en marcha adem¨¢s una planta piloto de reprocesado. En estas plantas, muy peligrosas, se separa el uranio enriquecido o el plutonio de los residuos de las centrales civiles. En Moncloa se lleg¨® a fabricar plutonio por este procedimiento.
En 1971 estaban en pleno funcionamiento estas instalaciones que nos daban acceso a la tecnolog¨ªa del plutonio, y faltaban pocos meses para que entrara en explotaci¨®n comercial Vandell¨®s. Fue entonces cuando se elabor¨®, en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), el primer estudio detallado sobre la fabricaci¨®n de la bomba at¨®mica espa?ola.
Seg¨²n este estudio, todav¨ªa hoy clasificado como confidencial, Espa?a pod¨ªa construir r¨¢pidamente su propio armamento nuclear utilizando las instalaciones de que ya dispon¨ªa. Se subrayaba la importancia de Vandell¨®s como fuente de plutonio de uso militar, aunque se suger¨ªa la posibilidad de construir otra peque?a central de grafito-gas, exclusivamente espa?ola, para evitar posibles filtraciones y quedar con vistas al futuro menos hipotecados al silencio c¨®mplice del socio franc¨¦s.
El estudio indica el S¨¢hara como lugar id¨®neo para experimentar la bomba (no hay que olvidar que Francia ensay¨® sus primeros ingenios en el desierto sahariano de Argelia) y calcula el coste en 8.700 millones de pesetas.
Un diplom¨¢tico que desempe?¨® cargos de responsabilidad en Asuntos Exteriores recuerda que en 1975 el tema del armamento nuclear volvi¨® a plantearse en conversaciones "informales" en los estados mayores y que incluso hubo una tormentosa reuni¨®n en la que un general se quej¨® amargamente de la falta de obuses y granadas con cabeza nuclear. La agon¨ªa de Franco y la marcha verde de Marruecos sobre el S¨¢hara soliviantaron los ¨¢nimos de varios de los m¨¢s altos responsables militares, que tuvieron que ser apaciguados por sus compa?eros. Uno de ellos, indignado, lleg¨® a replicar: "Pero ?en qu¨¦ sue?as? Si t¨² tiras una bomba at¨®mica en Rabat, nos llega la contaminaci¨®n hasta el Ebro".
BAJO SOSPECHA
El ingente desarrollo en Espa?a de tecnolog¨ªa e instalaciones nucleares de doble uso, civil y militar, no pas¨® inadvertido entre las grandes potencias. La c¨®moda situaci¨®n en la que se hab¨ªa desenvuelto. Espa?a hasta entonces comenz¨® a cambiar en los a?os 1976-1980, con la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Jimmy Carter. Un informe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) elaborado en octubre de 1974, pero conocido en febrero de 1977, afirmaba que un grupo de seis pa¨ªses, entre ellos Espa?a, podr¨ªa disponer de su propio armamento at¨®mico en siete o 10 a?os.
"Carter emprendi¨® una aut¨¦ntica campa?a contra la proliferaci¨®n nuclear y contra los pa¨ªses que no hab¨ªan firmado el TNP", explica uno de los m¨¢ximos responsables de la JEN. "La India hab¨ªa hecho estallar su bomba y las grandes potencias estaban muy preocupadas por la falta de controles en algunos pa¨ªses", prosigue.
Estados Unidos reaccion¨® con una nueva ley que prohib¨ªa el reproceso de residuos radiactivos (m¨¦todo para obtener plutonio y uranio enriquecidos), cortando el camino a los reactores r¨¢pidos (que producen plutonio) y amenazando con restringir el suministro de uranio d¨¦bilmente enriquecido para centrales el¨¦ctricas nucleares si todas las instalaciones at¨®micas del pa¨ªs receptor no estaban sometidas a control.
En el caso espa?ol, la Administraci¨®n norteamericana exigi¨® el control de la OIEA sobre cinco instalaciones: Vandell¨®s, el reactor r¨¢pido Coral, la planta de reprocesamiento de la JEN y los
reactores de investigaci¨®n de Bilbao y Barcelona. El tema era tan importante para EE UU que el propio presidente Carter lo plante¨® a Adolfo Su¨¢rez durante su primera visita a Washington.
El primer Gobierno de la democracia decidi¨® seguir neg¨¢ndose a firmar el TNP, pese a las presiones, y abrir negociaciones con los norteamericanos para encontrar otra salida. Suarez contaba adem¨¢s con que Westinghouse y General Electric, que ten¨ªan intereses en las centrales espa?olas, luchar¨ªan para evitar que se entorpeciera el suministro de combustible para las mismas. "Propusimos someter las cinco instalaciones mencionadas a la OIEA. La diferencia es muy importante, porque no nos comprometimos a nada en el futuro", asegura uno de los negociadores.
La presi¨®n norteamericana (hubo ya algunos retrasos en el env¨ªo de uranio enriquecido a finales de 1980) se resolvi¨® con la firma de un acuerdo, el 1 de abril de 198 1, por el que se aceptaba el control en las condiciones mencionadas.
