"No hablar¨¦ si est¨¢ mi abogado"
La Constituci¨®n espa?ola garantiza a los detenidos la asistencia de un abogado desde que ponen los pies en una comisar¨ªa. Son cada vez m¨¢s frecuentes, sin embargo, los casos de delincuentes comunes que renuncian a esa asistencia, mientras aumentan las denuncias por malos tratos
En algunas comisar¨ªas madrile?as hasta un 80% de los detenidos renuncian al derecho a contar con la ayuda de un abogado durante su estancia en las dependencias policiales, seg¨²n datos del colectivo de abogados j¨®venes de Madrid. La anunciada reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal puede agravar aun m¨¢s esta situaci¨®n de indefensi¨®n.
Gasta Luis una espectacular cazadora de cuero negro cargada de chapas de todos los colores, en las que abundan inscripciones en lenguas que no comprende. Por debajo, un jersey de cuello de cisne bien ce?ido que dibuja sus poderosos pectorales. Y remata la indumentaria un absurdo pantal¨®n de rayas verticales que cubre casi por completo zapatos de punta marcados por la rozadura de mil escalones. Luis es consciente del papel de vocero no elegido que le toca representar y acent¨²a, en consecuencia, las f¨®rmulas expresivas que, supone, se esperan de ¨¦l: prolonga innecesariamente las eses y paladea con fruici¨®n cada una de las expresiones de su limitada jerga. De sopet¨®n intenta impresionar con una frase digna de figurar' en el diccionario de las c¨¦lebres:-Oyes, que como yo digo: que en las comisar¨ªas te pegan hostias como si fueran p¨®lizas de cinco pesetas.
Y se queda esperando la reacci¨®n a su ajustada frase, mientras deja que la u?a de dos cent¨ªmetros que adorna su me?ique derecho le ponga el o¨ªdo como una patena de limpio.
Luis ha pasado una buena cantidad de tr¨¢mites, no sabe precisar cu¨¢ntas, pero asegura que siempre le han "puesto la cara guapa":
-Nada del otro mundo, lo que a casi todos.
Y Luis se r¨ªe de la sola posibilidad de pensar en denunciar las bofetadas, y se r¨ªe tambi¨¦n cuando se le pregunta si ha, utilizado alguna vez su derecho a la asistencia de un abogado:
-Es peor. Mira, yo he salido bien siempre, y si llamo a un abogado me pongo a la polic¨ªa en contra.
Es un camello de cuarta fila; sabe que nunca va a tener problemas muy graves por lo que hace, que va a seguir pisando comisar¨ªas de madrugada, adornadas por el estribillo de "t¨² otra vez por aqu¨ª". A ¨¦l no le va nada en la otra guerra:
-Hombre,si me hubieran hecho lo que dicen otros que les hacen... Pero eso es a los atracado res, a los violadores. Adem¨¢s, para lo que les vale...
["Que si se tir¨® por la ventana fue porque le estaban pegando, estando esposado y sentado, digo, y en posici¨®n de sentado con un palo entre las piernas y los brazos apoyados entre dos mesas. Que es cierto que le visit¨® el m¨¦dico, pero que estima que no le atendi¨® debidamente; que tambi¨¦n quiere hacer constar que despu¨¦s de tirarse por la ventana y antes de que le viera el m¨¦dico, fue golpeado con porras en el cuello y le pisaron la cabeza" (de una declaraci¨®n ante el juez)].
Carlos tiene una experiencia muy distinta, porque tiene una vida muy distinta. Es un hombre culto, con un pasado pol¨ªtico muy activo y se vio envuelto por casualidad en un asunto con atraco por medio, del que sali¨® libre:
-A m¨ª, ni me tocaron. Debe ser por la pinta. Me separaron de los otros y me trataron con una cierta cortes¨ªa. Pude requerir la asistencia de abogado sin problemas. En la Direcci¨®n de Seguridad el trato era peor, pero nunca me tocaron, m¨¢s que alg¨²n empuj¨®n. Pero en la conducci¨®n, los ocho que iban conmigo hab¨ªan recibido. Uno ven¨ªa verde y todo sucio porque le hab¨ªan hecho la ba?era y le hab¨ªan metido la cabeza en una bolsa de pl¨¢stico, eso dec¨ªa, pero se negaba a la posibilidad de denunciar nada. Firm¨® la renuncia al ahogado porque los polic¨ªas le dijeron que se iba a perder, que iba a ser peor para ¨¦l, que le tendr¨ªan diez d¨ªas encerrado aplic¨¢ndole la legislaci¨®n por bandas armadas. Hab¨ªa participado en un atraco.
