El arte de lady Foster
Psic¨®loga, investigadora, profesora, fen¨®meno televisivo en los noventa con 'Hablemos de sexo', Elena Ochoa contrajo matrimonio en 1996 con el arquitecto Norman Foster. Y rompi¨® con su vida anterior. Hoy edita e inspira algunos de los libros de arte m¨¢s bellos y caros del planeta.
Una ma?ana de 1997, mientras daba clase en el King's College, en Camberwell, un distrito deprimido del sur de Londres, lady Foster decidi¨® dar un giro a su vida. En realidad, el gran crack hab¨ªa ocurrido unos meses antes, el viernes 20 de septiembre de 1996, fecha en la que contrajo matrimonio con Norman Foster (Manchester, 1935): uno de los arquitectos m¨¢s importantes del planeta; autor de proyectos como la torre de comunicaciones de Barcelona, el metro de Bilbao, la sede del HSBC en Hong Kong, la c¨²pula del Parlamento en Berl¨ªn o el viaducto de Millau, en Francia. Un hombre hecho a s¨ª mismo, deportista, piloto de reactores y helic¨®pteros, ennoblecido por la reina y Tony Blair y con una fortuna que el diario The Guardian calculaba en 60 millones de euros. Todo un personaje.
"Pero ese d¨ªa yo estaba triste: Norman se hab¨ªa marchado a Hong Kong para ver las obras del aeropuerto de Chek Lap Kok y no hab¨ªa podido acompa?arle. Empezaba a darme cuenta de que mis clases en la universidad, mis investigaciones sobre el alzheimer, todo lo que hab¨ªa sido mi vida desde los 18 a?os era incompatible con su trabajo. Vivir con Norman supone estar hoy en China, y ma?ana en Estados Unidos, y pasado en Francia. No hay vacaciones. Al menos, no como las entiende la mayor¨ªa de la gente. Y me dio por pensar: ?qu¨¦ pintas aqu¨ª?, ?para eso te has casado?, ?para estar cada uno en una punta del mundo? ?Se acab¨®! Dej¨¦ de golpe 20 a?os de disciplina acad¨¦mica para estar a su lado. Y romp¨ª con el pasado".
-?Se lo pidi¨® Foster?
-Nunca. Nunca me dijo nada. Sali¨® totalmente de m¨ª.
Camberwell sigue siendo aquel barrio fr¨ªo e inh¨®spito en el que trabaj¨® durante un a?o. El taxi lo cruza en direcci¨®n al estudio del escultor Anish Kapoor, autor del ¨²ltimo libro editado por esta mujer que viaja en el asiento trasero: lady Elena Foster, nacida Elena Fern¨¢ndez Ferreiro L¨®pez de Ochoa (Orense, 1958), profesora de psicopatolog¨ªa en excedencia y antigua estrella de la televisi¨®n. Hubo un tiempo en que fue un aut¨¦ntico fen¨®meno medi¨¢tico en nuestro pa¨ªs. Aquella doctora Ochoa que explicaba la sexualidad a los espa?oles a comienzos de los noventa. Parece que han pasado siglos.
Camberwell es un lugar poco recomendable para hacer turismo, pero refresca la memoria de lady Foster. Viste de negro. Sin maquillaje ni joyas. S¨®lo un Chopard de pl¨¢stico rojo en la mu?eca a juego con sus botas de ante. "Dej¨¦ la universidad de un d¨ªa para otro. Fue como empezar de nuevo. Por primera vez en mi vida me dediqu¨¦ a no hacer nada. Era fant¨¢stico viajar con Norman por todo el mundo y tener tiempo para leer y conocer gente. Pero lleg¨® un momento en que me apetec¨ªa meterme en algo m¨¢s".
