La misteriosa muerte de la ni?a Rabia Naz
Una familia turca pelea contra el partido islamista AKP para esclarecer c¨®mo perdi¨® la vida su hija de 11 a?os
Rabia Naz Vatan era una ni?a regordeta y de sonrisa f¨¢cil. Adoraba a su padre: ¡°Lo era todo para m¨ª y yo todo para ella¡±, explica Saban Vatan. Por eso, el 12 de abril de 2018, cuando su hermano mayor, Muhammet, lo telefone¨® diciendo que la hab¨ªan hallado moribunda en el exterior de su vivienda ¡ªun edificio de pisos en Eynesil, localidad de 14.000 habitantes en la costa del mar Negro¡ª, aceler¨® su coche todo lo que daba de s¨ª para llegar poco antes de que se la llevasen en una ambulancia. La ¨²ltima imagen de ella fue en la camilla del hospital. ?l gritaba: ¡°?Qu¨¦ te ha pasado?¡±. La ni?a, inconsciente, apret¨® ligeramente su mano a la del padre justo antes de que los enfermeros le ordenasen retirarse. Muri¨® minutos despu¨¦s. Ten¨ªa 11 a?os.

La autopsia estableci¨® que el fallecimiento se dio por trauma f¨ªsico severo, y la investigaci¨®n policial concluy¨® que hab¨ªa ca¨ªdo desde la azotea del edificio. Causa probable: suicidio. En defensa de esta tesis, los agentes esgrimieron como prueba la mochila de la ni?a. En ella se hall¨® un libro del escritor Alisan Kapaklikaya con un clip marcando la p¨¢gina 53, en la que se narra el suicidio de un personaje. En el sumario, este hecho aparece en may¨²sculas y subrayado en negrita, y el fiscal instructor dio por buena la explicaci¨®n. Caso cerrado.
Pero Vatan comienza a sospechar. El libro no era una invitaci¨®n al suicidio, m¨¢s bien lo contrario. Y su hija nunca usaba clips para marcar los libros, sino puntos de lectura. La mochila, adem¨¢s, hab¨ªa sido hallada en un rinc¨®n de la azotea casi seis horas tras el suceso y despu¨¦s de que los agentes peinasen la zona sin hallar nada.
?Por qu¨¦ se ha suicidado su hija? No le entra en la cabeza. La ¨²ltima vez que la ve su madre, est¨¢ muy animada. Le pide permiso para ir a jugar con sus amigos. A la madre no le hace mucha gracia, pero finalmente consiente: ¡°S¨®lo 15 minutos, luego a casa¡±. Son las 16.45. Treinta minutos despu¨¦s yace medio muerta.
Algo no encaja. Vatan pide un parecer a la Universidad de Hacettepe que, sobre la base de la autopsia, asegura que la causa m¨¢s probable de la muerte es un accidente de tr¨¢fico. Tambi¨¦n convence a los inspectores de hacer una prueba: lanzan un saco de tierra del mismo peso que la ni?a desde la azotea y demuestran as¨ª que es imposible que cayese sin romper parte del alero de un taller que sobresale unos tres metros de los bajos del edificio. Por si fuera poco, el cuerpo de Rabia Naz se hall¨® en posici¨®n perpendicular a la direcci¨®n en que supuestamente salt¨® tras tomar carrerilla.
Al mismo tiempo, Vatan comienza a tirar de otra pista. Algunos vecinos le confiesan que el d¨ªa de autos vieron una furgoneta Fiat Doblo negra pasar a toda velocidad. En un negocio de lavado cercano, le dicen que esa tarde atendieron un solo veh¨ªculo: una Fiat Doblo. En una localidad tan peque?a no le cuesta dar con qui¨¦n tiene un veh¨ªculo de esas caracter¨ªsticas: Ibrahim Somuncuoglu, el sobrino del alcalde.
Disparar al mensajero
El caso de Rabia Naz trascendi¨® a la opini¨®n p¨²blica el pasado febrero cuando, Metin Cihan, un traductor y periodista con con 90.000 seguidores en Twitter, lo public¨® en las redes sociales. Despu¨¦s de ello, a Cihan le han abierto una investigaci¨®n policial debido a otros tuits publicados, cosa que, considera, ¡°no es una casualidad¡±. Otras muertes sospechosas dadas por suicidios, como las de Sule ?et o Aysun Yildirim, tambi¨¦n han sido investigadas despu¨¦s del revuelo provocado en las redes sociales.