El polic¨ªa J. M., de la Brigada de Seguridad Ciudadana, matiza:
-S¨ª, es cierto que hay malos tratos en las comisar¨ªas, no en todas, y en la Direcci¨®n, pero no se puede generalizar a todos los polic¨ªas ese comportamiento. Mientras haya un solo polic¨ªa que aplique malos tratos, vamos a parecer todos unos torturadores, pero no es as¨ª.
Hay toda una escala de valores y comportamientos en el cuerpo. La Brigada de Estupefacientes tiene a gala la ausencia de malos tratos en sus dependencias, una tradici¨®n que se remonta a los a?os del franquismo. La Brigada de Polic¨ªa Judicial, la antigua Criminal, est¨¢ considerada dentro de la propia polic¨ªa como la m¨¢s proclive a su aplicaci¨®n.
Los abogados coinciden en la apreciaci¨®n y han elaborado cuidadosos informes que precisan a¨²n m¨¢s:
-Como no hay garant¨ªas reales para los detenidos, todo depende de la personalidad y de la mejor o peor Voluntad de quien se encuentre al frente de cada brigada o cada comisar¨ªa. La legislaci¨®n vigente permite que un detenido pueda renunciar a la asistencia de un abogado. Esto es una barbaridad, porque todos sabemos que el detenido puede ser coaccionado para que tome una decisi¨®n semejante.
Manuel Hern¨¢ndez muestra las estad¨ªsticas elaboradas por una comisi¨®n del colectivo de abogados j¨®venes:
-?C¨®mo se puede entender, si no, que haya comisar¨ªas en las que casi todos los detenidos renuncian a la asistencia de los abogados y haya otras comisar¨ªas en que no renuncia casi ninguno? Es m¨¢s: hay comisar¨ªas de las que luego no sale casi ninguna denuncia por malos tratos y otras en las que se producen muchas. Pero lo m¨¢s grave es que se detecta una sensaci¨®n de impunidad entre algunos' polic¨ªas, que parecen pensar que si aplican malos tratos no les va pasar nada nunca. La realidad es que tienen raz¨®n: no les pasa nada.
["Ves¨ªculas del tama?o de un garbanzo en las partes anterior y media del abdomen. Erosiones en las mu?ecas, brazos y piernas, dolor lumbar.. ." (del reconocimiento de un forense a un detenido que denunci¨® malos tratos)].
De los detenidos que dicen haber sufrido malos tratos, muy pocos los denuncian. Los abogados afirman que tienen miedo casi todos, pero que otros obtienen as¨ª su mejor defensa:
Los m¨¢s peligrosos y m¨¢s listos cantan todo en la declaraci¨®n a la polic¨ªa. Luego, ante el juez, se retractan de su anterior declaraci¨®n. Como la polic¨ªa s¨®lo lleva como prueba la declaraci¨®n del detenido y ¨¦sta tiene como ¨²nico valor el de denuncia, el delincuente listo y con experiencia puede salir libre. Porque, fijate, casi ninguna denuncia por malos tratos sirve, para nada, pero tampoco se abren diligencias por falsedad contra quien las hace. Eso demuestra que hay una gran desmoralizaci¨®n entre los jueces, que est¨¢n convencidos moralmente de que los malos tratos son una realidad.