Lady Foster necesitaba un reto. Sin ellos est¨¢ perdida. Sin ese c¨®ctel de perseverancia, disciplina y ambici¨®n que estructura su biograf¨ªa. Ya lo confesaba en una entrevista realizada por Sol Alameda para el El Pa¨ªs Semanal en 1991: "Quiero ser una de las mejores en mi profesi¨®n". Ser la mejor. De lo que sea. Investigadora o ama de casa, psic¨®loga o editora. Elena Foster necesita metas. Genio y figura. M¨¢s a¨²n viviendo en un intenso micromundo, el estudio Foster and Partners, donde las luces nunca se apagan. 600 arquitectos de todas las nacionalidades trabajan por turnos 24 horas al d¨ªa. No es un reclamo publicitario.
Estaba lady Elena sumida en sus dudas hasta que un d¨ªa se las confi¨® a un personaje clave en la biograf¨ªa de Norman Foster: sir Robert Sainsbury (1906-2000), un acaudalado propietario de supermercados y gran impulsor del arte contempor¨¢neo en el Reino Unido. Una figura de novela. Ya en los a?os treinta, Sainsbury protegi¨® al m¨ªtico escultor Henry Moore, renovador de la escultura moderna; veinte a?os m¨¢s tarde hizo lo propio con la carrera de un pintor casi desconocido, Francis Bacon, que llegar¨ªa a ser un icono del arte contempor¨¢neo. En los c¨ªrculos patricios de la City se comentaba con sorna que el antiguo tendero Sainsbury, "adem¨¢s de vender bacon, compra ahora bacons".
Sainsbury construy¨® una enorme colecci¨®n de arte con obra de Picasso, Giacometti, Moore o Modigliani. A comienzos de los setenta contrat¨® a un joven arquitecto ingl¨¦s para que dise?ara un edificio que la albergara. Era Norman Foster. En 1977 nac¨ªa el Sainsbury Centre for Visual Arts, en Norwich, uno de los proyectos de acero y cristal ya cl¨¢sicos en su trayectoria. "Ese edificio fue un espaldarazo para Norman. Los Sainsbury le ayudaron mucho", describe Elena. Para la cr¨ªtica brit¨¢nica, "Sainsbury convirti¨® a Foster en un artista contempor¨¢neo y acrecent¨® su fama de arquitecto eficaz, de ser capaz de solucionar cualquier problema t¨¦cnico. Sainsbury le catapult¨® al mercado global. Su siguiente obra fue la sede del HSBC, en Hong Kong, que le coloc¨® en la primera divisi¨®n mundial de la arquitectura".
Lejos de la siempre dif¨ªcil relaci¨®n cliente-arquitecto, Bob Sainsbury y su mujer, lady Lisa, se convirtieron en unos segundos padres para Norman Foster. Una relaci¨®n que durar¨ªa hasta la muerte de Sainsbury. "Y cuando yo llegu¨¦ a Londres, hu¨¦rfana de padre y madre, Bob se port¨® tambi¨¦n conmigo como una figura paterna", recuerda Elena Foster. "Una noche, durante una cena, le dije que hab¨ªa dejado la universidad y que estaba un poco perdida. Quer¨ªa hacer algo, pero no sab¨ªa bien el qu¨¦. Y me contesto:
-Amas los libros y amas el arte. ?Por qu¨¦ no unes tus dos pasiones? Hazte editora. Puedes crear libros maravillosos y tener acceso a todos los grandes artistas.
-Pero no tengo ni idea del mundo de la edici¨®n. Soy una aficionada.
-Cuando yo empec¨¦ mi colecci¨®n, tampoco sab¨ªa nada de arte. Estudia. Viaja. Aprende. Tienes todo el tiempo del mundo.
-?Y c¨®mo sabr¨¦ lo que es bueno?
-Gu¨ªate por tus tripas".
Esa noche, lady Elena Foster decidi¨® hacerse editora de libros de artistas. En los meses siguientes, con esp¨ªritu universitario, visit¨® los talleres de los mejores artesanos de la edici¨®n. Se sumergi¨® en procesos ancestrales de fabricaci¨®n de papel en China, Jap¨®n, Francia, India. Contact¨® con peque?os impresores y encuadernadores. Familias en el oficio durante generaciones. Lady Foster no quer¨ªa hacer cualquier libro. Quer¨ªa hacer los mejores. As¨ª lo recuerda el padre del land art, Richard Long (Bristol, 1945), al que lady Foster public¨® en 2003 Walking and sleeping: "Elena me desafi¨®. Su ambici¨®n era que hici¨¦ramos el mejor libro de mi carrera. De mis sue?os. Como soy un optimista, acept¨¦. ?se ha sido tambi¨¦n su reto con otros artistas: hacer libros que profundicen en nuestro interior y sean imposibles de mejorar".
