Hacia un nuevo contrato social
El 15-M ha dado un importante salto cualitativo al potenciar su capacidad de atracci¨®n popular y medi¨¢tica
Despu¨¦s de las manifestaciones del pasado domingo, el Movimiento del 15-M ha dado un importante salto cualitativo al potenciar su capacidad de atracci¨®n popular y medi¨¢tica. Ya tenemos que empezar a tom¨¢rnoslo en serio, si es que alguien no lo hab¨ªa hecho todav¨ªa. Sobre todo, porque su aspecto m¨¢s relevante es que se trata de un movimiento de regeneraci¨®n democr¨¢tica a la b¨²squeda, m¨¢s o menos expl¨ªcita o consciente, de un nuevo contrato social; el esbozo de un modo de vida diferente al que poder aspirar y que suponga una importante reorganizaci¨®n de los poderes pol¨ªticos y sociales. Algo similar a lo que en su d¨ªa fuera el pacto social-democr¨¢tico, que tras los destrozos que le infligiera la globalizaci¨®n de la econom¨ªa y la ideolog¨ªa neoliberal, vaga a la deriva a la espera de algo que lo sustituya y lo ponga al d¨ªa.
Detr¨¢s de sus consignas program¨¢ticas, el mensaje fundamental del 15-M es que no hay democracia si no podemos sentirnos due?os de nuestro destino. Y esto nunca lo conseguiremos mientras no pensemos en una alternativa a la democracia de partidos, a un sistema econ¨®mico apoyado sobre una fiera competencia internacional, y a un mundo comercializado y banalizado por la industria cultural y medi¨¢tica. Los tres grandes sub-sistemas que se integran en uno omniabarcador, el sistema, visto siempre, como dir¨ªa R. Rorty, como la ¡°gran cosa mala¡±. De ah¨ª que no se sientan representados por ¨¦l ni deseen serlo.
La mayor dificultad a la que se enfrentan es de orden t¨¢ctico y te¨®rico. En lo primero, porque dependen en exceso de la siempre dif¨ªcil econom¨ªa de la atenci¨®n. Una vez que dejen de ser novedad y rutinicen sus siempre creativos happenings, su influencia p¨²blica empezar¨¢ a declinar. Y en lo segundo, porque pueden caer en una hiperinflaci¨®n de propuestas sin un verdadero hilo vertebrador. O, lo que es casi peor, en el dogmatismo de quienes se sienten en posesi¨®n de la verdad, la que seg¨²n ellos alimenta la ¡°democracia aut¨¦ntica¡±. Parten del error conceptual que consiste en concebir la democracia asociada a consideraciones de justicia sustantiva, y no como mecanismo para permitir la realizaci¨®n de fines sociales a trav¨¦s de un procedimiento que sirve para adicionar mayor¨ªas en torno a diferentes propuestas en competencia. Ubicarse fuera del sistema equivale en la pr¨¢ctica a no someter estas propuestas a la consideraci¨®n de los dem¨¢s, al pluralismo, y a un procedimiento que permita discriminar entre unas y otras para traducirlas en decisiones pol¨ªticas concretas.
Pero el efecto m¨¢s inmediato del 15-M ha sido indudablemente positivo al sacar a la sociedad de su letargo y de un apoliticismo enfermizo. Entre esa gran mayor¨ªa de indiferentes y la creciente minor¨ªa de indignados la pol¨ªtica sist¨¦mica se ve ante la disyuntiva de tener que moverse, de actuar para lograr reequilibrar la situaci¨®n en que se encuentra. Aqu¨ª sus propuestas a favor de crear mayores y mejores mecanismos de representaci¨®n, participaci¨®n y deliberaci¨®n p¨²blicas son de lo m¨¢s acertadas, aunque no se sabe bien cu¨¢les hayan de ser los dispositivos espec¨ªficos que los faciliten. En todo caso, su mensaje ya ha llegado: la pol¨ªtica realmente existente es insatisfactoria y habr¨¢ que ver por qu¨¦.
A este respecto, el hecho de que la convocatoria de la ¨²ltima manifestaci¨®n fuera ¡°contra el Pacto del Euro¡± introduce un factor novedoso. Ahora apunta directamente hacia Europa. Con ello eleva el foco de su mirada en la direcci¨®n correcta. Hoy, en efecto, pocas reformas pueden abordarse al nivel nacional mientras no se potencie la gobernanza econ¨®mica europea y se emprenda en serio una recuperaci¨®n de la unidad de acci¨®n continental. S¨®lo una Europa m¨¢s vertebrada y m¨¢s consciente de su propio poder podr¨¢ salvar a cada uno de sus miembros de su impotencia ante los mercados. ?se es el camino si el objetivo es reivindicar la pol¨ªtica y combatir su subordinaci¨®n a los imperativos de la econom¨ªa internacional.
El texto program¨¢tico que a estos efectos nos presenta el movimiento es, sin embargo, decepcionante, ya que en ¨¦l se combina un f¨¢rrago de propuestas concretas, en alg¨²n caso incluso hasta el m¨¢s m¨ªnimo detalle, que son casi exclusivamente de pol¨ªtica nacional, y que ignoran el presupuesto esencial, la ya mencionada incapacidad de la pol¨ªtica para imponer medidas que pongan en peligro la competitividad de la econom¨ªa. Nadie, y menos un partido socialdem¨®crata, erosiona voluntariamente las pol¨ªticas sociales si no es por buenas razones. Cabe, desde luego, una mejor o peor gesti¨®n de estos imperativos sist¨¦micos, pero no se puede mirar hacia otro lado.
No habr¨¢ un nuevo contrato social sin una pol¨ªtica m¨¢s cosmopolita, sin una mejor gesti¨®n de las interdependencias y sin una bien enhebrada acci¨®n que vaya de lo local a lo supranacional y de ah¨ª a lo global. En esas tres esferas es donde debe jugarse la pr¨®xima partida.
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