El polic¨ªa confirma la impresi¨®n:
-En Nueva York, la polic¨ªa tard¨® cinco a?os en recuperar su nivel de eficacia cuando se comenz¨® a vigilar estrechamente la aplicaci¨®n de torturas. Aqu¨ª, muchos polic¨ªas piensan que si se elimina esa posibilidad se va a bajar mucho el rendimiento. Es un error, porque luego los jueces no tienen con qu¨¦ condenar a alguien que a lo mejor s¨ª es realmente culpable. Conseguir una declaraci¨®n completa, sin m¨¢s, no sirve para casi nada.
["Que recibi¨® golpes en espalda y pecho, y tirones de pelo; que durante horas le tuvieron suspendido en una mesa, por la cintura golpe¨¢ndole y al mismo tiempo le interrogaban. Que fue llevado a un campo en las proximidades de la calle de Isaac Peral esquina a Cristo Rey, donde tambi¨¦n fue objeto de malos tratos" (de la declaraci¨®n ante el juez de un detenido)].
A punta de pistola
Jos¨¦ Antonio P¨¦rez Andr¨¦s, abogado, recuerda c¨®mo a los propios letrados se les trata en algunas comisar¨ªas como si fueran delincuentes. Acaba de realizar una denuncia ante el Juzgado de Instrucci¨®n n¨²mero 12 por lo que considera un grave incidente cuando atend¨ªa a un detenido. Mientras se desarrollaba el incidente pudo ver c¨®mo, en una pared repleta de ¨®rdenes de busca de terroristas, acompa?adas por las fotograf¨ªas de ¨¦stos, estaban tambi¨¦n las fotograf¨ªas de dos compa?eros suyos, Luis Mar¨ªa Figueroa y Jos¨¦ Luis Gal¨¢n, sacadas de un recorte de una revista en la que se hab¨ªa publicado un reportaje sobre la asistencia al detenido.
En el libro de incidencias que llevan cuidadosamente los abogados que hacen turno de oficio, figuran hechos que los abogados califican de ejemplares: a Covadonga Osoro la echaron de la Comisar¨ªa de Cartagena, en Madrid, a punta de metralleta, cuando intentaba asistir a un detenido.
-Me dec¨ªan que si cog¨ªa a ese abogado iba a ser mi ruina; que era un comunista, un terrorista, que con ¨¦l estaba apa?ado.
M. es un panadero de edad madura que tiene miedo de que su nombre figure en los papeles. Estuvo detenido por una huelga del gremio en 1981 y no renunci¨® a su derecho a la asistencia al letrado, pero reconoce que le cost¨® tomar la decisi¨®n despu¨¦s de las coacciones a que le sometieron.
Manuel Hern¨¢ndez ense?a m¨¢s estad¨ªsticas:
-Son del mes de febrero de este a?o. Puedes ver que por cada cien detenidos, 46 renuncian a la asistencia. Casi todos piensan que si llega el abogado va a ser peor para ellos. Les asustan. En algunas comisar¨ªas se supera el 80% de renuncias. Esto es lo que favorece que haya malos tratos.
["Que recibi¨® golpes en la cara y otros lugares del cuerpo; que estando agachado en posici¨®n de sentado, le pusieron un palo de azad¨®n entre los brazos y las corvas, detr¨¢s de las rodillas, balance¨¢ndolo a uno y otro lado,y golpe¨¢ndolo seg¨²n iba y ven¨ªa" (de la declaraci¨®n de un detenido ante el juez)].
Carlos vuelve a su historia. En los calabozos de los juzgados de la plaza de Castilla pudo hablar con tranquilidad con algunos detenidos acusados de los m¨¢s diversos delitos:
-Me met¨ª a redentor. Intent¨¦ convencerles de que, si dec¨ªan que les hab¨ªan pegado, lo denunciaran al juez. Me miraban como si fuera un marciano, como si no me diera cuenta de d¨®nde estaba.
Uno de ellos se puso a contar con todo detalle c¨®mo le hab¨ªan hecho la moto. Le hab¨ªan puesto un casco de motorista y se hab¨ªan pasado, dec¨ªa, un mont¨®n de tiempo d¨¢ndole encima de la cabeza con una gu¨ªa telef¨®nica. Le dol¨ªa la cabeza todav¨ªa y dec¨ªa que le daban mareos. Yo me puse a convencerle hasta que me mand¨® al cuerno.