-?C¨®mo es trabajar con Elena Foster?
-Tiene las ideas claras y sabe c¨®mo hacer un libro. Y eso es b¨¢sico en un editor. No sabe mucho de arte, pero est¨¢ aprendiendo deprisa. Ella es, sobre todo, una psic¨®loga. Y con ella me ha salido el libro m¨¢s satisfactorio de mi vida. Tardamos m¨¢s de dos a?os. Nada es simple ni r¨¢pido con Elena. Le da muchas vueltas.
Un paso adelante en el mundo editorial. Con obra original. Como los dibujos hechos con los dedos y barro del r¨ªo Avon por Richard Long. O las heridas a l¨¢piz de Anish Kapoor. Hasta ah¨ª, nada nuevo. La novedad de Elena Foster es el concepto. Los soportes de sus libros pueden ser escultura, pintura, fotograf¨ªa, v¨ªdeo? Obras de arte que ocultan obras de arte. Libros que no son libros. Al menos, que no lo parecen. Tiradas m¨ªnimas. Menos de 50 ejemplares. Y precios elevados. Entre 40.000 y 80.000 euros. Un proyecto basado en la confianza entre el artista y su editora. En la qu¨ªmica. Sin contratos ni tiempo l¨ªmite. "Cada libro es como empezar una relaci¨®n amorosa en la que no sabes hasta d¨®nde vas a llegar. Tiene que haber afinidad psicol¨®gica. Si no existe esa confianza, simpat¨ªa, afinidad cultural, el proyecto no sale. Lo importante es crear algo nuevo. Que sea una representaci¨®n fiel del artista. Que perdure en el tiempo. Trabajamos sin prisas ni esquema previo. Siempre dispuestos a explorar nuevos m¨¦todos. Ellos tienen una idea y yo la materializo. Es un proceso de tensi¨®n muy fuerte. A veces cuaja y a veces no. Con un artista he estado seis a?os de conversaciones y no hemos llegado a nada. Aqu¨ª lo dif¨ªcil es sobrevivir a cada libro".
En 1997 nac¨ªa Ivory Press.Con dos personas en plantilla: una secretaria y una directora. Y sede social en una peque?a oficina perdida en el edificio acristalado que alberga el estudio de arquitectura Foster and Partners y el propio hogar de los Foster. Un despachito blanco y luminoso con un escritorio dise?ado por el arquitecto y monta?as de prototipos de libros. No hay sitio para m¨¢s.
Con Ivory Press, Elena Foster comenzaba un largo camino. De los que a ella le seducen. "Soy muy perseverante, y para llegar al final con ¨¦xito es fundamental no saltarse los tiempos. Soy impaciente, pero perseverante. Y en este negocio es b¨¢sico no tener prisa".
En alguna ocasi¨®n, Elena Foster ha resumido su particular filosof¨ªa de la existencia en esta frase: "La vida ha de andarse con pasito corto, mirada larga y dientes de lobo". Se r¨ªe. No lo niega. Le gustan los obst¨¢culos. M¨¢s a¨²n, superarlos. "Es como un examen final que apruebas tras pegarte una empollada: est¨¢s agotada, pero feliz". As¨ª ha sido su vida. Una carrera en busca del ¨¦xito. Internado con las monjas de A Coru?a (a ver si doblegaban a la d¨ªscola Elenita Fern¨¢ndez), brillante carrera de psicolog¨ªa (complement¨¢ndola con una intensa vida social), becas en las universidades de Chicago y UCLA (un chapuz¨®n de soledad), oposici¨®n a profesora titular de psicopatolog¨ªa, estudios sobre la esquizofrenia, publicaciones, radio, televisi¨®n (que odiaba y fue un b¨¢lsamo tras la prematura muerte de su madre), investigaci¨®n del alzheimer, Cambridge (junto a su primer marido, el escritor Luis Racionero). Foster. Londres. Ivory Press.
