Estados Unidos revisa sus valores

Seguramente no es una casualidad, que el asunto que m¨¢s ha interesado a los norteamericanos desde el debate sobre el acoso sexual del juez Clarence Thomas sea una pol¨¦mica sobre la serie de televisi¨®n Murphy Brown, cuya protagonista tuvo la pasada semana un hijo como madre soltera y desat¨® las iras del vicepresidente Dan Quayle, que acus¨® a los guionistas de hacer apolog¨ªa antifamillar. El debate sobre los valores de la sociedad norteamericana, o sobre los valores que guiar¨¢n a este pa¨ªs en el siglo XXI, apasiona a la opini¨®n p¨²blica de Estados Unidos.El caso de Murphy Brown pone sobre el tapete dos aspectos controvertidos: el papel de la fama y el derecho del Estado a dirigir la vida privada de los individuos. Los que critican a Quayle lo hacen tanto por su incomprensi¨®n con las mujeres que tienen que soportar solas el peso familiar como por su intromisi¨®n en la conducta individual de una persona adulta.
Pero lo m¨¢s curioso es que, pese a que el vicepresidente no es precisamente el hombre m¨¢s popular de este pa¨ªs, muchos grupos han tenido que darle la raz¨®n .y reconocer que la descomposici¨®n de la estructura familiar y la p¨¦rdida de viejos valores son causas fundamentales de algunos de los conflictos actuales en este pa¨ªs. Muchas de esas opiniones revelan al mismo tiempo una gran preocupaci¨®n por las secuelas de excesivo materialismo, individualismo e insolidaridad social que ha dejado la d¨¦cada desarrollista de los ochenta.
Varias circunstancias de los ¨²ltimos dos a?os han obligado a los norteamericanos a reflexionar sobre s¨ª mismos. La crisis econ¨®mica ha hecho pensar que el para¨ªso del bienestar no es permanente; la desaparici¨®n del comunismo ha borrado tambi¨¦n la referencia negativa que los norteamericanos tan tenido desde hace medio siglo. Y, m¨¢s recientemente, los sucesos de Los ?ngeles han reflejado los desequilibrios sociales de este pa¨ªs.
El mito del yuppy est¨¢ en declive. La obsesi¨®n por ganar dinero y ascender a la ¨¦lite social a cualquier precio, sin atenci¨®n a la familia ni a los valores espirituales es hoy abiertamente descalificada.
Superado el reaganismo, algunos sectores del pa¨ªs miran, no con nostalgia sino con curiosidad, hacia ciertos valores defendidos en los a?os sesenta y desprestigiados despu¨¦s: el feminismo, la solidaridad con las causas de las minor¨ªas, ganan adeptos. Pero, al mismo tiempo, aumentan los enemigos del aborto y crece el apoyo a la ense?anza religiosa ya la educaci¨®n de los ni?os en los valores tradicionales. Frente a la competencia absoluta y a la idea de un Gobierno limitado al extremo en su papel intervencionista, tres Estados del pa¨ªs est¨¢n experimentando hoy proyectos de un sistema sanitario p¨²blico, mientras que otros grupos presionan en favor de una mayor preocupaci¨®n estatal por los ni?os sin recursos.
En esencia, hay s¨ªntomas de que la sociedad norteamericana se humaniza. Nadie sabe bien todav¨ªa hac¨ªa d¨®nde conducir¨¢ todo este debate ni qu¨¦ consecuencias pol¨ªticas tendr¨¢, pero tras los s¨ªntomas de la crisis econ¨®mica, y, en plena reconsideraci¨®n de su papel de liderazgo internacional, Estados Unidos revisa tambi¨¦n sus principios.
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