La paz como excusa: a otro perro con ese hueso
Muchos concluimos hace algunos meses que el prop¨®sito real y estrat¨¦gico de la reforma pol¨ªtica era la de crear las condiciones que permitiesen al Pacto Hist¨®rico extenderse en las elecciones de octubre
Hoy lleg¨® a su fin la reforma pol¨ªtica presentada por el Gobierno nacional y defendida de forma vehemente por el presidente del Senado, Roy Barreras. Gracias a la presi¨®n ejercida por los legisladores de varios partidos, el Gobierno retir¨® el proyecto luego de ejecutar varias maniobras legislativas para salvarla. Los generosos anzuelos lanzados al Congreso tocaron el l¨ªmite de lo indefendible.
Hace escasos cinco d¨ªas, el presidente de...
Reg¨ªstrate gratis para seguir leyendo
Si tienes cuenta en EL PA?S, puedes utilizarla para identificarte
Hoy lleg¨® a su fin la reforma pol¨ªtica presentada por el Gobierno nacional y defendida de forma vehemente por el presidente del Senado, Roy Barreras. Gracias a la presi¨®n ejercida por los legisladores de varios partidos, el Gobierno retir¨® el proyecto luego de ejecutar varias maniobras legislativas para salvarla. Los generosos anzuelos lanzados al Congreso tocaron el l¨ªmite de lo indefendible.
Hace escasos cinco d¨ªas, el presidente del Senado trin¨® en su cuenta:
El senador Barreras justific¨® todo por ¡°la paz¡± (no sabemos cu¨¢l): la eliminaci¨®n de inhabilidades, la presentaci¨®n de coaliciones de partidos mayoritarios en elecciones, el cambio de partidos de forma transitoria, los legisladores ministros y las listas cerradas y paritarias.
El objetivo de la reforma, seg¨²n sus ponentes, era fortalecer la democracia y los partidos ¨Dpero esta no propuso mecanismos reales para cumplir este prop¨®sito¨D. No toc¨® las candidaturas de movimientos significativos de ciudadanos que han generado el desuso de los partidos como veh¨ªculos para elecciones regionales y ejecutivas. Propuso en un art¨ªculo transitorio la promesa de una reforma futura para la democracia interna de las organizaciones y un registro de militancia inoperante. Si incluimos en el an¨¢lisis la implosi¨®n reciente de partidos ¨Da ra¨ªz de las decisiones de la Corte Constitucional y el CNE¨D, la regulaci¨®n de la disciplina partidista pierde sentido. Pero ante la insistencia, se continu¨® con su tr¨¢mite.
El informe de ponencia para primer debate de segunda vuelta rebos¨® la copa (los actos legislativos tienen ocho debates; este habr¨ªa sido el quinto). La defensa inicial del acto legislativo se centr¨® en dos instrumentos: las listas cerradas y la financiaci¨®n p¨²blica de los partidos (¡ y movimientos, grupos significativos, consejos comunitarios, etc.). Sin embargo, adem¨¢s de las joyas escondidas para los miembros de la coalici¨®n de Gobierno, los nuevos micos exacerbaron la indignaci¨®n legislativa. La nueva ponencia eliminaba las listas cerradas obligatorias, sum¨® al derecho cuestionable de los legisladores de ser ministros el guardar el puesto en el legislativo mientras ejerc¨ªan en las carteras (art. 181) e incluy¨® la financiaci¨®n del 30% adicional en caso de usar listas cerradas.
Del an¨¢lisis m¨¢s profundo de la reforma fallida, muchos concluimos hace algunos meses que el prop¨®sito real y estrat¨¦gico de ¨¦sta era la de crear las condiciones que permitiesen al Pacto Hist¨®rico extenderse en las elecciones regionales de octubre. Si esto no era obvio al finalizar la legislatura pasada, luego de estos cambios no quedaba duda.
Las denuncias y pronunciamientos por parte de los legisladores surtieron su efecto. La oposici¨®n y los miembros de la coalici¨®n de Gobierno que declararon su intenci¨®n de votar negativamente en la comisi¨®n primera generaron la reacci¨®n del Ejecutivo. Ayer, de forma sorpresiva, el presidente y el ministro del Interior decidieron archivar la reforma, negando su paternidad ¨Dy estableciendo su sorpresa por los contenidos (deja v¨² a lo Sim¨®n Gaviria), prometiendo una nueva reforma¨D.
Acto seguido, celebraron algunos legisladores del Pacto Hist¨®rico, exaltando la ¡°gallard¨ªa¡± del presidente Petro, mientras los dem¨¢s legisladores los acusaban de c¨ªnicos por legislar de forma tan irresponsable. El costo que estaban dispuestos a pagar por ganar era la divisi¨®n de los poderes, fortalecida en la Constituci¨®n de 1991.
Sin duda, la representaci¨®n pol¨ªtica puede y debe mejorar. Pero nada presente en la reforma fallida corrige estas imperfecciones, ni consolida la paz ¨Dde La Habana o la total¨D. Fue un duelo interesante, y el Congreso sali¨® victorioso atajando esta reforma. Ojal¨¢ que continuemos viendo las comisiones constitucionales haciendo su trabajo cr¨ªtico en medio de una agenda legislativa tan abultada.
Suscr¨ªbase aqu¨ª a la newsletter de EL PA?S sobre Colombia y reciba todas las claves informativas de la actualidad del pa¨ªs.