El pirata arrepentido
El c¨¦lebre 'hacker' Kevin Mitnick, que ahora dirige una empresa de seguridad, afirma que no existen sistemas invulnerables
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Kevin Mitnick lo define como "el juego del rat¨®n y el gato". Y a sus 37 a?os no ha dejado de jugar, aunque para ello haya tenido que cambiarse de bando. Fue considerado el hacker m¨¢s famoso del mundo, un tipo escurridizo que se sab¨ªa todos los trucos inform¨¢ticos y se camuflaba como nadie. Tantas ganas le ten¨ªan las autoridades estadounidenses que cuando dieron con ¨¦l le mandaron a la c¨¢rcel. Pas¨® casi cinco a?os en prisi¨®n y durante una temporada tuvo prohibido por orden judicial el acceso a cualquier ordenador o tel¨¦fono m¨®vil. Ahora dirige una empresa de seguridad inform¨¢tica, acaba de publicar un libro, The art of deception (El arte del enga?o) y oficia de respetable conferenciante.
Mitnick, que ayer estuvo en Santiago para participar en unas jornadas que organiza el foro tecnol¨®gico e-Gallaecia, se empe?a en desmentir su leyenda. "Yo nunca entr¨¦ en los ordenadores del FBI ni de la CIA. Eso fueron historias que se invent¨® un reportero de The New York Times", sostiene. "Luego, el Departamento de Justicia se obsesion¨® conmigo". Perfectamente trajeado, afable y dicharachero, Mitnick conserva un aire de genio rebelde de la inform¨¢tica, con su melena de cantante de los a?os 70 y sus gafas estilo Bill Gates.
Habla de su ¨¦poca de pirata inform¨¢tico como de sus "a?os de inmadurez" y deja claro que eso forma parte del pasado. "Pagu¨¦ mi precio por ello y sufr¨ª unas consecuencias muy duras", subraya. "En los a?os 80, hackear no era ilegal en Estados Unidos. Y la gente se dedicaba a eso por diversos motivos: por el desaf¨ªo, por la aventura, por probar sus habilidades, por obtener conocimientos y, en algunos casos, tambi¨¦n por espionaje industrial".
Ten¨ªa tras de s¨ª un verdadero club de fans, que presion¨® todo lo que pudo para que lo pusieran en libertad tras ser detenido en 1995. Estuvo cinco a?os en prisi¨®n, y se qued¨® sin posibilidades de ganarse la vida por la orden que le imped¨ªa tocar siquiera un teclado de ordenador. "Mi primer trabajo al salir de la c¨¢rcel fue de conductor de un programa de radio", se?ala. "Era una situaci¨®n absurda. Operaba en los ordenadores d¨¢ndole las instrucciones a otras personas".
Las autoridades acabaron haciendo caso de sus prop¨®sitos de enmienda y le concedieron el perd¨®n. Y Mitnick, como tantos otros hackers, se cambi¨® de bando: de rat¨®n pas¨® a ejercer de gato. Ahora dirige su propia firma de seguridad, Defensive Thinking, que asesora a empresas interesadas en blindar sus sistemas inform¨¢ticos. "No hay ning¨²n sistema completamente invulnerable", reconoce. "Lo m¨¢s que se puede hacer es dificultar el acceso y minimizar los peligros. Hay un momento en que atacar un sistema entra?a tanto riesgo y requerir¨ªa tal cantidad de tiempo que se convierte en disuasorio. Pero tambi¨¦n es verdad que esas condiciones pueden suponer un reto para los m¨¢s atrevidos".
Para Mitnick -que trabaja con Linux y defiende los sistemas operativos de c¨®digo abierto- , "el eslab¨®n m¨¢s d¨¦bil de un sistema siempre es el humano". De ah¨ª que ser hacker requiera cierto tipo de habilidades que van m¨¢s all¨¢ de la destreza inform¨¢tica. En Santiago de Compostela, el c¨¦lebre ex pirata record¨® una de sus actuaciones m¨¢s memorables. Como no pod¨ªa acceder al sistema de una empresa a trav¨¦s del m¨®dem, se disfraz¨® de empleado de un servicio de mensajer¨ªa. "Se quedaron extra?ados", relat¨®, "porque se asomaron a la puerta y no ve¨ªan mi cami¨®n, pero acab¨¦ convenci¨¦ndolos y cogieron el software que les entregu¨¦. Lo conectaron y con eso consegu¨ª abrir una puerta trasera para acceder al sistema". De lo que Mitnick extrajo una advertencia a los periodistas: "Si reciben un paquete m¨ªo, tengan cuidado".
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