Una Teor¨ªa del todo para despejar inc¨®gnitas en la ecuaci¨®n de Dios
Einstein muri¨® sin dar con la Teor¨ªa del campo unificado, se qued¨® con las ganas de leer la mente de Dios y transformar su lectura en una pareja de expresiones algebraicas salpicadas de inc¨®gnitas
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Hace algunos a?os, cuando el f¨ªsico Richard Feynman se encontr¨® con su colega John Henry Schwarz en el ascensor del Instituto de Tecnolog¨ªa de California, despleg¨® su sonrisa en modo ir¨®nico para preguntarle: ¡°?En cu¨¢ntas dimensiones est¨¢s hoy, John?¡±
Con esta guasa, Feynman estaba plante¨¢ndole a su colega un asunto tan serio como que un elefante no podr¨ªa entrar en aquel ascensor, por mucho que se teorizase al respecto. Pero vayamos por partes o, mejor, por instantes. Porque, en un primer instante podemos encontrarnos en el despacho de Einstein, en su cuarto de trabajo, donde el f¨ªsico busc¨® y rebusc¨® una f¨®rmula que expresase la Teor¨ªa del todo, una ecuaci¨®n sim¨¦trica de pocos cent¨ªmetros donde quedase integrado el movimiento del cosmos en expansi¨®n junto a la danza de las part¨ªculas invisibles.
Einstein muri¨® sin dar con la citada teor¨ªa, se qued¨® con las ganas de leer la mente de Dios y transformar su lectura en una pareja de expresiones algebraicas salpicadas de inc¨®gnitas. No pudo ser. Cada vez que trataba de unificar la teor¨ªa de lo muy grande con la teor¨ªa de lo muy peque?o, surg¨ªa la dificultad, es decir, el universo en expansi¨®n entraba en conflicto con la conducta de las part¨ªculas subat¨®micas.
El siguiente instante lo podemos encontrar cuando el Colisionador de Hadrones (LHC) evidenci¨® que lo ¨²nico conseguido con su acci¨®n hab¨ªa sido una min¨²scula parte de la Teor¨ªa del todo expresada en el bos¨®n de Higgs o Part¨ªcula de Dios; un descubrimiento importante, por otro lado, para entender el origen de la masa de las part¨ªculas subat¨®micas.
Con todo, m¨¢s all¨¢ de los instantes que nos alejan de una soluci¨®n que se escurre entre los dedos, el f¨ªsico Michio Kaku nos ilustra acerca de la Teor¨ªa de cuerdas como principio v¨¢lido para conectar todos los fen¨®menos f¨ªsicos conocidos hasta hoy. Con la citada Teor¨ªa de cuerdas se conseguir¨ªa armonizar los paradigmas de la mec¨¢nica cu¨¢ntica y de la relatividad general. Michio Kaku lo explica en su nueva entrega recientemente publicada en castellano bajo el t¨ªtulo La ecuaci¨®n de Dios (Destino). Con el estilo did¨¢ctico que le caracteriza, Kaku nos presenta las part¨ªculas elementales como modos de vibraci¨®n de cuerdas diminutas, similares a gomas el¨¢sticas. Por decirlo a su manera, el universo est¨¢ compuesto de vibraciones, y los electrones y los quarks no son m¨¢s que distintas notas de la misma cuerda.
Si prestamos atenci¨®n a Kaku, podemos llegar a comprender de qu¨¦ pregunta es respuesta nuestro universo y, con ello, saber qu¨¦ hay al otro lado de un agujero negro. Pero si seguimos con el viaje que nos traslada a leer la mente de Dios, nos encontramos con una desventaja, con un impedimento dimensional, pues en la Teor¨ªa de cuerdas la dimensionalidad del espacio-tiempo est¨¢ fijada en diez dimensiones.
Con esto, el universo podr¨ªa haber tenido diez dimensiones en su origen y, a medida que el universo se expand¨ªa, seis dimensiones fueron contray¨¦ndose hasta hacerse min¨²sculas. Y aqu¨ª, en este preciso instante, entrar¨ªa Richard Feynman en el ascensor donde se encontr¨® con su colega, uno de los padres de la Teor¨ªa de cuerdas: el f¨ªsico John Henry Schwarz.
Ocurri¨® en una calurosa ma?ana californiana, y Richard Feynmann extendi¨® su sonrisa m¨¢s ir¨®nica para poner en evidencia una teor¨ªa que, de ser certera, de haber tenido nuestro universo diez dimensiones en su origen, nuestros ¨¢tomos tendr¨ªan que ser infinitamente m¨¢s peque?os de lo que son para poder penetrar en tan min¨²sculas magnitudes superiores. De momento, resultaba tan dif¨ªcil como que un elefante entrase en aquel ascensor.
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