Cantar y torturar
La tertulia televisiva de Channel n? 4 (Cuatro) coment¨® el estreno del concurso ?Cantas o qu¨¦? (Antena 3). Al enterarse de que uno de los concursantes era el levantador de piedras I?aki Perurena, Pablo Motos se pregunt¨®: "?No hab¨ªamos quedado que en Espa?a estaba prohibida la tortura?". Motos es un experto en anomal¨ªas musicales: se dedica a encontrar mensajes ocultos en canciones extranjeras. ?Cantas o qu¨¦? aplica a la canci¨®n lo que ?Mira qui¨¦n baila! (TVE) al baile: famosos encontrando vocaciones ocultas dentro de s¨ª mismos y premios ben¨¦ficos. Presenta el invento Paula V¨¢zquez y re¨²ne una mezcla de actores, toreros, misses y modelos. Para juzgar la temeridad de los aspirantes, hay un jurado ben¨¦volo compuesto por profesores competentes y alg¨²n diletante ex¨®tico. La suma es un ejemplo de entretenimiento blanco y un homenaje al karaoke que lleva al espectador a preguntarse qu¨¦ es m¨¢s cruel: ?ver a alguien bailar mal o temblar ante la inminencia de una nota desafinada?
La respuesta es que los bailarines de MQB tienen la suerte de estar acompa?ados por sus parejas de baile. Los cantantes de COQ, en cambio, est¨¢n solos ante el peligro, y eso aumenta el padecimiento de quienes ponemos a prueba los l¨ªmites de nuestra verg¨¹enza ajena, aunque refuerza el valor de sus aciertos. Que sea un calco m¨¢s pobre de un programa tan reciente como MQB es un arma de doble filo (Deltell hace de Mariano, Perurena de Romay). Quiz¨¢ atraiga a la audiencia que tuvieron los bailarines pero induce a una comparaci¨®n que no le favorece. Y, como ocurre en esas salas de karaoke en las temibles fiestas con compa?eros de trabajo, vi¨¦ndoles agarrados al micr¨®fono, dinamitando su sentido del rid¨ªculo, experimentas sensaciones diversas (compasi¨®n por el esfuerzo est¨¦ril o estupefacci¨®n ante la prodigiosa capacidad para desafinar) que, a falta de nada m¨¢s fuerte, ahogas en alcohol. Por cierto: I?aki Perurena cant¨® en euskera, un hecho excepcional en una cadena estatal de un pa¨ªs en el que, hasta que no se demuestre lo contrario, la tortura est¨¢ prohibida.
Tu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo
?Quieres a?adir otro usuario a tu suscripci¨®n?
Si contin¨²as leyendo en este dispositivo, no se podr¨¢ leer en el otro.
FlechaTu suscripci¨®n se est¨¢ usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PA?S desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripci¨®n a la modalidad Premium, as¨ª podr¨¢s a?adir otro usuario. Cada uno acceder¨¢ con su propia cuenta de email, lo que os permitir¨¢ personalizar vuestra experiencia en EL PA?S.
?Tienes una suscripci¨®n de empresa? Accede aqu¨ª para contratar m¨¢s cuentas.
En el caso de no saber qui¨¦n est¨¢ usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contrase?a aqu¨ª.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrar¨¢ en tu dispositivo y en el de la otra persona que est¨¢ usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aqu¨ª los t¨¦rminos y condiciones de la suscripci¨®n digital.