Garc¨ªa se desliz¨® hasta el desastre
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32 golpes dio Jos¨¦ Mar¨ªa Olaz¨¢bal en los segundos nueve hoyos, los que definen Augusta, los paisaj¨ªsticos, los mismos que Mark Calcavecchia: los dos mejores del d¨ªa en el tramo del amen corner y los grandes pares tres y cinco acu¨¢ticos. 40 golpes hizo Sergio Garc¨ªa: los nueve hoyos de su desgracia, la segunda vuelta que le ha conducido a uno de los momentos m¨¢s bajos de su carrera deportiva. La ronda que le ha dejado fuera de un grande por segunda vez en su vida (recuerden la primera, el desastre en el infierno de Carnoustie en el Brit¨¢nico del 99), los 40 golpes que le sumieron ayer, en una agradable tarde georgiana, en una introspecci¨®n cat¨¢rtica que apenas supo expresar con palabras el jovial joven de Castell¨®n que s¨®lo 24 horas antes miraba y se dirig¨ªa hacia la parte alta del marcador.
"As¨ª es...", empez¨®, tentativo. "Juegas como en tu vida y haces 76 golpes. Hay cosas que no van como deber¨ªan... Espero que alg¨²n d¨ªa me cambie la suerte, pero es que es dif¨ªcil encontrar lados positivos cuando nada te sale". Sergio Garc¨ªa empez¨® bien el d¨ªa, con un birdie en el f¨¢cil segundo hoyo, par 5. A partir de ah¨ª, tobog¨¢n: bogey en el cuarto y sucesi¨®n de pares para acabar los nueve primeros, pre¨¢mbulo de la tragedia; bogey en el 10? y en el 12?, crescendo dram¨¢tico. Despu¨¦s, por si fuera poco lo anterior, que, por lo menos le dejaba en un gris, pero positivo, par, ni fr¨ªo ni calor, tres cl¨ªmax tremendos: (de espectadores, Clarke Jones, su nuevo agente de la factor¨ªa IMG, mirada at¨®nita tras sus gafas de ciclista italiano; su padre y entrenador, V¨ªctor Garc¨ªa, que no entend¨ªa nada de lo que ve¨ªa; su madre, su hermana, sus amigos, su gente...) doble bogey en el 15?, su hoyo maldito, pero doble bogey duro de tragar: agua despu¨¦s de haberse pasado del green en dos: chip descontrolado, desesperado. Garc¨ªa se puso entonces en +2, el n¨²mero que no val¨ªa sino para hacer las maletas en viernes, para cambiar los billetes de vuelta. Pero, en el 17?, nuevo momento fuerte: excelente birdie despu¨¦s de un putt de cinco metros. No fue otra cosa, definitivamente, que una forma de dar m¨¢s intensidad a¨²n al 18?. Ya lo sab¨ªa Garc¨ªa: un par era seguir, un bogey, despedirse. Sali¨® bogey pero no sin presentarse tras otro gran golpe de teatro: Garc¨ªa jug¨® perfecto de driver y jug¨® perfecto de hierro en segundas: tan perfecto que la bola dio justamente en la base del palo de la bandera, tan imperfecto que la bola, rebotada, empez¨® a deslizarse, infrenable, por la pendiente hacia la calle de nuevo. Y aunque su putt fue grande, fue imperfecto: 10 cent¨ªmetros le valieron un bogey.
Y Sergio Garc¨ªa, despu¨¦s, dict¨® su propio epitafio: "Da lo mismo que juegues bien, mal o regular, la bola siempre acabar¨¢ en el peor sitio posible".
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