Uno de los cap¨ªtulos m¨¢s confusos de esta ¨¦poca es el proyecto de construir un segundo centro de la JEN en Soria. Algunos responsables de la Junta, con el visto bueno de Industria y Defensa, empezaron a estudiar la posibilidad de crear nuevas instalaciones, mejor dotadas y fuera de Madrid, en los a?os 1970-73.
UN MAL MOMENTO
Este centro supon¨ªa la culminaci¨®n de la l¨ªnea que hab¨ªa seguido la investigaci¨®n nuclear con su doble aspecto civil y militar. Se calculaba que se invertir¨ªan unos 17.000 millones de pesetas y que llegar¨ªan a trabajar all¨ª m¨¢s de 1.500 personas. La lista de instalaciones previstas era impresionante: nuevo reactor de uranio enriquecido para investigaci¨®n, otro reactor r¨¢pido, instalaciones para fabricar elementos combustibles de dichos reactores, planta piloto de reprocesamiento y un laboratorio de plutonio, entre otras.
El terreno fue cercado y acondicionado, se construy¨® un bonito lazo de carreteras y algunas naves... y nada m¨¢s. El lugar es ahora un centro de aprovechamiento de la madera. ?Qu¨¦ sucedi¨® entre la primitiva aprobaci¨®n del proyecto, en 1976, y el posterior abandono del mismo? La explicaci¨®n oficial es que pronto se intuy¨® que el programa de centrales nucleares en Espa?a estaba sobredimensionado y que habr¨ªa que reducirlo dr¨¢sticamente.
"En esas condiciones, ya no merec¨ªa la pena poner en marcha algo tan desproporcionado como Soria", asegura un ex ministro de Industria. "La verdad es que la idea del centro de Soria naci¨® en un mal momento", asegura quien fue uno de sus m¨¢ximos defensores. P¨¦simo momento porque, junto a lo argumentado, varias de las instalaciones de la futura JEN II entraban de lleno en lo que Estados Unidos calificaba de "instalaciones no deseables". "En Soria no se iba a fabricar ninguna bomba", afirma la misma fuente, que se queja de que los sucesivos ministros de Defensa e Industria no acallaran con suficiente fuerza los rumores.
Espa?a, que posee las instalaciones, el combustible y los planes para fabricar armamento nuclear, se convirti¨® as¨ª en un pa¨ªs sospechoso. La desconfianza internacional tiene su origen en, un hecho incontestable: la negativa a firmar el TNP, que entr¨® en, vigor en 1970 y que es uno de los tratados al que se ha acogido mayor n¨²mero de pa¨ªses.
Ning¨²n Gobierno espa?ol, incluido el socialista actualmente en el poder, ha cerrado claramente la posibilidad de que un d¨ªa se fabrique aqu¨ª este tipo de armamento. Esa ambig¨¹edad explica que varios organismos internacionales creyeran, a principios de los setenta, que uno de los objetivos de nuestra pol¨ªtica de defensa era hacer operativa entre 1979 y 1980 una bomba at¨®mica t¨¢ctica. La bomba no se ha fabricado, pero el camino contin¨²a abierto, como reconocieron varios ministros de
UCD.
La llegada de los socialistas al poder no disip¨® las dudas internacionales. El programa electoral del PSOE en 1982 promet¨ªa "estudiar favorablemente la firma del TNP". El presidente, Felipe Gonz¨¢lez, en su primer debate de investidura, resalt¨® su actitud positiva a la firma del tratado; pero un a?o despu¨¦s cambi¨® de opini¨®n.
En octubre de 1983, el Gobierno comunic¨® al Congreso que "este problema exige aria gran dosis de prudencia". Gonz¨¢lez no se refiri¨® a la fabricaci¨®n de armas, pero expres¨® su temor de que la firma del TNP limitara nuestra soberan¨ªa en el caso de que quisi¨¦ramos dotarnos de buques de propulsi¨®n nuclear, lo que no estaba excluido.
La respuesta del presidente sorprendi¨® en ¨¢mbitos europeos. El ministro holand¨¦s de Asuntos Exteriores, Van der Broek, afirm¨® que, a su juicio, "el rechazo al TNP no guarda relaci¨®n coa la opci¨®n de dotarse de submarinos de propulsi¨®n at¨®mica".
EL SUBMARINO
La idea de fabricar dos submarinos de energ¨ªa nuclear ha contado siempre con fuerte apoyo en la Armada. Los marinos lo consideran un instrumento precioso para bloquear los puertos marroqu¨ªes en caso de conflicto y para taponar el estrecho de Gibraltar.
La Armada ha creado varias comisiones para estudiar la viabilidad del proyecto. En todas ellas ha figurado el capit¨¢n de fragata Guillermo Leira Rey, destacado t¨¦cnico en propulsi¨®n nuclear formado en la JEN. Uno de los padres del "ansiado" submarino nuclear espa?ol (Subespron) admiti¨® recientemente que se ha vuelto a poner en marcha uno de estos grupos de estudio. El modelo ambicionado, por su coste y prestaciones, es el Rub¨ª franc¨¦s. El submarino no podr¨¢ entrar en servicio en ning¨²n caso antes del a?o 2000.