Me dijo que con lo que les hab¨ªa contado no le iba a caer nada y que m¨¢s val¨ªa no meterse en l¨ªos. Al final, acab¨¦ por callarme. Se creaba un ambiente muy raro. Todos contaban historias que me parec¨ªan horrorosas y las adornaban con constantes menciones a su propia virilidad, que "c¨®mo aguant¨¦", que "les met¨ª una trola", "a m¨ª esos no me achantan". Era un juqego raro, como un concurso a ver qui¨¦n hab¨ªa cobrado m¨¢s y qui¨¦n hab¨ªa estado m¨¢s chulo. Yo les hab¨ªa visto en comisar¨ªa y en los calabozos de la DGS y estoy seguro de que ninguno se hab¨ªa puesto chulo.
Detenidos y retenidos
Carmen fue detenida en la redada que la polic¨ªa llev¨® a cabo en el Rastro, junto con otros 525 ciudadanos. Estuvo m¨¢s de diez horas esperando a que la pusieran en libertad, sin que la dijeran si estaba detenida o no, pasando con un bocadillo las horas muertas, comi¨¦ndose el susto. No le llegaron a preguntar si quer¨ªa un abogado o no. La pusieron en libertad sin cargos. Carmen prepara una denuncia por detenci¨®n ilegal. El abogado toma nota y se expresa exaltado:
-De los 526 detenidos del Rastro s¨®lo se comunicaron al Colegio de Abogados 65 casos y, de ellos, solamente veintitr¨¦s pidieron la asistencia letrada. Se inventaron la figura del retenido, y eso es ?legal. En este pa¨ªs, seg¨²n la Constituci¨®n, o uno est¨¢ detenido por alg¨²n motivo o uno no puede estar contra su voluntad en una dependencia policial. Eso es un secuestro. Y luego lo de los 42 que renuncian al abogado, clama al cielo.
El mismo abogado tiene un cliente acusado de robo a mano armada en un comercio de Legan¨¦s. Para su defendido hubo tambi¨¦n lo que ¨¦l califica de truco policial amparado en una ley inadecuada:
-Le pillaron con tres m¨¢s y les acusaron de haber cometido el atraco. Como les encontraron escopetas, les aplicaron la ley como si se tratara de una banda armada. Al cabo de nueve d¨ªas de estar en la DGS les llevaron al juzgado y todos se hab¨ªan confesado culpables. Mi defendido aleg¨® que hab¨ªa declarado todo aquello porque le hab¨ªan pegado. Pero los otros no se atrevieron, as¨ª que el juez hizo un careo para ver qui¨¦n dec¨ªa la verdad. Durante el careo, los otros se echaron atr¨¢s en su declaraci¨®n. Pero el mal ya estaba hecho, as¨ª que lo tiene negro.
["Que le tuvieron varias horas colgado y golpe¨¢ndole en todo el cuerpo" (de la declaraci¨®n de un detenido ante el juez)].
Los abogados reaccionan con la misma ira cuando se menciona el tema de la reforma de la ley de Enjuiciamiento Criminal:
-A partir de que se apruebe, si es que se aprueba, todas estas pr¨¢cticas irregulares y anticonstitucionales quedar¨¢n consagradas. El tiempo que un detenido est¨¦ incomunicado, la consulta del abogado, estar¨¢n definidos exclusivamente por el criterio del polic¨ªa. Y la pr¨¢ctica no ha demostrado precisamente que sea un criterio muy respetuoso con los derechos que la Constituci¨®n reconoce a todos los ciudadanos.
Los abogados deciden encerrarse para protestar por el deterioro que sufre su actividad profesional y la ineficacia de las medidas adoptadas por el Colegio de Madrid.
Luis se toma las cosas con tranquilidad. Con la chaqueta de cuero colocada ahora sobre los hombros, se guasea un poco:
-A m¨ª me va a dar lo mismo. Las p¨®lizas de tr¨¢mite, y a casa.
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