La fortuna visita al Celta
Un gol en propia puerta hunde a Osasuna ante un rival renacido
La suerte, esa enemiga que durante toda la temporada ha engordado con las desgracias del Celta, que le torci¨® la cara cada vez que la necesit¨®, le devolvi¨® ayer una porci¨®n de lo arrebatado. Las desgracias fueron para Osasuna, y dejaron una sensaci¨®n in¨¦dita en Bala¨ªdos, que ya no esperaba nada relacionado con la fortuna. A este Celta reinventado que se asoma al ¨¢rea enemiga una vez cada media hora le apretaba la sensaci¨®n de saber que con defenderse no basta. Viene de tan abajo que el empate es agua entre las manos, pero su falta de gol se compens¨® con un regalo del azar, que quiso que Mu?oz encajara en su porter¨ªa un potent¨ªsimo despeje. Fue suficiente para un equipo que al fin ha echado el cerrojo a su porter¨ªa.
CELTA 1 - OSASUNA 0
Celta: Cavallero; Velasco, M¨¦ndez, Berizzo, Juanfran; Oubi?a (Luccin, m. 67), Giovanella (Jos¨¦ Ignacio, m. 83); ?ngel, Edu, Gustavo L¨®pez (Ilic, m. 61); y Milosevic.
Osasuna: Sanzol; Izquierdo, Cruchaga, Josetxo, Antonio L¨®pez; Valdo (Rivero, m. 78), Mu?oz, Pablo Garc¨ªa, Moha; Bakayoko (Alfredo, m. 53) y Webo (Morales, m. 61).
Goles: 1-0. M. 49. Mu?oz marca en propia puerta, al intentar despejar un bal¨®n en el ¨¢rea.
?rbitro: Mu?iz Fern¨¢ndez. Amonest¨® a Oubi?a, Giovanella e Ilic.
Unos 17.000 espectadores en el estadio de Bala¨ªdos.
Suma el Celta cuatro partidos sin encajar un gol, tantos como los que han pasado desde que de su vestuario se encargaron dos interinos de la casa. Construido desde atr¨¢s y sin pr¨¢cticas de riesgo, el gol de Mu?oz era justo lo que necesitaba. No alivi¨® el sopor de un partido plomizo, pero Bala¨ªdos no est¨¢ para alardes, y ha comprendido que si en alg¨²n momento puede reinar la doctrina de los resultados debe ser ahora, cuando su equipo va el pen¨²ltimo y se le agota la temporada. Por eso celebr¨® el resultado con pasi¨®n desbordada, y sell¨® la definitiva reconciliaci¨®n con sus jugadores.
El partido no ten¨ªa buena pinta. Osasuna es hoy un conjunto contraindicado para el Celta, porque le recuerda todo lo que un d¨ªa fue. En un campo convertido por los gallegos en una trinchera, Osasuna cos¨ªa con mezcla de velocidad y paciencia, lo que le daba al Celta un aire nost¨¢lgico, desmejorado en su papel de rival inc¨®modo frente al espejo de su pasado. En ese austero cuadro que forma el Celta, Edu es el ¨²nico brillante que engalana su atuendo. Liberado de lesiones y ostracismos, el brasile?o le pone a su equipo gotas de eso que llaman duende. Rodeado de compa?eros de escaso fuelle f¨ªsico, y en un dise?o en el que no se autorizan ayudas de los defensas, el Celta en ataque se llam¨® Edu. Estuvo en todas las batallas, y fue su obcecaci¨®n la que alumbr¨® el bal¨®n que Mu?oz incrust¨® en su porter¨ªa. Quedaba m¨¢s de media hora, pero s¨®lo sirvi¨® para certificar que la del Celta ya ha dejado de ser aquella defensa de sainete.
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