El argumento de que el TNP dificultar¨ªa el Subespron ha ido desapareciendo del lenguaje socialista. Algunos diplom¨¢ticos afirman hoy que se trat¨® de "un error". La sorpresa que provocaron las primeras declaraciones sobre el submarino nuclear se basa en otro hecho: los especialistas dudan de su utilidad si no se dispone al mismo tiempo de armamento at¨®mico.
Desechado este argumento para no firmar el TNP, Felipe Gonz¨¢lez volvi¨® sus Ojos hacia objeciones m¨¢s tradicionales. En, unas declaraciones formuladas en enero de 1985 lo calific¨® de tratado "hip¨®crita y humillante", argumentos empleados por la diplomacia franquista. Esta fue tambi¨¦n la raz¨®n aducida para no plegarse a las presiones de la Comunidad Europea. Los negociadores espa?oles consiguieron una vez m¨¢s una salida a la medida de sus deseos: someterse a las salvaguardias del Euratom, que es el organismo comunitario encargado de estos temas, y no al TNP.
"Los controles del Euratom no son, pese a lo que se ha dicho p¨²blicamente, similares a los del FNP", asegura un experto. "El tratado someter¨ªa a salvaguardia absolutamente todo, incluso lo que queramos tener en el futuro, y supondr¨ªa renunciar para siempre a una defensa nuclear propia", prosigue. El Euratom, por el contrario, no nos compromete en cuanto a instalaciones nucleares futuras.
?LTIMO RECURSO
En el debate sobre Paz y seguridad, celebrado en el Congreso el 5 de febrero de 1986 el ex presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo cit¨® un p¨¢rrafo de un documento del Partido Socialista Franc¨¦s (PSF) que, seg¨²n ¨¦l resalta la contradicci¨®n en que se encuentra Felipe Gonz¨¢lez: "El PSF se pregunta si el Gobierno espa?ol no estar¨¢ pensando en crear su propia bomba at¨®mica, porque sin ella no se comprende su no integraci¨®n militar en la OTAN".
El mismo documento, titulado La seguridad en Europa, incluye otro p¨¢rrafo a¨²n m¨¢s sugerente. Seg¨²n el PSF, si alg¨²n d¨ªa se piensa realmente en una opci¨®n de defensa europea independiente de los grandes colosos, ser¨ªa necesario que surgiera en Europa occidental una tercera potencia nuclear, adem¨¢s de Francia y el Reino Unido. El ¨²nico pa¨ªs que re¨²ne las condiciones necesarias, seg¨²n el citado documento, es Espa?a, que no ha firmado el TNP y que, precisamente, no est¨¢ integrada en la organizaci¨®n militar aliada.
El Ministerio de Defensa nunca ha abandonado los programas de investigaci¨®n en temas nucleares. En los ¨²ltimos a?os ha subvencionado instalaciones destinadas al estudio de la fusi¨®n y del empleo de l¨¢seres relacionados con la Guerra de las Galaxia s. La Junta de Jefes del Alto Estado Mayor compr¨® y cedi¨® al equipo de Guillermo Velarde, catedr¨¢tico y militar, un centro de c¨¢lculo que ha sido hasta el pasado a?o el mayor de Espa?a.
El teniente general Ignacio Alfaro Arregui, y los ministros de Defensa Agust¨ªn Rodr¨ªguez Sahag¨²n y Narc¨ªs Serra, han sido los mayores impulsores de estas investigaciones. Anualmente dedican unos 40 millones de pesetas para sufragar gastos de fun~ cionamiento del centro, que cuenta, adem¨¢s con contratos espec¨ªficos de la Direcci¨®n General de Armamento y Material. El profesor Velarde, que ocup¨® cargos de responsabilidad en la antigua JEN, mantiene estrechos contactos con universidades e instituciones norteamericanas y est¨¢ considerado como el mejor experto espa?ol en la Guerra de las Galaxias.
El compromiso de uso pac¨ªfico de la central de Vandell¨®s era puramente verbal, puesto que en realidad no exist¨ªan salvaguardias. El control a trav¨¦s del consejo de administraci¨®n permit¨ªa toda clase de enga?os
Un estudio de 1971 indicaba el S¨¢hara como lugar id¨®neo para experimentar la bomba, y calculaba el coste en 8..700 millones de pesetas
C¨®mo se fabrica una bomba at¨®mica
Las bombas at¨®micas se construyen a partir de 17 a 20 kilos de uranio altamente enriquecido o 6 de plutonio. Espa?a no dispone de plantas para fabricar uranio militar. La ¨²nica forma de obtenerlo es reprocesar los residuos de las centrales nucleares de producci¨®n el¨¦ctrica. Existe una instalaci¨®n piloto de este tipo en la JEN, aunque paralizada en la actualidad.El plutonio surge en el proceso de fisi¨®n del uranio y est¨¢ presente, en mayor o menor proporci¨®n, en los residuos de todas las centrales. Las de grafitogas, como la de Vandell¨®s, son las m¨¢s pluton¨ªferas.
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