Esta Elena Foster no es aquella Elena Ochoa que conocimos en 1990. Han pasado 15 a?os. Pero visionando en la Redacci¨®n de Informativos de Televisi¨®n Espa?ola algunos de sus viejos programas de Hablemos de sexo, al periodista lo que realmente le sorprende no es cu¨¢nto ha cambiado ella, sino cu¨¢nto han cambiado los espa?oles. Ella, en apariencia, es la misma: bella sin alardes y dotada de un discurso doctoral adornado con profusi¨®n de citas. Lo peor de Hablemos de sexo no era Elena Ochoa; lo peor eran esas caricaturas de (se supone) t¨ªpicos ciudadanos espa?oles de 1990 (el gallego, el facha, el gracioso, el cheli, la puritana) lanzando sobre la doctora Ochoa sus celtib¨¦ricas dudas sobre la sexualidad. Espec¨ªmenes perdidos en la noche de los tiempos.
Ella ha cambiado para mejor. La Elena Foster que recibe en la puerta de su hogar, en Hester Road, en la cima de un edificio de cristal y acero en ca¨ªda libre sobre el T¨¢mesis, bajo la mirada de un Lenin firmado por Warhol, es m¨¢s c¨¢lida, humana, relajada de lo que fue aquella Elena Ochoa. Conserva la cabellera rojiza. Viste de negro, Prada style y afilados tacones de Blahnik. No se separa de sus coloristas gafas de leer, que encarga y pierde continuamente. Tiene una sonrisa menos mec¨¢nica que la que la condujo al estrellato. Ya no parece alterarla la premura del ¨¦xito: ella es sin¨®nimo de ¨¦xito. En la upper class global se la considera ¨²nica. Una latina inteligente y generosa. Culta. Presidenta del International Council de la Tate Modern, el museo de arte contempor¨¢neo m¨¢s importante del Reino Unido. Part¨ªcipe del ¨¦xito actual del arquitecto Norman Foster. "Son un buen equipo", define Pedro Girao, vicepresidente de la casa de subastas Christie's. "Es un hurac¨¢n de ideas, y ¨¦l la respeta". ?Qu¨¦ opina Foster de Ivory Press? Ella contesta:
-Norman no tiene nada que ver con Ivory. No se mete en nada.
-?En nada?
-Bueno, hablamos de su trabajo y del m¨ªo, como cualquier matrimonio. Y ¨¦l me consulta y yo a ¨¦l. ?l tiene la curiosidad, el gusto por lo nuevo, por descubrir cosas, de un chico de 20 a?os. Y tiene hijos de 40.
-Usted lleva por matrimonio el apellido Foster. ?No le preocupa que, si se da un batacazo, eso afecte a la imagen de su marido?
-El apellido Foster es un peso, pero no m¨¢s que mi apellido de soltera. Siempre me preocup¨® que mis padres estuviesen satisfechos de mi trabajo, de no deteriorar el nombre de mi familia. Con el apellido Foster es lo mismo. No me quita el sue?o.
-?C¨®mo se conocieron?
-En una cena que daba el arquitecto Miguel Oriol en su castillo de Toledo, en octubre de 1994. Estuve a punto de no ir. Insistieron. Cuando llegu¨¦, deb¨ªa de haber 200 invitados; los hombres, vestidos de oscuro. Todos menos uno, que llevaba un traje de pana beis. Nos sentaron juntos. Era Norman.