La alcald¨ªa lleva desde 2004 en manos de la misma persona, Coskun Somuncuoglu, miembro del mismo partido, el islamista AKP, que gobierna Turqu¨ªa. Los Somuncuoglu son una familia poderosa, tanto pol¨ªtica como econ¨®micamente: poseen varios negocios junto a otros destacados dirigentes del AKP. La familia Vatan no era opositora. Su fe en el gobierno y en el partido era profunda, y, de hecho, la madre de Rabia Naz ejerc¨ªa tambi¨¦n de secretaria local del AKP. Las relaciones con el alcalde eran buenas.
Hay demasiadas incongruencias en la investigaci¨®n y Saban Vatan las est¨¢ ventilando demasiado en alto. Cree que su hija fue atropellada por el sobrino del alcalde en una carretera con poca visibilidad de camino a su casa, y que el cuerpo fue trasladado, si bien la Fiscal¨ªa provincial de Giresun, encargada del caso, no tarda en cerrar la puerta a esa opci¨®n: ¡°En el lugar de los hechos no se hallaron ni rastros de sangre mi marcas de frenos ni otro tipo de pistas que indiquen un atropellamiento¡±.
Vatan acusa p¨²blicamente al alcalde de encubrir el caso y ¨¦ste, a su vez, le reprocha utilizar la muerte de su hija por ¡°motivos pol¨ªticos¡±. Algunos se empieza a hartar de la insistencia de Vatan, entre ellos su hermano mayor, fundador de la organizaci¨®n local del AKP. Tras una dura discusi¨®n telef¨®nica entre ambos, Muhammet Vatan interpone una demanda contra Saban. Cree que ha perdido el juicio, y algo de cierto hay: es un padre dolido que siente en contra media familia, la polic¨ªa, la judicatura, el Ayuntamiento y un partido cada vez m¨¢s imbricado con el Estado. Ha abierto querellas contra Nurettin Canikli, dirigente nacional del AKP y diputado al que acusa tambi¨¦n de encubrimiento, y contra los ministros de Interior y Justicia, por no haber investigado lo suficiente.
En marzo, la Fiscal¨ªa ordena detener a Saban Vatan e ingresarlo en una instituci¨®n psiqui¨¢trica. Su abogada lo para. Semanas despu¨¦s, un juez ratifica la decisi¨®n. ¡°Me han intentado callar de todas las formas posibles. Me han amenazado, me insultan y boicotean mi empresa¡±, denuncia: ¡°Pero yo no me voy a callar¡±.
Su entrada al hospital no llega a producirse. Los focos est¨¢n cada vez m¨¢s puestos en el caso desde que, a finales de febrero, salte a la opini¨®n p¨²blica. ¡°?Qu¨¦ le ocurri¨® a Rabia Naz?¡± se convierte en lema del D¨ªa de la Mujer y los partidos de la oposici¨®n exigen respuestas. Otra cosa sucede. Los vecinos, que no se hab¨ªan atrevido a alzar la voz y testificar, lo hacen de otro modo. Cualquiera que conozca la psicolog¨ªa de un pueblo puede entenderlo: el que dir¨¢n, el enemistarse entre familias, y, m¨¢s a¨²n, con familias poderosas... Pero el 31 de marzo hay elecciones locales y los habitantes de Eynesil se toman su venganza silenciosa: el feudo de los Somuncuoglu durante los ¨²ltimos tres lustros pasa a la oposici¨®n.
Algo cambi¨® desde entonces. Cem Ku?uk, comentarista cercano al Gobierno, reconoci¨® en televisi¨®n que hubo un ¡°encubrimiento¡± del caso Rabia Naz y que eso ha sentado mal a algunos dirigentes del AKP porque les ha hecho perder apoyo. En abril, el ¨®rgano superior de la Justicia orden¨® que el caso cambiara de juzgado y se aparte a los agentes implicados. El Parlamento tambi¨¦n ha abierto una comisi¨®n de investigaci¨®n. Con todo, Vatan no es optimista: cree que el Gobierno est¨¢ tratando de ganar tiempo para ¡°enfriar el caso¡±.?