40 a?os sin verdugos
El Supremo conserva tres ejemplares de garrote vil No existe un registro sobre las ejecuciones cometidas con cada aparato


Cobraban, en los ¨²ltimos a?os como ¡°ejecutores de sentencia¡±, 84.000 pesetas (504 euros) anuales, repartidas en 12 mensualidades a las que se sumaban las pagas extra de Navidad y del 18 de julio. Por cada ejecuci¨®n, se les pagaban 500 pesetas (tres euros) y, adem¨¢s, recib¨ªan un subsidio familiar.
Los verdugos que estaban en activo el 2 de marzo de 1974, cuando se llev¨® a cabo la ¨²ltima ejecuci¨®n con garrote vil de la que se acaban de cumplir 40 a?os, fueron contratados, en la mayor¨ªa de los casos, tras una convocatoria publicada en el Bolet¨ªn Oficial del Estado en 1948. Tal como cuenta Juan Eslava en su libro Verdugos y torturadores, fue tras esa convocatoria cuando Antonio L¨®pez Sierra, ¡°pe¨®n de alba?il en paro, con antecedentes penales, aunque ¨²ltimamente se hab¨ªa enmendado y se llevaba bien con la polic¨ªa, de la que era confidente¡± accedi¨® al puesto. ?l fue quien acab¨® con la vida del anarquista Salvador Puig Antich.

El Tribunal Supremo conserva, como herencia de la antigua Audiencia de Madrid que dictaba las ¨®rdenes de ejecuci¨®n, tres aparatos de garrote vil. Uno de ellos fue expuesto por primera vez en 2007 pero solo es visible cuando se celebran jornadas de puertas abiertas. El otro permanece en el archivo del tribunal. El tercero no est¨¢ en el edificio, ya que fue cedido para una exposici¨®n y a¨²n no ha sido devuelto.
Probablemente uno de estos aparatos fue el que L¨®pez Sierra se llev¨® hasta la c¨¢rcel Modelo de Barcelona, donde Puig Antich fue ejecutado. Sin embargo, no existe ning¨²n registro de las ejecuciones que se cometieron con cada aparato. S¨ª estaban dispuestos, tal como permanecen ahora, en unas pesadas maletas de madera para que los verdugos transportaran la argolla atravesada por un tornillo que, al girarlo, causaba la rotura del cuello. En el lugar de destino, se montaba el pat¨ªbulo. Algunos verdugos pon¨ªan papel de peri¨®dico en el asa para no da?arse los nudillos. Y as¨ª se han quedado.
De lo que s¨ª se tiene certeza es de que el polaco Heinz Chez (en realidad era alem¨¢n y su verdadero nombre era Georg Michael Welzel), que fue ajusticiado el 2 de marzo de 1974 en la c¨¢rcel de Tarragona, no lo fue con uno de estos garrotes. En el mismo libro, Eslava muestra la foto del aparato que fue llevado desde Sevilla, entre trapos. El verdugo oficial de Barcelona no estaba disponible porque en aquel momento estaba cumpliendo condena por estupro.
Fernando VII fue quien, en 1832, eligi¨® el garrote vil como m¨¦todo para ejecutar las condenas a muerte para ¡°conciliar el ¨²ltimo e inevitable rigor de la justicia con la humanidad¡±, seg¨²n justific¨® y dadas las largas agon¨ªas que provocaba la horca.
¡°Todos tienen derecho a la vida y a la integridad f¨ªsica y moral, sin que, en ning¨²n caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes¡±, se?ala la Constituci¨®n que se puede leer ahora junto a uno de los garrotes que conserva el Supremo.
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