El flechazo fue instant¨¢neo. Dos bichos raros. Ambiciosos, perfeccionistas, sofisticados y solitarios. Seguros-inseguros. Convencidos de que uno vale lo que vale su ¨²ltimo trabajo. Dos outsiders. El ni?o pobre de Manchester que se pag¨® la carrera trabajando como portero de discoteca y la gallega de familia conservadora que rompi¨® moldes hablando de sexo por televisi¨®n. Hoy tienen dos hijos, Paola, de seis a?os, y Eduardo, de tres. Sus juegos y llantos se escuchan desde la oficina de su madre. El ni?o lleva el nombre de su tatarabuelo, el general L¨®pez de Ochoa, otro outsider: mas¨®n y republicano, fue, sin embargo, el encargado de reprimir la Revoluci¨®n de Asturias, en 1934. Cay¨® asesinado en Madrid en los primeros d¨ªas de la Guerra Civil. Nieta y bisnieta de generales, Elena Foster saca a relucir de vez en cuando el ramalazo castrense de la familia. "Es dif¨ªcil tener a gente tan dispersa como los artistas concentrada. ?se es mi trabajo, perseguir, fustigar, agitar sin llegar a ser pesada". Puede ser un sargento. Lo confirman sus editados.
Pero esta noche no hay tormenta.
Esta noche es su noche. Saxo en directo, proyecciones en pantalla gigante, sushi japon¨¦s, peque?as brochetas mediterr¨¢neas y brit¨¢nicos fish and chips puestos al d¨ªa. Inmaculado confort de alta tecnolog¨ªa. Universo fosteriano. Muchos libros. Pocos muebles. En el inmenso sal¨®n de Hester Road -decorado por un impresionante mural de 60 metros cuadrados de Richard Long, titulado Waterfall lines, y con la cicl¨®pea sede de la aseguradora Swiss Re, el rascacielos bautizado por los londinenses el pepinillo, obra de lord Foster, recort¨¢ndose en el horizonte-, lady Foster tiene una palabra, una sonrisa para cada invitado. Sin empalagos. Ya sea el dise?ador Terence Conram, el modista Tom Ford (ex Gucci), el playboy Tim Jeffries (ex Claudia Schiffer), el director de la Tate Modern, Vicente Todol¨ª, o las riqu¨ªsimas Miller sisters, Alexandra y Marie-Chantal, esta ¨²ltima casada con el pr¨ªncipe Pablo de Grecia.
M¨¢s all¨¢ del burbujeo social, la mansi¨®n de los Foster -que Kosme de Bara?ano, ex director del Instituto Valenciano de Arte Moderno, define, mientras paladea su gin-tonic, como "el mejor sal¨®n de Europa"- es una c¨¢tedra de arte contempor¨¢neo en vivo. Esta noche, el periodista se cruza con Mary Moore, hija y albacea del escultor Henry Moore; y a continuaci¨®n con el pupilo favorito de ¨¦ste, el escultor Anthony Caro, pieza clave en la evoluci¨®n de la escultura del siglo XX; y unos metros m¨¢s all¨¢ con Richard Long, disc¨ªpulo a su vez de ¨¦ste (aunque reniegue) en la Saint Martin School of Art y, a su vez, un revolucionario del concepto actual de arte. Son apenas una muestra: artistas, galeristas, cr¨ªticos, mecenas y millonarios han acudido esta noche a la llamada de lady Foster.
Presentaci¨®n del ¨²ltimo libro de Ivory Press. Dos a?os de trabajo m¨¢s tres de conversaciones. "Un largo viaje". Se titula Open secret y es obra de sir Anthony Caro (Surrey, 1924). Una escultura repleta de sombras y contrastes que esconde textos aut¨®grafos del propio Caro sobre Shakespeare y poemas del escritor y ensayista Hans Magnus Enzensberger. Papel japon¨¦s hecho a mano; 80 kilos de peso; 31 ejemplares en acero, bronce, lat¨®n y papel. En un par de a?os se puede convertir en edificio. "Un d¨ªa est¨¢bamos trabajando con el prototipo y llegaron Frank Gehry [el arquitecto autor del Museo Guggenheim de Bilbao] y Norman. Mi marido lo vio y dijo: 'Esto es un edificio'. Gehry recalc¨® que si nos decid¨ªamos a hacerlo, ¨¦l nos apoyar¨ªa a tope. Le estamos dando vueltas".
