La razon como ¨²nico argumento
Sin dictamen conforme del Parlamento Europeo no hay ampliaci¨®n. El Tratado de Maastricht es claro al respecto. Hoy ya no existe en el Parlamento Europeo la mayor¨ªa necesaria para aprobar la adhesi¨®n de Austria, Finlandia, Suecia y Noruega.Las reglas de voto impuestas al Parlamento por el tratado (voto afirmativo de la mayor¨ªa absoluta de los miembros que componen la Asamblea), el procedimiento de voto personal sin que quepa delegaci¨®n, la ausencia de disciplina de voto en los grupos pol¨ªticos salvo la que cada uno concede libremente, obligan a crear un consenso sin otro argumento que la raz¨®n.
Este consenso se hab¨ªa logrado en los principales grupos pol¨ªticos del Parlamento. Los socialistas nos alegr¨¢bamos de la entrada en la Comunidad de Estados vinculados al modelo de sociedad socialdem¨®crata descrito no hace mucho por Jacques Delors, aliando libertad, solidaridad y protecci¨®n social. De hecho, hab¨ªamos renunciado a la exigencia inicial de una reforma institucional en profundidad, condici¨®n previa a cualquier ampliaci¨®n. Se puede uno preguntar hoy si no era ¨¦sa la v¨ªa de la sabidur¨ªa. Pero consider¨¢bamos las obligaciones del calendario, la necesidad de convencer a las opiniones p¨²blicas de los nuevos socios que dese¨¢bamos profundamente ver incorporarse a la Uni¨®n Europea.
Ahora bien, ese consenso se ha desintegrado. ?Por qu¨¦ se ha deteriorado la situaci¨®n en unos meses? Porque los Estados miembros han renunciado a los compromisos contra¨ªdos en Maastricht y, en vez de organizar la consolidaci¨®n de nuestra Uni¨®n, se dejan llevar en una labor de desmantelamiento con anterioridad insinuada y hoy claramente afirmada por el secretario general del Foreign Office.
Desde el verano pasado venimos percibiendo demasiadas se?ales negativas: reticencia para hacer p¨²blicos los trabajos del Consejo o para otorgar al Defensor del Pueblo europeo los medios necesarios para desempe?ar sus funciones; bloqueo sobre el estatuto de las comisiones de investigaci¨®n; negativa a entablar la discusi¨®n sobre el control democr¨¢tico de la uni¨®n econ¨®mica y monetaria o de la cooperaci¨®n de las polic¨ªas europeas; amenaza de poner en tela de juicio el acervo comunitario en materia de medio ambiente en aras del principio de subsidiariedad.
Desde hace unas semanas, ya no se trata de bloqueo, sino de retroceso institucional. El mantenimiento de la minor¨ªa de bloqueo de 23 votos en el Consejo dificultar¨ªa a¨²n m¨¢s la ya dif¨ªcil toma de decisiones en el seno de la Uni¨®n Europea. Por su parte, el Gobierno brit¨¢nico ha indicado que ¨¦ste era su prop¨®sito: aprovechar la ampliaci¨®n para instalar una Europa m¨¢s conforme a sus deseos, alejando as¨ª el espectro del federalismo. El Parlamento no puede aceptar semejante desv¨ªo.
Esta disputa no es un asunto menor. Se trata de la concepci¨®n que tenemos de la Uni¨®n Europea. ?Seremos capaces, en las semanas o los meses venideros, de definir conjuntamente las condiciones de un querer vivir en com¨²n o, por lo menos, de esbozar una perspectiva positiva para nuestra Uni¨®n?.
Al abrir este debate, los Estados han tomado la responsabilidad de cambiar su naturaleza. En lo sucesivo, no ser¨¢ suficiente encontrar componendas para los unos y los otros, encontrar una f¨®rmula ambigua que permita a Hurd salvar las apariencias y a Kohl tranquilizar a los suyos. Existe una crisis de confianza, por lo menos entre el Parlamento y los Estados miembros. No bastar¨¢ con un remiendo para reconstituir una mayor¨ªa cualificada en las pr¨®ximas semanas.
Se equivocan aquellos que piensan poder evitar el obst¨¢culo parlamentario. Intentar una ratificaci¨®n sin aprobaci¨®n, violando as¨ª un tratado que acabamos de firmar, ser¨ªa un error jur¨ªdico y una falta pol¨ªtica. Conf¨ªo en que la Comisi¨®n, guardiana de los tratados, podr¨¢ evitar un gesto que degenerar¨ªa sin la menor duda en una crisis institucional de gran envergadura.
?C¨®mo restablecer la confianza? ?Adelantando la conferencia interinstitucional prevista para 1996 y poni¨¦ndolo todo sobre la mesa? Ser¨ªa, sin duda, comprometer una ampliaci¨®n que consideramos necesaria, porque el tiempo apremia para los pa¨ªses candidatos a la adhesi¨®n. En su defecto, hay que excluir como m¨ªnimo cualquier retroceso en el proceso de toma de decisi¨®n, y adem¨¢s hay que exigir un claro compromiso pol¨ªtico del Consejo sobre la necesaria reforma institucional.
En ausencia de este compromiso no habr¨¢ ampliaci¨®n, porque no estamos en condiciones de obtener la mayor¨ªa necesaria en el Parlamento. Lo digo con pesar, por haber intentado con obstinaci¨®n reunir, con mi grupo y en el seno de mi grupo, los votos necesarios para una ampliaci¨®n que me parece deseable. Pero lo digo con firmeza: ampliaci¨®n, s¨ª; a ese precio, no.
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