A la ma?ana siguiente, lady Foster nos acompa?a a los estudios de dos de sus editados: los escultores Anthony Caro y Anish Kapoor. Londres de norte a sur. El libro de este ¨²ltimo, titulado Wound (Herida), se lanzar¨¢ en la pr¨®xima primavera tras sucesivos cambios y retrasos. Con ¨¦l se cerrar¨¢ el primer cuarteto de libros de Ivory Press: Eduardo Chillida (Reflections), Richard Long (Walking and sleeping), Anthony Caro (Open secret) y Anish Kapoor (Wound). En la rec¨¢mara, nombres como el del escultor Richard Serra y el pintor Gerhard Richter. "Me tengo que enamorar de la obra de un artista; si no, esto no funciona". Y en un par de a?os, el lanzamiento de obra original, dibujos preparatorios para cuadros y anotaciones, de Francis Bacon (1909-1992), un libro que ir¨¢ encuadernado en una reproducci¨®n de su vieja maleta de cuero. El t¨ªtulo, Detritus.
Ninguno de estos artistas era un desconocido para lady Elena. Con Chillida y su mujer, Pilar Belzunce, manten¨ªa una vieja relaci¨®n de amistad. A Bacon, el ¨²nico con el que nunca habl¨®, le hab¨ªa observado a menudo apurando sus ¨²ltimos tragos en el Cock, una vieja cocteler¨ªa madrile?a. El resto son amigos de la familia: Caro conoce a Foster hace 40 a?os, cuando ambos eran vecinos en Hampstead, al norte de Londres. M¨¢s recientemente colaboraron en la construcci¨®n de la pasarela del Milenio, el primer puente erigido sobre el T¨¢mesis en dos siglos. Richard Long es compa?ero de caminatas inici¨¢ticas de Foster desde hace 20 a?os. Y Anish Kapoor le ayud¨® en el concurso para edificar sobre el terreno de las Torres Gemelas de Nueva York (que al final no gan¨® Foster and Partners). Resumiendo: era trabajar entre amigos. "He tirado de valores muy seguros, pero es que los primeros libros ten¨ªan que ser de primera fila. Es una inversi¨®n enorme para jugar con gente desconocida".
-?La idea es ganar dinero?
-No, la idea es cubrir gastos y salir adelante. Mi l¨ªmite es sobrevivir. Esto es una locura, pero con cierta cordura. Lo m¨¢s dif¨ªcil fue empezar. ?Qui¨¦n estaba dispuesto a dar 20.000 euros por un libro editado por una tal Elena Foster?
-?Qui¨¦n estaba dispuesto?
-El primer chillida lo compr¨® un coleccionista franc¨¦s. El libro vale hoy tres veces m¨¢s. Y el coleccionista ha seguido comprando nuestras obras. Chillida fue nuestra escuela. Ver de qu¨¦ ¨¦ramos capaces.
Fueron cuatro a?os largos de trabajo. Embarazo de su hija Paola incluido. Muchas horas en el estudio de Eduardo Chillida, en el caser¨ªo de Zabalga (Guip¨²zcoa), buscando obra original. El descubrimiento de un cuaderno in¨¦dito del escultor repleto de notas y bocetos que tambi¨¦n se incluir¨ªa en el libro. Y el ¨²ltimo esbozo de un Chillida gravemente enfermo. Se hicieron 60 prototipos. A los cinco d¨ªas de terminar el trabajo, en agosto de 2002, fallec¨ªa Chillida. Su libro, Reflections, una escultura de granito pre?ada de obra original, casi un testamento, se presentaba en Londres en octubre de 2003. Era tambi¨¦n el lanzamiento de Ivory Press.
El taxi se detiene en un h¨²medo callej¨®n de Candem Town. El estudio de Anthony Caro tiene algo de dickensiano. Adoqu¨ªn rojo, enormes piezas de hierro oxidado, poleas, sopletes. Vapores de metal fundido. Las maquetas de 60 a?os de carrera. Delante de t¨¦ y pastas, sir Anthony, quiz¨¢ el mayor escultor vivo del planeta, habla de cinco a?os de trabajo junto a Elena Foster; de su placer compartido por investigar, por llegar m¨¢s lejos, por romper barreras. "Open secret es una obra de los dos; sin ella, ni hubiera sido posible, ni tendr¨ªa sentido. Ella anima a explorar".
-?Qu¨¦ es Open secret? ?Un libro, una escultura?
-Es un paso adelante. En los viejos tiempos, la escultura era un general a caballo sobre un pedestal. Hoy es otra cosa.
El viejo Caro, de 80 a?os y con una retrospectiva a punto de inaugurarse en la Tate Modern londinense, se despide con calor de su editora. Los 31 ejemplares de Open secret ya est¨¢n vendidos. Elena Foster vende sus libros sobre maqueta. En primicia. Como los buenos vinos de Burdeos.
Nuestra siguiente parada es Camberwell, el taller del escultor Anish Kapoor (Bombay, 1955).
Si el estudio de Caro remite a la revoluci¨®n industrial, el de Kapoor es ciencia- ficci¨®n. Operarios con mono blanco y respiradores; espacios blancos y desnudos, y enigm¨¢ticas e inquietantes esculturas. Kapoor, con obra en los principales museos de arte contempor¨¢neo del mundo, muestra (cosa rara en ¨¦l) los prototipos de algunas de sus creaciones m¨¢s emblem¨¢ticas: Cloud Gate, una pieza de 110 toneladas instalada en un parque de Chicago; Marsyas, de 15 metros de alto y 25 de largo, expuesta en la Tate Modern de Londres, o el inmenso proyecto para la futura estaci¨®n de metro Cumana, en N¨¢poles. Kapoor, pantal¨®n de trabajo y deportivas New Balance cubiertas de pintura, es discreto y afable. No parece un artista. M¨¢s bien un contable. "Soy un tipo terriblemente normal, lo menos bohemio que se pueda echar a la cara".
Hablamos de Ivory Press. "El tiempo no cuenta cuando un libro es para la eternidad", bromea refiri¨¦ndose a Wound, el fruto de su larga colaboraci¨®n con Elena Foster. Un libro sin palabras, envuelto en seda blanca manchada por una herida roja. Dentro, una monta?a de 261 hojas taladradas con l¨¢ser en forma de profunda herida. "He trabajado con Elena porque es grande. No hay m¨¢s explicaci¨®n. Confiaba en ella. Nos comprometimos. Sab¨ªa que no iba a fallar. Yo quer¨ªa hacer algo especial. La idea de la herida estaba ah¨ª, s¨®lo hac¨ªa falta desarrollarla. Pero mi experiencia con la edici¨®n tradicional de libros era horrible. Siempre fallan. Yo buscaba el detalle, la perfecci¨®n, soy muy pesado. M¨¢s pesado que Elena. Lo m¨ªo es enfermedad. Me gusta la precisi¨®n: repetir una vez, y otra, y otra m¨¢s. He hecho 25 libros con Ivory y todos son m¨ªos. Cada uno es diferente. Es un libro que no es un libro, pero que transmite plenamente mis sentimientos".
Al salir del estudio y montarse de nuevo en el taxi, lady Foster confiesa que es la primera vez que escucha a sus artistas juzgar en voz alta el trabajo que han hecho a su lado. Impresiones positivas. Est¨¢ feliz. Aunque apenas lo trasluzca. Es demasiado educada. Pero, en su interior, es la confirmaci¨®n de que su sue?o, Ivory Press, va por buen camino.
Y uno piensa que le queda cuerda para rato a esta mujer a la que Norman Foster, en la ceremonia de entrega del Premio Pritzker, algo as¨ª como el Nobel de la arquitectura, en Berl¨ªn, en 1999, defini¨® as¨ª en p¨²blico: "A tu lado, Elena, la palabra Renacimiento tiene para m¨ª un nuevo y m¨¢s profundo significado".
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